Iba una mujer a misa muchas veces y por cada misa que oía echaba un grano de trigo entre un costal. Un día fue a ver cuántos granos había amontonado ya, y no encontro ninguno. Preguntó a su confesor qué podría significar aquello, y él le respondió: "Cómo asiste usted a sus misas". Mal, Padre, distraída, pensando en los oficios de mi casa, y sin poner atención a lo que allí se dice".-"Pues bien,-respondió el sacerdote-eso que le ha sucedido puede ser un mensaje de Dios que le quiere decir algo muy importante: que aunque externamente haya asistido a muchas misas, si internamente no está presente con el fervor de su espiritu, lo que está atesorando para el cielo es muy poco. Porque no basta venir a Misa con el cuerpo, hay que asisitir a ella con toda el alma, si queremos atesorar para el cielo". Cuántas personas están en Misa con su cuerpo, pero su alma todavía no se ha levantado ni se ha venido de su casa! Está allá en los quehaceres materiales, olvidando que Sólo una cosa es necesaria: cumplir bien los deberes para con Dios.
Sacado del libro Cien Noticias acerca de la Santa Misa de P. Eliéser Sálesman