Giovanni Bosco, nació en 1815, junto a
Castelnuovo, cerca de Chieri, en la provincia de Turín, en el norte
de Italia. Era el menor de los hijos de un campesino
piemontés. Su padre murió cuando tenía apenas dos años y
medio. La madre Margarita, muy pobre, pero santa y laboriosa
mujer, debió luchar mucho para sacar adelante a sus
hijos. LAS DOS
COLUMNAS
Sus grandes amores son Jesús Sacramentado, María Auxiliadora, y la Iglesia, protagonistas en uno de sus sueños proféticos, el Nº
37:
"Una gran barca (la Iglesia)
navegaba en un mar tempestuoso, piloteada por el Romano Pontífice, y
a su alrededor muchísimas navecillas pequeñas (los cristianos). De
pronto aparecieron un sinnúmero de naves enemigas armadas de cañones
(el ateísmo, la corrupción, la incredulidad, el secularismo, etc.) y
empezó una tremenda batalla.
A los
cañones enemigos se unen las olas violentas y el viento tempestuoso.
Las naves enemigas cercan y rodean completamente a la Nave
Grande. Cuando ya el ataque es tan
pavoroso que todo parece perdido, emergen desde el fondo del mar dos
inmensas y poderosas columnas. Sobre la primera columna está la
Sagrada Eucaristía, y sobre la otra la imagen de la Virgen
Santísima.
La nave del Papa y las
más pequeñas se acercan a los dos pilares y, asegurándose a ellos, ya no tienen peligro de hundirse. Luego, desde
las dos columnas sale un viento fortísimo que hunde a las naves
enemigas. Todo el ejército enemigo se
retira derrotado, y los cristianos entonan un himno de acción de
gracias a Jesús Sacramentado y a María
Auxiliadora.
La visión es muy
clara:
«La Iglesia deberá pasar tiempos críticos y sufrir
graves daños, pero al fin el Cielo mismo intervendrá para salvarla.
Después vendrá la paz y habrá en la Iglesia un nuevo y vigoroso
florecimiento».
PADRE DE LA
JUVENTUD
Los
muchachos de la calle lo llamaban el "Padre que siempre está
alegre"; el "Padre de los cuentos
bonitos". Su sonrisa era continua.
Nadie lo encontraba jamás de mal humor, y nunca se le
escuchaba una palabra dura o humillante. Hablar con él la primera vez era quedar
ya amigo suyo para toda la vida. El Señor le concedió el
don de consejo:
"Un consejo suyo cambiaba a las
personas".
Durante las semanas que vivió con una tía suya,
que prestaba servicios en casa de un sacerdote, Juan aprendió
a leer. Quería ser sacerdote, tenía gran vocación, pero las dificultades eran muchas.
A los dieciséis años, ingresó en
el seminario de Chieri, y era tan pobre, que debía mendigar
para reunir el dinero y los vestidos indispensables.
El alcalde del pueblo le regaló el
sombrero, el párroco la chaqueta, uno de los parroquianos el abrigo
y otro, un par de zapatos. Después de haber recibido el diaconado,
Juan Bosco pasó al seminario mayor de Turín y ahí empezó, con la
aprobación de sus superiores, a reunir los domingos a un grupo de
chiquillos y mozuelos abandonados de la
ciudad.
San José Cafasso, sacerdote de la
parroquia anexa al seminario, confirmó a Juan
Bosco en su vocación: "Desempaca tus bártulos -le dijo-, y
prosigue tu trabajo con los chicos abandonados. Eso es lo que Dios
quiere de ti".
El primer puesto que ocupó
Don Bosco fue el de capellán auxiliar en una casa de refugio para
muchachas, que había fundado la marquesa di Barola, la rica y
caritativa mujer que socorrió a Silvio Pellico cuando éste salió de
la prisión. Los domingos Don Bosco no tenía trabajo de
modo que podía ocuparse de sus chicos, a los que consagraba el día
entero en una especie de escuela y centro de recreo, que él llamó
"Oratorio Festivo".
La marquesa le negó el
permiso de reunir a los niños en sus terrenos, porque hacían ruido y
destruían las flores. Durante un año, Don Bosco y sus chiquillos
anduvieron de aquí para allí, en diversos lugares, porque nadie
quería aceptar ese pequeño ejército de más de un centenar de
revoltosos muchachos.
Cuando Don Bosco
consiguió, por fin, alquilar un viejo granero, y todo empezaba a
arreglarse, la marquesa, que a pesar de su generosidad tenía algo de
autócrata, le exigió que escogiera entre quedarse con su tropa o con
su puesto en el refugio para muchachas. El santo escogió a sus
chicos.
LA OBRA
En esos momentos críticos, le
sobrevino una pulmonía, cuyas complicaciones estuvieron a punto de
costarle la vida. En cuanto se repuso, fué a vivir en unos
cuartuchos miserables de su nuevo oratorio, en compañía de su madre,
y ahí se entregó, con toda el alma a su obra.
Empezó a dar
alojamiento a los niños abandonados. Al poco tiempo, había ya
treinta o cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don
Bosco y su madre en el barrio de Valdocco. Los chicos llamaban a la
madre de Don Bosco "Mamá Margarita".
Don Bosco vió que el bien
que hacía a sus chicos se perdía con las malas influencias, y
decidió construir sus propios talleres de aprendizaje. Los dos
primeros, para zapateros y
sastres, fueron inaugurados en
1853.
LA FAMILIA Y SUS
PRINCIPIOS
El
siguiente paso fue construir una iglesia, consagrada a San Francisco
de Sales. Después vino la construcción de una casa para la
enorme familia. El dinero no faltaba, a veces, por verdadero
milagro.
Don Bosco
distinguía dos grupos entre sus chicos: los aprendices, los que
daban señales de una posible vocación sacerdotal. Al principio iban
a las escuelas del pueblo; pero con el tiempo, Don Bosco instituyó
los cursos técnicos y la escuela primaria en el
oratorio.
"En 1856, había ya 150 internos, cuatro talleres, una
imprenta,
cuatro clases de latín y diez sacerdotes. Los externos
eran quinientos".
Con su extraordinario don de
simpatía, y de leer los corazones, Don Bosco
ejercía una influencia ilimitada sobre sus chicos, y podía gobernarles sin castigos, para gran
escándalo de los educadores de su tiempo.
Veía en sueños el estado exacto de la conciencia de sus discípulos y
les hacía una descripción tan completa de sus errores, que muchos
aclamaban emocionados: "Si hubiera venido un ángel a contarme
toda mi vida no me habría hablado con mayor
precisión".
Es difícil encontrar en toda la historia
de la humanidad, después de Jesús, un educador que haya sido tan
amado como Don Bosco.
IMPORTANCIA DE LAS BUENAS
LECTURAS
Don
Bosco se veía también asediado de peticiones para que predicara; la
fama de su elocuencia se había extendido enormemente a causa de los
muchos milagros y curaciones obradas por la intercesión del
santo.
Decía que Dios
le había enviado al mundo para educar a los jóvenes pobres, y a
propagar buenos libros: "Propagad buenos
libros sólo en el cielo sabréis el gran bien que produce una buena
lectura".
PRIMEROS
COLABORADORES
Gran problema
de Don Bosco era encontrar colaboradores.
Muchos sacerdotes, jóvenes y
entusiastas, ofrecían sus servicios, pero acababan por
cansarse. En 1850 solo tenía
un colaborador, y esto le decidió a
preparar, por sí mismo, a sus futuros colaboradores. Así fue
como Santo Domingo Savio ingresó en el oratorio, en
1854.
GRAN FAMILIA SALESIANA
Por otra parte, Don Bosco había
acariciado siempre la idea, más o menos vaga, de fundar una
congregación religiosa. Después de algunos descalabros, consiguió
por fin formar un pequeño núcleo.
"En la noche del 26 de
enero de 1854 -escribe uno de los testigos-, nos reunimos en el
cuarto de Don Bosco. Concluimos que,
con la ayuda de Dios, íbamos a entrar en un período de trabajos
prácticos de caridad; al fin de ese
período, estaríamos en libertad de ligarnos con una promesa, que más
tarde podría transformarse en voto".
"Recibieron el nombre
de Salesianos todos los que se consagraron a ese apostolado. El
nombre provenía del gran obispo de Ginebra, San Francisco de Sales,
el Santo de la amabilidad".
El momento no parecía
muy oportuno para fundar una nueva congregación, pues el Piamonte no
había sido nunca más anticlerical que entonces: Los jesuitas y
las Damas del Sagrado Corazón habían sido expulsados; muchos
conventos habían sido suprimidos y, se publicaban nuevas leyes
mermando derechos a las órdenes religiosas.
Pero el ministro Rattazzi, uno de los que más
parte había tenido en la legislación, quien urgió un día a Don Bosco
a fundar una congregación para perpetuar su trabajo y le prometió su
apoyo ante el rey.
En diciembre de 1859, Don
Bosco y sus veintidós compañeros decidieron organizar la
congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. La
aprobación definitiva no llegó sino hasta quince años después, junto
con el permiso de ordenación para los candidatos del
momento. La nueva congregación creció rápidamente.
En 1863 había treinta y nueve salesianos; a la
muerte del fundador, eran ya 768, y en la actualidad se cuentan por
millares: Diecisiete mil en 105 países, con 1,300 colegios y 300
parroquias, y se hallan establecidos en todo el mundo.
EXPANSIÓN SALESIANA
Los
Salesianos se extendieron por toda la América del Sur. Cuando
San Juan Bosco murió, la congregación tenía veintiséis casas en el
Nuevo Mundo y treinta y ocho en Europa. Las instituciones
salesianas en la actualidad comprenden escuelas de primera y segunda
enseñanza, seminarios, escuelas para adultos, escuelas técnicas y de
agricultura, talleres de imprenta y librería, hospitales, etc., sin
omitir las misiones extranjeras y el trabajo
pastoral.
El siguiente paso de Don Bosco
fue la fundación de una congregación femenina, encargada de hacer
por las niñas lo que los Salesianos hacían por los niños. Fué
inaugurada en 1872, con la toma de hábito de veintisiete jóvenes,
entre ellas, Santa María Dominga Mazzarello, que fué la cofundadora,
a las que el santo llamó "Hijas de Nuestra Señora, Auxilio
de los Cristianos", o Hijas de María
Auxiliadora.
La nueva comunidad se
desarrolló casi tan rápidamente como la anterior y emprendió, además
de otras actividades, la creación de escuelas de primera enseñanza
en Italia, Brasil, Argentina y otros países. "Hoy en día son
dieciséis mil, en setenta y cinco
países".
LOS TERCIARIOS
Para completar su obra, Don Bosco
organizó a sus numerosos colaboradores del exterior en una especie
de tercera orden, a la que dio el título de Colaboradores
Salesianos. Se trataba de hombres y mujeres de todas las clases
sociales, que se obligaban a ayudar en alguna forma a los educadores
salesianos.
Nuestro Señor le inspiró un
sabio método de enseñanza: El sueño o visión que tuvo Don
Bosco en su juventud marcó toda su actividad posterior con los
niños. Todo el mundo sabe que para trabajar con los niños, hay
que amarlos; pero lo importante es que ese amor se manifieste
en forma comprensible para ellos.
PEDAGOGIA DE DON
BOSCO
Los
métodos de Don Bosco consistían en desarrollar el sentido de
responsabilidad, en suprimir las ocasiones de desobediencia, en
saber apreciar los esfuerzos de los chicos, y en una gran amistad.
En 1877
escribía:
"No recuerdo haber empleado nunca un castigo propiamente
dicho.
Por la gracia de Dios, siempre he
podido conseguir que los niños
observen no
sólo las reglas, sino aun mis menores
deseos".
Pero a esta cualidad se unía
la perfecta conciencia del daño que puede hacer a los niños un amor
demasiado indulgente, y así lo repetía constantemente Don Bosco a
los padres.
Una de las imágenes más
agradables que suscita el nombre de Don Bosco es la de sus
excursiones domingueras al bosque, con una parvada de rapazuelos. El
santo celebraba la misa en alguna iglesita de pueblo, comía y jugaba
con los chicos en el campo, les daba una clase de catecismo.
CONSTRUCTOR DE
IGLESIAS
La primera que erigió era
pequeña y resultó pronto insuficiente. El santo emprendió la
construcción de otra mucho más grande, terminada en 1868. A ésta
siguió una gran basílica en uno de los barrios pobres de Turín,
consagrada a San Juan Evangelista.
El esfuerzo para reunir los fondos
necesarios había sido inmenso; al terminar la basílica, el santo no
tenía un céntimo y estaba muy fatigado, pero su trabajo no había
acabado todavía.
Durante los últimos años del
pontificado de Pío IX, se había creado el proyecto de construir una
iglesia del Sagrado Corazón en Roma, y el Papa había dado el dinero
necesario para comprar el terreno. Su sucesor
se interesaba en la obra, pero era dificil
reunir fondos.
La tarea fue propuesta a Don
Bosco. Cuando ya no pudo obtener más fondos en
Italia, se trasladó a Francia. Las gentes le
aclamaban en todas partes por su santidad y sus milagros, y el
dinero le llovía. La consagración de la iglesia tuvo
lugar el 14 de mayo de 1887.
San Juan Bosco murió el 31 de enero de
1888, después de una vida muy fructífera, dedicada al servicio del
prójimo. Su cuerpo permanece incorrupto en la Basílica de María
Auxiliadora en Turín, Italia.
Sus últimas
recomendaciones fueron:
"Propagad la devoción a Jesús
Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros.
Ayudad mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a
la gente más necesitada, y conseguiréis enormes bendiciones y ayudas
de Dios. Os espero en el
Paraíso".
Unas cuarenta mil personas desfilaron ante el
santo, de cuerpo presente. Sus
funerales fueron una especie de marcha triunfal, toda la
ciudad de Turín salió a la calle para honrar a
Don Bosco por última vez.
Fueron tantos los
milagros conseguidos al encomendarse a Don Bosco, que el Sumo
Pontífice lo canonizó cuando apenas habían pasado cuarenta y seis
años de su muerte (en 1934), y lo declaró "Patrono de los que difunden buenas lecturas y Padre y
maestro de la juventud".