S?bado, 31 de enero de 2009
El día 31 de Enero celebramos la fiesta de San Juan Bosco,
patrono de los editores, fundador de la gran familia salesiana: 
Padre y Maestro de la juventud

   Giovanni Bosco, nació en 1815, junto a Castelnuovo, cerca de Chieri, en la provincia de Turín, en el norte de Italia. Era el menor de los hijos de un campesino piemontés. Su padre murió cuando tenía apenas dos años y medio. La madre Margarita, muy pobre, pero santa y laboriosa mujer, debió luchar mucho para sacar adelante a sus hijos.  

   
Don Bosco tuvo una niñez muy dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes. Murió el 31 de enero de 1888, después de una larga vida de intenso trabajo y dedicación a los más pobres y abandonados. Su cuerpo permanece incorrupto en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.  
  
   Los grandes amores de Don Bosco fueron la Eucaristía, la Virgen María, la Iglesia, la juventud. Por su gran devoción a María Auxiliadora conseguía de ella innumerables milagros. Sus últimas recomendaciones fueron: 
 
  "Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora
    y veréis lo que son milagros. Ayudad mucho a los niños pobres, a los
    enfermos, a los ancianos, a la gente más necesitada
."


   El Papa Pío XI dijo de S. Juan Bosco: "En su vida lo sobrenatural se hizo casi natural y lo extraordinario, ordinario." 

   Fué el fundador de los Salesianos, comunidad religiosa con rama masculina y femenina, dedicados a la educación de los jóvenes, en especial los pobres. Les enseñaba la vida cristiana y diversos oficios.

     Atrajo y sigue atrayendo a multitudes de jóvenes a Cristo. Escribió algunos opúsculos en defensa de la religión.  Construyó varias iglesias, entre ellas la Basílica de San Juan Evangelista, la Basílica de María Auxiliadora, y la Iglesia del Sagrado Corazón en Roma, donde celebró su última misa.


  
SUEÑOS PROFÉTICOS 

  Don Bosco es famoso por sus sueños proféticos. Se conocen 159.  
 
A los nueve años de edad, tuvo un sueño que no olvidó nunca, y que le reveló su vocación.  En los speríodos críticos de su vida, una visión del cielo le indicó siempre el camino que debía seguir:  

   "Se vió rodeado de una multitud de chiquillos que se peleaban entre sí, y blasfemaban. El trató de hacer la paz, primero con exhortaciones y después con los puños. Pero Nuestro Señor le dijo: "¡No, no!; tienes que ganártelos con la mansedumbre y el amor."  

 Le indicó que su maestra sería la Stma. Virgen, quien al instante apareció y le dijo: "Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas".

   Cuando la Señora pronunció estas palabras los niños se convirtieron en bestias feroces, pero luego en ovejas. Desde aquel momento Giovanni comprendió que su vocación era ayudar a los niños pobres, y empezó a enseñar el catecismo entre los chicos de su pueblo. 
 

    LAS DOS COLUMNAS

    Sus grandes amores son Jesús Sacramentado, María Auxiliadora, y la Iglesia, protagonistas en uno de sus sueños proféticos, el Nº 37:

    "Una gran barca (la Iglesia) navegaba en un mar tempestuoso, piloteada por el Romano Pontífice, y a su alrededor muchísimas navecillas pequeñas (los cristianos). De pronto aparecieron un sinnúmero de naves enemigas armadas de cañones (el ateísmo, la corrupción, la incredulidad, el secularismo, etc.) y empezó una tremenda batalla.
 
   A los cañones enemigos se unen las olas violentas y el viento tempestuoso. Las naves enemigas cercan y rodean completamente a la Nave Grande.  Cuando ya el ataque es tan pavoroso que todo parece perdido, emergen desde el fondo del mar dos inmensas y poderosas columnas. Sobre la primera columna está la Sagrada Eucaristía, y sobre la otra la imagen de la Virgen Santísima.

   La nave del Papa y las más pequeñas se acercan a los dos pilares y, asegurándose a ellos, ya no tienen peligro de hundirse. Luego, desde las dos columnas sale un viento fortísimo que hunde a las naves enemigas.  Todo el ejército enemigo se retira derrotado, y los cristianos entonan un himno de acción de gracias a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora.


  La visión es muy clara:  
 
«La Iglesia deberá pasar tiempos críticos y sufrir graves daños, pero al fin el Cielo mismo intervendrá para salvarla. Después vendrá la paz y habrá en la Iglesia un nuevo y vigoroso florecimiento».
 

   
PADRE DE LA JUVENTUD

   Los muchachos de la calle lo llamaban el "Padre que siempre está alegre"; el  "Padre de los cuentos bonitos". Su sonrisa era continua. 

   Nadie lo encontraba jamás de mal humor,  y nunca se le escuchaba una palabra dura o humillante. Hablar con él la primera vez era quedar ya amigo suyo para toda la vida. El Señor le concedió el don de consejo: 
"Un consejo suyo cambiaba a las personas".

    Durante las semanas que vivió con una tía suya, que prestaba servicios en casa de un sacerdote, Juan aprendió a leer. Quería ser sacerdote, tenía gran vocación, pero las dificultades eran muchas.

 
A los dieciséis años, ingresó en el seminario de Chieri, y era tan pobre, que debía mendigar para reunir el dinero y los vestidos indispensables.

   El alcalde del pueblo le regaló el sombrero, el párroco la chaqueta, uno de los parroquianos el abrigo y otro, un par de zapatos. Después de haber recibido el diaconado, Juan Bosco pasó al seminario mayor de Turín y ahí empezó, con la aprobación de sus superiores, a reunir los domingos a un grupo de chiquillos y mozuelos abandonados de la ciudad.

   San José Cafasso, sacerdote de la parroquia anexa al seminario, confirmó a Juan Bosco en su vocación: "Desempaca tus bártulos -le dijo-, y prosigue tu trabajo con los chicos abandonados. Eso es lo que Dios quiere de ti".

   El primer puesto que ocupó Don Bosco fue el de capellán auxiliar en una casa de refugio para muchachas, que había fundado la marquesa di Barola, la rica y caritativa mujer que socorrió a Silvio Pellico cuando éste salió de la prisión.   Los domingos Don Bosco no tenía trabajo de modo que podía ocuparse de sus chicos, a los que consagraba el día entero en una especie de escuela y centro de recreo, que él llamó "Oratorio Festivo".

    La marquesa le negó el permiso de reunir a los niños en sus terrenos, porque hacían ruido y destruían las flores. Durante un año, Don Bosco y sus chiquillos anduvieron de aquí para allí, en diversos lugares, porque nadie quería aceptar ese pequeño ejército de más de un centenar de revoltosos muchachos. 

   Cuando Don Bosco consiguió, por fin, alquilar un viejo granero, y todo empezaba a arreglarse, la marquesa, que a pesar de su generosidad tenía algo de autócrata, le exigió que escogiera entre quedarse con su tropa o con su puesto en el refugio para muchachas. El santo escogió a sus chicos.


   
LA OBRA

    En esos momentos críticos, le sobrevino una pulmonía, cuyas complicaciones estuvieron a punto de costarle la vida. En cuanto se repuso, fué a vivir en unos cuartuchos miserables de su nuevo oratorio, en compañía de su madre, y ahí se entregó, con toda el alma a su obra.

    Empezó a dar alojamiento a los niños abandonados. Al poco tiempo, había ya treinta o cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre en el barrio de Valdocco. Los chicos llamaban a la madre de Don Bosco "Mamá Margarita".  

   Don Bosco vió que el bien que hacía a sus chicos se perdía con las malas influencias, y decidió construir sus propios talleres de aprendizaje. Los dos primeros, para zapateros y sastres, fueron inaugurados en 1853.


   
LA FAMILIA Y SUS PRINCIPIOS

    El siguiente paso fue construir una iglesia, consagrada a San Francisco de Sales.  Después vino la construcción de una casa para la enorme familia. El dinero no faltaba, a veces, por verdadero milagro.

    Don Bosco distinguía dos grupos entre sus chicos: los aprendices, los que daban señales de una posible vocación sacerdotal. Al principio iban a las escuelas del pueblo; pero con el tiempo, Don Bosco instituyó los cursos técnicos y la escuela primaria en el oratorio. 

    "En 1856, había ya 150 internos, cuatro talleres, una imprenta,
cuatro clases de latín y diez sacerdotes. Los externos eran quinientos".


    Con su extraordinario don de simpatía, y de leer los corazones, Don Bosco ejercía una influencia ilimitada sobre sus chicos, y podía gobernarles sin castigos, para gran escándalo de los educadores de su tiempo.

    Veía en sueños el estado exacto de la conciencia de sus discípulos y les hacía una descripción tan completa de sus errores, que muchos aclamaban emocionados: "Si hubiera venido un ángel a contarme toda mi vida no me habría hablado con mayor precisión".

   Es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad, después de Jesús, un educador que haya sido tan amado como Don Bosco.


   
IMPORTANCIA DE LAS BUENAS LECTURAS

   Don Bosco se veía también asediado de peticiones para que predicara; la fama de su elocuencia se había extendido enormemente a causa de los muchos milagros y curaciones obradas por la intercesión del santo. 

   Decía que Dios le había enviado al mundo para educar a los jóvenes pobres, y a propagar buenos libros: "Propagad buenos libros sólo en el cielo sabréis el gran bien que produce una buena lectura".


  
  PRIMEROS COLABORADORES

    Gran problema de Don Bosco era encontrar colaboradores. Muchos sacerdotes, jóvenes y entusiastas, ofrecían sus servicios, pero acababan por cansarse. En 1850 solo tenía un colaborador, y esto le decidió a preparar, por sí mismo, a sus futuros colaboradores. Así fue como Santo Domingo Savio ingresó en el oratorio, en 1854.


   
GRAN FAMILIA SALESIANA

    Por otra parte, Don Bosco había acariciado siempre la idea, más o menos vaga, de fundar una congregación religiosa. Después de algunos descalabros, consiguió por fin formar un pequeño núcleo.

   "En la noche del 26 de enero de 1854 -escribe uno de los testigos-, nos reunimos en el cuarto de Don Bosco.  Concluimos que, con la ayuda de Dios, íbamos a entrar en un período de trabajos prácticos de caridad;  al fin de ese período, estaríamos en libertad de ligarnos con una promesa, que más tarde podría transformarse en voto".  

   
"Recibieron el nombre de Salesianos todos los que se consagraron a ese apostolado. El nombre provenía del gran obispo de Ginebra, San Francisco de Sales, el Santo de la amabilidad".
   
   El momento no parecía muy oportuno para fundar una nueva congregación, pues el Piamonte no había sido nunca más anticlerical que entonces:  Los jesuitas y las Damas del Sagrado Corazón habían sido expulsados; muchos conventos habían sido suprimidos y, se publicaban nuevas leyes mermando derechos a las órdenes religiosas. 

   Pero el ministro Rattazzi, uno de los que más parte había tenido en la legislación, quien urgió un día a Don Bosco a fundar una congregación para perpetuar su trabajo y le prometió su apoyo ante el rey.

   En diciembre de 1859, Don Bosco y sus veintidós compañeros decidieron organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. La aprobación definitiva no llegó sino hasta quince años después, junto con el permiso de ordenación para los candidatos del momento. La nueva congregación creció rápidamente.
 
   En 1863 había treinta y nueve salesianos; a la muerte del fundador, eran ya 768, y en la actualidad se cuentan por millares: Diecisiete mil en 105 países, con 1,300 colegios y 300 parroquias, y se hallan establecidos en todo el mundo. 


   
EXPANSIÓN SALESIANA

    Los Salesianos se extendieron por toda la América del Sur.  Cuando San Juan Bosco murió, la congregación tenía veintiséis casas en el Nuevo Mundo y treinta y ocho en Europa.  Las instituciones salesianas en la actualidad comprenden escuelas de primera y segunda enseñanza, seminarios, escuelas para adultos, escuelas técnicas y de agricultura, talleres de imprenta y librería, hospitales, etc., sin omitir las misiones extranjeras y el trabajo pastoral.

    El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina, encargada de hacer por las niñas lo que los Salesianos hacían por los niños. Fué inaugurada en 1872, con la toma de hábito de veintisiete jóvenes, entre ellas, Santa María Dominga Mazzarello, que fué la cofundadora, a las que el santo llamó "Hijas de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos", o Hijas de María Auxiliadora.

    La nueva comunidad se desarrolló casi tan rápidamente como la anterior y emprendió, además de otras actividades, la creación de escuelas de primera enseñanza en Italia, Brasil, Argentina y otros países. "Hoy en día son dieciséis mil, en setenta y cinco países".


   
LOS TERCIARIOS

    Para completar su obra, Don Bosco organizó a sus numerosos colaboradores del exterior en una especie de tercera orden, a la que dio el título de Colaboradores Salesianos. Se trataba de hombres y mujeres de todas las clases sociales, que se obligaban a ayudar en alguna forma a los educadores salesianos. 

   Nuestro Señor le inspiró un sabio método de enseñanza:  El sueño o visión que tuvo Don Bosco en su juventud marcó toda su actividad posterior con los niños. Todo el mundo sabe que para trabajar con los niños, hay que amarlos; pero lo importante es que ese amor se manifieste en forma comprensible para ellos.  


  
PEDAGOGIA DE DON BOSCO

    Los métodos de Don Bosco consistían en desarrollar el sentido de responsabilidad, en suprimir las ocasiones de desobediencia, en saber apreciar los esfuerzos de los chicos, y en una gran amistad.

     En 1877 escribía:   
    "No recuerdo haber empleado nunca un castigo propiamente dicho.
     Por la gracia de Dios, siempre he podido conseguir que los niños
    observen no sólo las reglas, sino aun mis menores deseos". 


  Pero a esta cualidad se unía la perfecta conciencia del daño que puede hacer a los niños un amor demasiado indulgente, y así lo repetía constantemente Don Bosco a los padres.  

   Una de las imágenes más agradables que suscita el nombre de Don Bosco es la de sus excursiones domingueras al bosque, con una parvada de rapazuelos. El santo celebraba la misa en alguna iglesita de pueblo, comía y jugaba con los chicos en el campo, les daba una clase de catecismo.


   
CONSTRUCTOR DE IGLESIAS

     La primera que erigió era pequeña y resultó pronto insuficiente. El santo emprendió la construcción de otra mucho más grande, terminada en 1868. A ésta siguió una gran basílica en uno de los barrios pobres de Turín, consagrada a San Juan Evangelista. 

    El esfuerzo para reunir los fondos necesarios había sido inmenso; al terminar la basílica, el santo no tenía un céntimo y estaba muy fatigado, pero su trabajo no había acabado todavía.

   Durante los últimos años del pontificado de Pío IX, se había creado el proyecto de construir una iglesia del Sagrado Corazón en Roma, y el Papa había dado el dinero necesario para comprar el terreno. Su sucesor se interesaba en la obra, pero era dificil reunir fondos.

   La tarea fue propuesta a Don Bosco. Cuando ya no pudo obtener más fondos en Italia, se trasladó a Francia. Las gentes le aclamaban en todas partes por su santidad y sus milagros, y el dinero le llovía.  La consagración de la iglesia tuvo lugar el 14 de mayo de 1887

  
San Juan Bosco murió el 31 de enero de 1888, después de una vida muy fructífera, dedicada al servicio del prójimo. Su cuerpo permanece incorrupto en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

   Sus últimas recomendaciones fueron:

   "Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros. Ayudad mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a la gente más necesitada, y conseguiréis enormes bendiciones y ayudas de Dios. Os espero en el Paraíso".

    Unas cuarenta mil personas desfilaron ante el santo, de cuerpo presente. Sus funerales fueron una especie de marcha triunfal, toda la ciudad de Turín salió a la calle para honrar a Don Bosco por última vez.

   Fueron tantos los milagros conseguidos al encomendarse a Don Bosco, que el Sumo Pontífice lo canonizó cuando apenas habían pasado cuarenta y seis años de su muerte (en 1934), y lo declaró "Patrono de los que difunden buenas lecturas y Padre y maestro de la juventud".


Tags: don, bosco, padre, maestro

Publicado por mario.web @ 13:54
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