Lunes, 06 de julio de 2009


Espere y espere, y Morgan nunca regreso.

 

Los ojos de Will se llenaron de lagrimas. Estas brotaron y rodaron por sus mejillas, mientras entre sollozos contaba la historia a su padre.

Ya el se sentia como un “adulto” de cuatro anos, no queria llorar, pero no pudo contenerse.

 

-Esta bien que llores, Will -respondio su padre-. Cuentame que ocurrio.

 

Con un gran supiro, Will continuo:

 

- Se que no debo pasar al fondo del edificio.

Morgan jugaba conmigo.

El dijo que queria ir a la piscina y que regresaria.

Espere y espere, pero nunca regreso a jugar conmigo.

 

Con un latigazo en su pecho, el padre de Will se arrodillo y le tomo en sus brazos. Mientras Will se desahogaba contra su pecho, el llanto aminoraba y su padre dijo:

 

-Will, estoy orgulloso de ti.

Cuando estamos juntos me obedeces, eso me hace feliz; pero nada se compara al bienestar que experimento si haces lo correcto incluso si estoy ausente.

Gracias. Te amo mucho, mi pequeno hombrecito.

 

Las lagrimas pronto se enjugaron y Will continuo su juego.

Su herido corazon percibio un balsamo; las cosas estuvieron mejor por causa del amor y la seguridad que recibio de su padre.

De hecho, el irradio felicidad cuando su progenitor se enorgullecio de el.

 

Dios el Padre es comparable a eso.

El se conmueve por el dolor que sus hijos se causan entre si y su corazon rebosa de gozo cuando obedecemos simplemente porque es lo correcto.

 

Mateo 3:17

Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.


Tags: pensamiento, reflexión

Publicado por mario.web @ 9:40
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