En aquel tiempo volvió Jesús con sus discípulos a
casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban
ni comer. Se enteraron sus parientes y fueron a
hacerse cargo de él, pues decían: Está fuera de sí.
Reflexión
A primera vista parece que este Evangelio habla mal de
Cristo en vez de hablar bien. Pero si leemos entre
líneas encontraremos que no es así. Cristo se consagró al
Padre para cumplir una misión dada, concreta e importantísima, que
era precisamente la salvación de todos los hombres. Y Cristo,
sabiendo la responsabilidad que tenía y teniendo un amor infinito
hacia el Padre, no dudaba en sacrificar nada para cumplir
su misión, por amor al Padre y a los hombres.
Si tenía que predicar todo el día, lo hacía, aunque
esto implicara quedarse sin comer, aunque no durmiera, aunque apenas
tuviera tiempo para descansar. Hasta cierto punto, es normal que
sus parientes, al verle, dijeran “está fuera de sí.” Y
claro, una persona apasionada por llevar el Evangelio a todas
las gentes no puede hacer otra cosa que aparecer como
un loco delante de los hombres. Pero delante de Dios,
es un héroe, pues su principal motivación es el amor.
Contemplemos el ejemplo de Cristo e imitémosle en esa locura
por hacer el bien a los que nos rodean, por
amor a Cristo y su Reino.