S?bado, 08 de agosto de 2009
Hace 40 años el Santo Padre Pablo VI publicaba la gran encíclica: Populorum Progresio y manifestaba la atención maternal con que la Iglesia observaba el “ desarrollo de los pueblos que se esfuerzan por escapar de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que buscan una participación mayor en los frutos de la civilización y que se orientan hacia el pleno desarrollo”.
Esta atención era, según el Papa, una exigencia del mensaje evangélico que obliga a la iglesia a ponerse al servicio de los hombres para ayudarle a captar las dimensiones de este gran problema y convencerles de la urgencia de una acción solidaria a favor de toda la humanidad.
Definiéndose como experta en humanidad la Iglesia no pretendía mezclarse en lo político de los estados, sino tan sólo ayudar a las personas a conseguir su pleno desarrollo ,ofreciendo una visión global del hombre y de la humanidad.
El desarrollo, no se reduce a simple crecimiento económico. Para que sea auténtico, el desarrollo ha de ser integral, es decir, debe promover a todos los hombres y a todo el hombre. Por eso la solidaridad universal es un deber.
“La búsqueda exclusiva de l poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser.
Para las naciones y para las personas, la avaricia es la señal más clara de un subdesarrollo moral”. Antes de la llamada teología de la liberación, la encíclica subrayaba la dimensión ética de las estructuras sociales, adelantándose así a la calificación de “estructuras de pecado” de la carta “ Solitudo rei socialis” del Papa Juan-Pablo II.
Lo superfluo tiene una función social. Caín, ¿qué has hecho con tu hermano?..........
Hace 40 años el Santo Padre Pablo VI publicaba la gran encíclica: Populorum Progresio y manifestaba la atención maternal con que la Iglesia observaba el “ desarrollo de los pueblos que se esfuerzan por escapar de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que buscan una participación mayor en los frutos de la civilización y que se orientan hacia el pleno desarrollo”.
Esta atención era, según el Papa, una exigencia del mensaje evangélico que obliga a la iglesia a ponerse al servicio de los hombres para ayudarle a captar las dimensiones de este gran problema y convencerles de la urgencia de una acción solidaria a favor de toda la humanidad.
Definiéndose como experta en humanidad la Iglesia no pretendía mezclarse en lo político de los estados, sino tan sólo ayudar a las personas a conseguir su pleno desarrollo ,ofreciendo una visión global del hombre y de la humanidad.
El desarrollo, no se reduce a simple crecimiento económico. Para que sea auténtico, el desarrollo ha de ser integral, es decir, debe promover a todos los hombres y a todo el hombre. Por eso la solidaridad universal es un deber.
“La búsqueda exclusiva de l poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser.
Para las naciones y para las personas, la avaricia es la señal más clara de un subdesarrollo moral”. Antes de la llamada teología de la liberación, la encíclica subrayaba la dimensión ética de las estructuras sociales, adelantándose así a la calificación de “estructuras de pecado” de la carta “ Solitudo rei socialis” del Papa Juan-Pablo II.
Lo superfluo tiene una función social. Caín, ¿qué has hecho con tu hermano?..........

Tags: pensamiento, reflexión, paz

Publicado por mario.web @ 9:25
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