Martes, 11 de agosto de 2009

 

 

Esta divina salutación atrae sobre nosotros la copiosa bendición de Jesús y de María. Efectivamente es principio infalible que Jesús y María recompensan magnánimamente a quienes le glorifican y devuelven centuplicadas las bendiciones que se le tributan: "Quiero a los que me quieren... para enriquecer a los que me aman y para llenar sus bodegas"

(Prov. 8,17,21). Es lo que proclaman a voz en cuello Jesús y María: Amamos a quienes nos aman, los enriquecemos y llenamos sus tesoros. "Quien siembra generosamente, generosas cosechas tendrá".

Ahora bien, ¿no es amar, bendecir y glorificar a Jesús y a María el recitar devotamente la salutación angélica? En cada avemaría tributamos a Jesús y a María una doble bendición: Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. En cada avemaría tributamos a María el mismo honor que Dios le hizo al saludarla mediante el arcángel Gabriel. ¿Quién podrá pensar siquiera que Jesús y María –que tantas veces hacen el bien a quienes les maldicen – vayan a responder con maldiciones a quienes los honran y bendicen con el avemaría?

La Reina del cielo – dicen San Bernardo y San Buenaventura – no es menos agradecida y cortés que las personas nobles y bien educadas de este mundo. Las aventaja en esta virtud como en las demás perfecciones, y no permitirá que la honremos con respeto sin devolvernos el ciento por uno. "María – dice San Buenaventura – nos saluda con la gracia siempre que la saludamos con el avemaría".

¿Quién podrá comprender las gracias y bendiciones que el saludo y mirada benigna de María atraen sobre nosotros?

En el momento en que Santa Isabel oyó el saludo que le dirigía la Madre de Dios, quedó llena de Espíritu Santo, y el niño que llevaba en su seno saltó de alegría. Si nos hacemos dignos del saludo y bendición recíprocos de la Santísima Virgen, seremos, sin duda, colmados de gracias y un torrente de consuelos espirituales inundará nuestras almas.

 

Nos dice María del Rosario:

Hijo mío: Quiero el crecimiento espiritual de todos mis hijos.

Muchos son los que están gravemente enfermos espiritualmente porque no oran.

La oración, preferentemente el rezo del Santo Rosario, hace que el alma crezca y vaya hacia Dios.

No lo olvidéis, socorridos sois por Mí.

Glorificado sea el Nombre de Dios.

Leed: Romanos C. 8, V. 26: "Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables".

Hazlo conocer.

Tags: rezar, oración

Publicado por mario.web @ 1:52  | religion
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