Jueves, 21 de enero de 2010

 

A diferencia de las demás ciencias, la metafísica no puede dar por descontado su propia existencia
Autor: P. Alfonso Aguilar | Fuente: catholic.net
Objetivos
1. Dar razón de la posibilidad, legitimidad y validez del conocimiento metafísico.
2. Comprender cuál es el problema metafísico y su papel para determinar el sentido de la vida y servir de «fundamento» a la ciencia, la ética, la política y la religión.
3. Ser capaz de juzgar las filosofías (y, por extensión, las ideologías y movimientos religiosos) de la Historia a la luz de la solución dada al problema metafísica 
A. El problema: necesidad metafísica de auto-fundarse 
1. La metafísica debe autojusticarse por naturaleza 
A diferencia de las demás ciencias, la metafísica no puede dar por descontado su propia existencia. Dado que se ocupa de toda la realidad, se ocupa en primer lugar de sí misma: debe mostrar que la metafísica es posible, que tiene razón de ser y que su conocimiento es válido.
2. La metafísica debe autojustificarse ante los ataques filosóficos 
Por si fuera poco, la metafísica ha sido, además, objeto de constante asedio por parte de la filosofía misma. Muchísimos pensadores y corrientes filosóficas se han esforzado por demostrar, a lo largo de la Historia, alguna de las siguientes tesis :
a. Es imposible hacer metafísica; su conocimiento supera nuestra capacidad.
b. La metafísica carece de sentido y de valor; no ofrece nada útil para el hombre. 
c. Es innecesaria hoy en día; nos basta el conocimiento metafísico adquirido en el pasado. 
d. Es inmoral en sí misma: un «lavado de cerebro», gran mentira para manipular a la gente.
B. Respuesta a las objeciones históricas
Podemos expresar las razones por las cuales la metafísica ha sobrevivido a tantos ataques a lo largo de dos mil quinientos años en un orden paralelo a las cuatro objeciones mencionadas arriba. 
1. Es imposible no ser metafísico
Objetar que el conocimiento metafísico es imposible o inválido es en sí misma una posición metafísica. Propone una comprensión de toda la realidad y unos primeros principios. afirmar que la realidad es de tal modo que no podemos conocerla es pretender conocer la naturaleza de la realidad. Lo cual es metafísica. Para destruir a la metafísica necesitamos, pues, razonar metafísicamente . 
2. El sentido del conocimiento metafísico
Aunque fracasara en su objetivo, siempre valdrá la pena el esfuerzo por satisfacer el deseo innato en el corazón humano de comprender la realidad, de encontrar y dar sentido a la vida. 
La metafísica, además, trata de problemas insolubles para la ciencia, la ética, e incluso la teología. Es, finalmente, uno de los mejores modos de protegerse contra la superstición dogmática, el fanatismo irracional, la demagogia sofística, que tanto predomina en nuestra época (materialismo, libertinaje, hedonismo, ecologismo, relativismo, el mito de la superpoblació n, etc.).
3. Necesidad de hacer metafísica hoy en día
Conviene que cada generación se replantee los problemas y las propuestas metafísicas: primero, porque se necesita presentarlos de modo actualizado, que apele a la sensibilidad contemporánea; segundo, porque nadie puede encontrar y dar sentido a su vida aprendiendo lo que otros han pensado: ha de comprometerse todo el hombre y no sólo la razón, cada uno tiene que «engendrar» la verdad en su alma, descubrirla, dejarse interpelar y transformar por ella. 
4. El valor moral de la auténtica metafísica
Satisfacer la exigencia más apremiante y vital del ser humano no puede ser pecaminoso, sino, por el contrario, un deber moral. Ahora bien, si se usa la metafísica para imponer ideologías en la sociedad, manipular a la gente, obtener los propios intereses, entonces la metafísica deja de ser tal, pues ya no consiste en la búsqueda existencial de la verdad por sí misma. Deberíamos atacar, entonces, no a la metafísica, sino a su «máscara», a lo que se presenta aparentemente como tal. 
C. El problema metafísico
Estas y otras razones pueden sintetizarse en una sola: el hombre necesita por naturaleza resolver lo que se ha llamado el «problema metafísico». 
1. ¿Cuál es el problema metafísico?
La metafísica debe encontrar el Absoluto, o sea, la Causa incausada, el Fin supremo, el Principio incondizionado, el Fundamento último de todo. La realidad inmediata a todos los hombres es el universo –todos los entes y principios que lo componen– y la experiencia humana –las relaciones humanas con el universo a todos los niveles: físico, emocional, cognoscitivo, volitivo, moral, artístico, religioso, social, cultural, político, histórico. Evidentemente, tanto el universo como la experiencia humana son realidad. La pregunta es: ¿constituyen ellos todo lo que es o hay algo más que los trasciende? 
En otras palabras, ¿dónde están la Causa y el Fin último de todo: en el universo y en el hombre o en algo que está más allá de ambos? ¿Dónde está el Absoluto: en este mundo nuestro o en un mundo superior?.
2. Originalidad y trascendencia del problema metafísico
Nuestro interrogante es distintivamente metafísico, porque cuestiona el sentido de la totalidad de lo real, y sólo la metafísica se ocupa de la totalidad. No se puede reducir, pues, al problema de la ciencia (¿cuáles son las causas inmediatas de estos fenómenos?), de la ética (¿cómo debemos comportarnos para ser felices?), de la política (¿cuáles son las mejores leyes, estructuras y forma de gobierno?) y de la religión (¿cómo unirnos a Dios y salvarnos?), que son cuestiones particulares. Eso sí, el problema metafísico se relaciona íntimamente con todos ellos: es el gran interrogante de donde surgen todos los interrogantes y donde éstos encuentran su sentido último. En efecto, al descubrir el Origen y el Fin de todo, habremos descubierto la Causa última de las causas inmediatas de los fenómenos (ciencia), el Valor objetivo a la luz del cual debemos orientar nuestro comportamiento (ética) y organización de la sociedad (política), así como el fundamento racional de la fe revelada, que necesita mostrarse como razonable y no absurda, irracional, contradictoria (religión. 
D. Las dos posibles respuestas al problema metafísico
El hombre sólo puede responder esencialmente de dos modos al problema sobre el Fundamento de toda la realidad: o éste se encuentra dentro del universo (inmanencia) o fuera de él (trascendencia) . Así, pues, la Historia sólo ha conocido dos tipos radicalmente distintos de metafísica, si bien cada uno cuenta con diversas modalidades. 
1. Metafísicas de la inmanencia
Inmanentística es toda filosofía (e ideología) que encuentra la explicación última de toda la realidad dentro del mundo en que vivimos: la totalidad del ser se identifica con el universo y la experiencia humana. El orbe contiene en sí su propia causa, fuerza creadora y gobernadora. No hay nada más allá (de ahí, «inmanencia», del latín in-maneo, «permanecer dentro»Gui?o. Según que aspecto concreto del cosmos se escoge como causa suprema, distinguiremos tes tipos de inmanentismos.
a. Metafísicas naturalísticas
La explicación última se halla en la naturaleza misma entendida como realidad sensible que no diferencia claramente entre materia y espíritu. Representantes: las filosofías de los Presocráticos y todas las formas históricas de panteísmo, doctrina que identifica el universo (πν [pan], «todo»Gui?o con Dios (θεός [theós]).
b. Metafísicas materialísticas
La materia es la realidad última. Todos los fenómenos espirituales o de la conciencia se explican como cambios físico-químicos. Representantes: atomismo y epicureísmo, los materialismos modernos de carácter antirreligioso, dialéctico-comunista , evolucionista, monista y positivista.
c. Metafísicas idealísticas
Para las diversas formas de idealismo todo –la naturaleza y el hombre– se resuelve, en el fondo, en una realidad de tipo espiritual que evoluciona: la idea o el pensamiento.
2. Metafísicas de la trascendencia
Por trascendencia (de tans-scendo, «sobre-salir» o «pasar al otro lado»Gui?o entendemos el ámbito de la realidad diverso, superior e irreducible al mundo físico en constante devenir. La explicación última del orbe se halla en algún Principio o fuerza creadora y gobernadora que existe «fuera» o «más allá» de él. Podemos clasificar estas metafísicas según el modo de concebir la trascendencia y su relación con el mundo físico.
a. Metafísicas de la participación
Platón acuñó el término «participación» (e «imitación», «comunión» y «presencia»Gui?o para indicar que los entes sensibles, imperfectos, cambiables y perecederos existen y son lo que son en la medida en que «toman parte» de los del mundo inteligible, perfecto, inmutable, eterno. Así, un árbol es tal en la medida en que ha sido puesto en existencia por Dios y participa de (imita, comulga, hace presente) la Forma (esencia) inteligible de árbol. La idea de participación informa todas las formas de platonismo y neoplatonismo pagano, judío, árabe y cristiano de todas las épocas.
b. Metafísicas de proporcionalidad
Niega la doctrina de la participación. No concibe, por tanto, el Absoluto como el ser mismo, del cual todos los entes «toman parte» en diversos modos y grados, sino como el primero entre los entes, cuya relación con ellos es extrínseca, de parecido o «proporción» (pro + portio, «relación con una parte»Gui?o. Así, la relación entre la esencia y el ser de Dios es similar o «proporcional» a la que intercorre entre la esencia y el ser de un árbol, pero éste no participa de Aquél. Esta metafísica, propia de Aristóteles y del aristotelismo puro, ha gozado de poca fortuna a lo largo de los siglos.
Valgámonos de una comparación para comprender mejor la diferencia entre las dos metafísicas de la trascendencia. Una hoguera contiene en sí la perfección del calor, mientras que las personas a su derredor participan de su calor en la medida en que se hallen más cerca de ella (metafísica de participación) . Supongamos, por otro lado, que tenemos una hoguera, un antorcha, una vela y una cerilla encendidas. Todas poseen fuego y calor en sí mismas, pero cada una en proporción a su capacidad, sin compartir el mismo fuego (metafísica de proporcionalidad) .
Conclusión
Por razón de su naturaleza y de los numerosos ataques recibidos en la Historia, la metafísica necesita fundar la posibilidad, legitimidad y validez de su conocimiento. Éste se auto-justifica porque existe en el hombre un problema-clave, ineludible, para el sentido de su vida, que sólo la metafísica puede afrontar: ¿es el mundo sensible toda la realidad o hay algo que lo trasciende? Las metafísicas de la historia se han suscrito a la primera posibilidad (inmanencia) o a la segunda (trascendencia) . ¿Cuál de las dos desemboca en la verdad? He aquí el problema metafísico de nuestro curso.
Términos clave
Inmanencia:la realidad propia del universo y de la experiencia humana, caracterizada por la imperfección, el devenir y la temporalidad. La «metafísica de la inmanencia» sostiene que toda la realidad se reduce a la naturaleza misma, la materia o la Idea que la rige.
Trascendencia: la realidad superior que «sobre-pasa» el universo y la experiencia humana, en sí misma perfecta, inmutable, eterna. La «metafísica de la trascendencia» encuentra la explicación última del mundo sensible en un Principio o Absoluto trascendente.
Absoluto: la realidad que contiene en sí todas las perfecciones y que por eso es «in-dependiente de» (en latín, ab + solutum, «libre de»Gui?o todo otro ente. Todas las metafísicas proponen un Absoluto; la cuestión fundamental consiste en determinar si éste es intrínseco al mundo en que vivimos (inmanencia) o se halla «más allá» de él (trascendencia) . 
Participación: la relación de dependencia ontológica –del ser y/o de la esencia– que los entes del universo mantienen con la realidad trascendente al «tomar parte» o «compartir» en cierto modo y grado de sus características. 
Proporcionalidad: la relación de semejanza ontológica existente entre los entes, sobre todo entre las características de los entes de este mundo y las de la realidad trascendente. 
Autoevaluació n
1. ¿Por qué necesita la metafísica mostrar la posibilidad, legitimidad y validez de su conocimiento?
2. ¿Cuáles son algunas de las razones más importantes que justifican la necesidad de la metafísica? 
3. ¿Qué es el problema metafísico?
4. ¿Por qué este problema es distinto de y al mismo tiempo vital para la ciencia, la ética, la política y la religión?
5. ¿En qué consiste la metafísica de la inmanencia y cuáles han sido sus tres expresiones más importantes a lo largo de la Historia?
6. ¿En qué consiste la metafísica de la trascendencia y cuáles han sido sus dos expresiones más importantes a lo largo de la Historia?
A diferencia de las demás ciencias, la metafísica no puede dar por descontado su propia existencia
Autor: P. Alfonso Aguilar | Fuente: catholic.net
Objetivos
1. Dar razón de la posibilidad, legitimidad y validez del conocimiento metafísico.
2. Comprender cuál es el problema metafísico y su papel para determinar el sentido de la vida y servir de «fundamento» a la ciencia, la ética, la política y la religión.
3. Ser capaz de juzgar las filosofías (y, por extensión, las ideologías y movimientos religiosos) de la Historia a la luz de la solución dada al problema metafísica 
A. El problema: necesidad metafísica de auto-fundarse 
1. La metafísica debe autojusticarse por naturaleza 
A diferencia de las demás ciencias, la metafísica no puede dar por descontado su propia existencia. Dado que se ocupa de toda la realidad, se ocupa en primer lugar de sí misma: debe mostrar que la metafísica es posible, que tiene razón de ser y que su conocimiento es válido.
2. La metafísica debe autojustificarse ante los ataques filosóficos 
Por si fuera poco, la metafísica ha sido, además, objeto de constante asedio por parte de la filosofía misma. Muchísimos pensadores y corrientes filosóficas se han esforzado por demostrar, a lo largo de la Historia, alguna de las siguientes tesis :
a. Es imposible hacer metafísica; su conocimiento supera nuestra capacidad.
b. La metafísica carece de sentido y de valor; no ofrece nada útil para el hombre. 
c. Es innecesaria hoy en día; nos basta el conocimiento metafísico adquirido en el pasado. 
d. Es inmoral en sí misma: un «lavado de cerebro», gran mentira para manipular a la gente.
B. Respuesta a las objeciones históricas
Podemos expresar las razones por las cuales la metafísica ha sobrevivido a tantos ataques a lo largo de dos mil quinientos años en un orden paralelo a las cuatro objeciones mencionadas arriba. 
1. Es imposible no ser metafísico
Objetar que el conocimiento metafísico es imposible o inválido es en sí misma una posición metafísica. Propone una comprensión de toda la realidad y unos primeros principios. afirmar que la realidad es de tal modo que no podemos conocerla es pretender conocer la naturaleza de la realidad. Lo cual es metafísica. Para destruir a la metafísica necesitamos, pues, razonar metafísicamente . 
2. El sentido del conocimiento metafísico
Aunque fracasara en su objetivo, siempre valdrá la pena el esfuerzo por satisfacer el deseo innato en el corazón humano de comprender la realidad, de encontrar y dar sentido a la vida. 
La metafísica, además, trata de problemas insolubles para la ciencia, la ética, e incluso la teología. Es, finalmente, uno de los mejores modos de protegerse contra la superstición dogmática, el fanatismo irracional, la demagogia sofística, que tanto predomina en nuestra época (materialismo, libertinaje, hedonismo, ecologismo, relativismo, el mito de la superpoblació n, etc.).
3. Necesidad de hacer metafísica hoy en día
Conviene que cada generación se replantee los problemas y las propuestas metafísicas: primero, porque se necesita presentarlos de modo actualizado, que apele a la sensibilidad contemporánea; segundo, porque nadie puede encontrar y dar sentido a su vida aprendiendo lo que otros han pensado: ha de comprometerse todo el hombre y no sólo la razón, cada uno tiene que «engendrar» la verdad en su alma, descubrirla, dejarse interpelar y transformar por ella. 
4. El valor moral de la auténtica metafísica
Satisfacer la exigencia más apremiante y vital del ser humano no puede ser pecaminoso, sino, por el contrario, un deber moral. Ahora bien, si se usa la metafísica para imponer ideologías en la sociedad, manipular a la gente, obtener los propios intereses, entonces la metafísica deja de ser tal, pues ya no consiste en la búsqueda existencial de la verdad por sí misma. Deberíamos atacar, entonces, no a la metafísica, sino a su «máscara», a lo que se presenta aparentemente como tal. 
C. El problema metafísico
Estas y otras razones pueden sintetizarse en una sola: el hombre necesita por naturaleza resolver lo que se ha llamado el «problema metafísico». 
1. ¿Cuál es el problema metafísico?
La metafísica debe encontrar el Absoluto, o sea, la Causa incausada, el Fin supremo, el Principio incondizionado, el Fundamento último de todo. La realidad inmediata a todos los hombres es el universo –todos los entes y principios que lo componen– y la experiencia humana –las relaciones humanas con el universo a todos los niveles: físico, emocional, cognoscitivo, volitivo, moral, artístico, religioso, social, cultural, político, histórico. Evidentemente, tanto el universo como la experiencia humana son realidad. La pregunta es: ¿constituyen ellos todo lo que es o hay algo más que los trasciende? 
En otras palabras, ¿dónde están la Causa y el Fin último de todo: en el universo y en el hombre o en algo que está más allá de ambos? ¿Dónde está el Absoluto: en este mundo nuestro o en un mundo superior?.
2. Originalidad y trascendencia del problema metafísico
Nuestro interrogante es distintivamente metafísico, porque cuestiona el sentido de la totalidad de lo real, y sólo la metafísica se ocupa de la totalidad. No se puede reducir, pues, al problema de la ciencia (¿cuáles son las causas inmediatas de estos fenómenos?), de la ética (¿cómo debemos comportarnos para ser felices?), de la política (¿cuáles son las mejores leyes, estructuras y forma de gobierno?) y de la religión (¿cómo unirnos a Dios y salvarnos?), que son cuestiones particulares. Eso sí, el problema metafísico se relaciona íntimamente con todos ellos: es el gran interrogante de donde surgen todos los interrogantes y donde éstos encuentran su sentido último. En efecto, al descubrir el Origen y el Fin de todo, habremos descubierto la Causa última de las causas inmediatas de los fenómenos (ciencia), el Valor objetivo a la luz del cual debemos orientar nuestro comportamiento (ética) y organización de la sociedad (política), así como el fundamento racional de la fe revelada, que necesita mostrarse como razonable y no absurda, irracional, contradictoria (religión. 
D. Las dos posibles respuestas al problema metafísico
El hombre sólo puede responder esencialmente de dos modos al problema sobre el Fundamento de toda la realidad: o éste se encuentra dentro del universo (inmanencia) o fuera de él (trascendencia) . Así, pues, la Historia sólo ha conocido dos tipos radicalmente distintos de metafísica, si bien cada uno cuenta con diversas modalidades. 
1. Metafísicas de la inmanencia
Inmanentística es toda filosofía (e ideología) que encuentra la explicación última de toda la realidad dentro del mundo en que vivimos: la totalidad del ser se identifica con el universo y la experiencia humana. El orbe contiene en sí su propia causa, fuerza creadora y gobernadora. No hay nada más allá (de ahí, «inmanencia», del latín in-maneo, «permanecer dentro»Gui?o. Según que aspecto concreto del cosmos se escoge como causa suprema, distinguiremos tes tipos de inmanentismos.
a. Metafísicas naturalísticas
La explicación última se halla en la naturaleza misma entendida como realidad sensible que no diferencia claramente entre materia y espíritu. Representantes: las filosofías de los Presocráticos y todas las formas históricas de panteísmo, doctrina que identifica el universo (πν [pan], «todo»Gui?o con Dios (θεός [theós]).
b. Metafísicas materialísticas
La materia es la realidad última. Todos los fenómenos espirituales o de la conciencia se explican como cambios físico-químicos. Representantes: atomismo y epicureísmo, los materialismos modernos de carácter antirreligioso, dialéctico-comunista , evolucionista, monista y positivista.
c. Metafísicas idealísticas
Para las diversas formas de idealismo todo –la naturaleza y el hombre– se resuelve, en el fondo, en una realidad de tipo espiritual que evoluciona: la idea o el pensamiento.
2. Metafísicas de la trascendencia
Por trascendencia (de tans-scendo, «sobre-salir» o «pasar al otro lado»Gui?o entendemos el ámbito de la realidad diverso, superior e irreducible al mundo físico en constante devenir. La explicación última del orbe se halla en algún Principio o fuerza creadora y gobernadora que existe «fuera» o «más allá» de él. Podemos clasificar estas metafísicas según el modo de concebir la trascendencia y su relación con el mundo físico.
a. Metafísicas de la participación
Platón acuñó el término «participación» (e «imitación», «comunión» y «presencia»Gui?o para indicar que los entes sensibles, imperfectos, cambiables y perecederos existen y son lo que son en la medida en que «toman parte» de los del mundo inteligible, perfecto, inmutable, eterno. Así, un árbol es tal en la medida en que ha sido puesto en existencia por Dios y participa de (imita, comulga, hace presente) la Forma (esencia) inteligible de árbol. La idea de participación informa todas las formas de platonismo y neoplatonismo pagano, judío, árabe y cristiano de todas las épocas.
b. Metafísicas de proporcionalidad
Niega la doctrina de la participación. No concibe, por tanto, el Absoluto como el ser mismo, del cual todos los entes «toman parte» en diversos modos y grados, sino como el primero entre los entes, cuya relación con ellos es extrínseca, de parecido o «proporción» (pro + portio, «relación con una parte»Gui?o. Así, la relación entre la esencia y el ser de Dios es similar o «proporcional» a la que intercorre entre la esencia y el ser de un árbol, pero éste no participa de Aquél. Esta metafísica, propia de Aristóteles y del aristotelismo puro, ha gozado de poca fortuna a lo largo de los siglos.
Valgámonos de una comparación para comprender mejor la diferencia entre las dos metafísicas de la trascendencia. Una hoguera contiene en sí la perfección del calor, mientras que las personas a su derredor participan de su calor en la medida en que se hallen más cerca de ella (metafísica de participación) . Supongamos, por otro lado, que tenemos una hoguera, un antorcha, una vela y una cerilla encendidas. Todas poseen fuego y calor en sí mismas, pero cada una en proporción a su capacidad, sin compartir el mismo fuego (metafísica de proporcionalidad) .
Conclusión
Por razón de su naturaleza y de los numerosos ataques recibidos en la Historia, la metafísica necesita fundar la posibilidad, legitimidad y validez de su conocimiento. Éste se auto-justifica porque existe en el hombre un problema-clave, ineludible, para el sentido de su vida, que sólo la metafísica puede afrontar: ¿es el mundo sensible toda la realidad o hay algo que lo trasciende? Las metafísicas de la historia se han suscrito a la primera posibilidad (inmanencia) o a la segunda (trascendencia) . ¿Cuál de las dos desemboca en la verdad? He aquí el problema metafísico de nuestro curso.
Términos clave
Inmanencia:la realidad propia del universo y de la experiencia humana, caracterizada por la imperfección, el devenir y la temporalidad. La «metafísica de la inmanencia» sostiene que toda la realidad se reduce a la naturaleza misma, la materia o la Idea que la rige.
Trascendencia: la realidad superior que «sobre-pasa» el universo y la experiencia humana, en sí misma perfecta, inmutable, eterna. La «metafísica de la trascendencia» encuentra la explicación última del mundo sensible en un Principio o Absoluto trascendente.
Absoluto: la realidad que contiene en sí todas las perfecciones y que por eso es «in-dependiente de» (en latín, ab + solutum, «libre de»Gui?o todo otro ente. Todas las metafísicas proponen un Absoluto; la cuestión fundamental consiste en determinar si éste es intrínseco al mundo en que vivimos (inmanencia) o se halla «más allá» de él (trascendencia) . 
Participación: la relación de dependencia ontológica –del ser y/o de la esencia– que los entes del universo mantienen con la realidad trascendente al «tomar parte» o «compartir» en cierto modo y grado de sus características. 
Proporcionalidad: la relación de semejanza ontológica existente entre los entes, sobre todo entre las características de los entes de este mundo y las de la realidad trascendente. 
Autoevaluació n
1. ¿Por qué necesita la metafísica mostrar la posibilidad, legitimidad y validez de su conocimiento?
2. ¿Cuáles son algunas de las razones más importantes que justifican la necesidad de la metafísica? 
3. ¿Qué es el problema metafísico?
4. ¿Por qué este problema es distinto de y al mismo tiempo vital para la ciencia, la ética, la política y la religión?
5. ¿En qué consiste la metafísica de la inmanencia y cuáles han sido sus tres expresiones más importantes a lo largo de la Historia?
6. ¿En qué consiste la metafísica de la trascendencia y cuáles han sido sus dos expresiones más importantes a lo largo de la Historia?

 


Tags: curso, metafísica

Publicado por mario.web @ 9:24
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