Anne-Marie Ambert Ph.D. (Cornell) es Directora del Departamento de Sociología de la Universidad de Yok
(Toronto, Canadá
y su investigación se centra fundamentalmente en los
estudios sobre la familia. Ha escrito, entre otros, los siguientes
libros:
· «Changing Families: Relationships in Context»,
· «The Effect of Children On Parents»,
· «The Web of Poverty: Psychosocial Perspectives»,
· «Parents,Children and Adolescents: Interactive Relationships and Development in Context»,
· «Ex-Spouses and New Spouses. A Study of Relationships»,
· «Perspectives on Social Problems», «Divorce in Canada»,
· «Sex Structure»,
· «The Forgotten Ones: A Sociological Study of Anglo and Chicano Retardates»,
· «Parents and Adolescents in Changing Families» (with David H. Demo),
· «Sociological Studies of Children».
En el estudio que ahora publicamos observa que algunas personas escogen
la cohabitación porque no requiere fidelidad sexual y muestra que la
cohabitación previa al matrimonio provoca luego índices de divorcio más
altos: p.e. en Canadá, entre las mujeres entre 20 y 30 años, se produjo
un 63% de separaciones (con cohabitación prematrimonial), frente al 33%
(matrimonio).
Entre las causas, la Dra. Ambert indica que la experiencia de una
cohabitación de menor compromiso respecto a la fidelidad mutua,
conforma el comportamiento marital posterior. Y está comprobado que la
falta de fidelidad conyugal lleva a índices más altos de rupturas
matrimoniales. Reproducido de Aceprensa (nº 120/05, 26-X-2005).]
Según el estudio «Cohabitation and Marriage: How Are They Related?», publicado por el Instituto Vanier de la Familia
(Ottawa), la cohabitación tiene, a pesar de su extensión, altos costes
sociales y emocionales. La agencia Zenit (15 octubre 2005) se hace eco
de este informe.
La autora del estudio, Anee-Marie Ambert, reúne los resultados de
cientos de investigaciones sobre los efectos sociales, emocionales y
financieros de la cohabitación y el matrimonio. En Canadá y Estados
Unidos, el número de parejas de hecho ha aumentado notablemente. En
2000, cohabitaban más de 4,1 millones de parejas heterosexuales en
Estados Unidos (8,2% de las parejas) y 1,3 millones en Canadá (16%). En
Quebec el nivel ha alcanzado el 30%, la misma proporción que en Suecia.
El estudio muestra que la cohabitación previa al matrimonio provoca
luego índices de divorcio más altos. Según la Encuesta Social General
Canadiense, en el grupo de edad de entre 20 y 30 años, el 63% de las
mujeres cuya primera relación había sido de cohabitación se había
separado en 1995, en comparación con el 33% de las mujeres que se
casaron en su primera relación.
Entre las causas, Ambert observa que algunas personas escogen la
cohabitación porque no requiere fidelidad sexual. Los datos indican que
la experiencia de una cohabitación de menor compromiso conforma el
comportamiento marital posterior. Así, «algunas parejas siguen viviendo
su matrimonio a través de la perspectiva de inseguridad, separación de
ingresos, bajo nivel de compromiso e incluso falta de fidelidad». Y
está comprobado que la falta de fidelidad lleva a índices más altos de
rupturas matrimoniales.
Algunos estudios muestran que las parejas que han cohabitado tienen un
comportamiento menos positivo a la hora de resolver problemas y, por lo
general, se apoyan menos el uno al otro. Las parejas que habían
cohabitado antes del matrimonio tienen índices más altos de violencia
doméstica, otro factor relacionado con el divorcio.
Por lo general, quienes cohabitan aprueban más el divorcio como
solución a los problemas matrimoniales. Además, las parejas que
cohabitan son menos religiosas que quienes se casan sin haber
convivido. En este punto hay varios estudios que indican una
correlación entre religiosidad y felicidad matrimonial así como
estabilidad.
Otra característica de la cohabitación es su naturaleza inestable. Más
de la mitad de las uniones de hecho se disuelven en los primeros cinco
años. En Quebec, el nivel de disolución de las relaciones de hecho es
más bajo que en otras provincias, pero aún así tienen un índice de
rupturas significativamente más alto que los matrimonios. La tendencia
apunta hacia una mayor inestabilidad. En los 70, cerca del 60% de las
parejas que vivían juntas se casaban con su pareja antes de tres años.
Pero a principios de los 90 esta cifra bajó al 35%.
No son sólo las parejas quienes sufren. En 2001, el 8,2% de los niños
canadienses de menos de 14 años vivían en hogares de parejas de hecho,
excluyendo a Quebec donde la cifra alcanzaba el 29%. En Estados Unidos
se estima que un 40% de los niños vivirán con su madre soltera (nunca
casada o divorciada) y su novio en algún momento antes de cumplir los
16 años.
Ambert comenta que a pesar de la creciente aceptación social de la
cohabitación, hay poca información directa sobre los efectos en los
niños. Para los hijos, la cohabitación significa un mayor riesgo de
vivir en una estructura familiar inestable, especialmente cuando su
madre cohabita con un hombre que no es el padre del niño. Algunas
familias incluso hacen frente a una situación de «puerta giratoria»,
con una serie de parejas a lo largo de los años. Estos niños tienen
resultados escolares inferiores y más problemas de comportamiento.
En cuanto a la situación económica familiar, cuando una madre soltera
comienza a cohabitar, la pobreza puede reducirse un 30%. Aunque esto
beneficia económicamente a los hijos a corto plazo, la otra cara es que
la pareja de una relación de hecho normalmente gana menos que un hombre
casado. El respiro financiero no dura mucho debido a la fragilidad de
estas uniones.
Otros problemas afectan a la capacidad de la madre para dar una
atención adecuada a sus hijos, ya que su pareja no suele estar
vinculado a los niños.
Los abusos físicos son también más frecuentes; los niños corren más
riesgos de ser maltratados por el novio de su madre que en las familias
biológicas. Las chicas, por su parte, corren más riesgo de abusos
sexuales. «Compromiso y estabilidad están en la base de las necesidades
de los hijos; no obstante, en una gran parte de las parejas que
cohabitan estos dos requisitos están ausentes», observa Ambert.
Mucha gente sostiene que el matrimonio simplemente es una cuestión de
elección de forma de vida y que es equivalente a la cohabitación. «En
estos momentos la investigación no apoya este punto de vista». Al
contrario, muestra que el matrimonio tiene muchos beneficios tanto para
los esposos como para los hijos. Una conclusión que los legisladores
deberían tomar en consideración.
Fuente: Arguments.es
Tags: cohabitación, ruina, prematrimonial