Viernes, 22 de enero de 2010

Está escrito: "Dad, y se os dará". Recordemos la comparación del Beato Alano: "Si te doy cada día ciento cincuenta diamantes, ¿no me perdonarías aunque fuese enemigo tuyo? Y si eres mi amigo, ¿no me otorgarás todos los favores posibles? ¿Quieres enriquecerte con todos los bienes de la gracia y de la gloria? Saluda a la Santísima Virgen, honra a tu bondadosa Madre".

"Como el que atesora es el que honra a su madre". Preséntale, al menos, cincuenta avemarías diariamente. Cada una de ellas contiene quince piedras preciosas, que agradan más a María que todas las riquezas de la tierra. ¿Qué no podrás entonces esperar de su generosidad? Ella es nuestra Madre y amiga. Es la Emperatriz del universo y nos ama más que todas las madres y reinas juntas amaron a algún mortal. "Porque – dice San Agustín – la caridad de la Virgen María aventaja a todo el amor de todos los hombres y de todos los ángeles".

El Señor se apareció un día a Santa Gertrudis contando monedas de oro. Atrevióse ella a preguntarle qué era lo que contaba con ellas. "Cuento – le respondió Jesucristo – tus avemarías; son la moneda con que se compra el paraíso."

El docto y piadoso Suárez, de la Compañía de Jesús, estimaba tanto la salutación angélica, que solía decir: "Daría con gusto mi ciencia por el valor de un avemaría bien dicha".

El Beato Alano de la Roche se dirige así a la Santísima Virgen: Que quien te ama, ¡oh excelsa María!, escucha esto y se llene de gozo:

El cielo exulta de dicha,
y de admiración la tierra,
cuando digo: ¡Avemaría!

Mientras aborrezco al mundo,
en amor de Dios me inundo
cuando digo: ¡Avemaría!

Mis temores se disipan,
mis pasiones se apaciguan
cuando digo: ¡Avemaría!

Se aumenta mi devoción
y alcanzo la contrición
Cuando digo: ¡Avemaría!

Se confirma mi esperanza,
mi consuelo se agiganta,
cuando digo: ¡Avemaría!

Mi alma de gozo palpita,
mi tristeza se disipa,
cuando digo: ¡Avemaría!

Porque la dulzura de esta suavísima salutación es tan grande que no hay términos adecuados para explicarla debidamente, y, después de haber dicho de ella maravillas, resulta todavía tan escondida y profunda, que es imposible explorarla. Es corta en palabras, pero grande en misterios. Es más dulce que la miel y más preciosa que el oro. Hay que tenerla frecuentemente en el corazón para meditarla, y en la boca para recitarla y repetirla devotamente.

Refiere el mismo Beato Alano – en el capítulo 69 de su salterio – que una religiosa muy devota del rosario se apareció después de muerta a una de sus hermanas y le dijo: "Si pudiera regresar a mi cuerpo para recitar solamente un avemaría aunque sin mucho fervor, volvería a sufrir gustosamente todos los dolores que padecí antes de morir con tal de alcanzar el mérito de esta oración". Hay que recordar que había sufrido crueles dolores durante varios años.

Miguel de Lisle, obispo de Salubre, discípulo y compañero del Beato Alano de la Rupe en el restablecimiento del santo rosario, dice que la salutación angélica es el remedio de todos los males que nos afligen, con tal que la recemos devotamente en honor de la Santísima Virgen.

Nos dice La Reina de la Paz:

Martes 25 de JUNIO de 1985

Mensaje a los sacerdotes.

"Queridos hijos, Yo os pido que pidáis a todos que recen el Rosario. Con el Rosario vosotros superaréis todos los problemas que Satanás está tratando de infligir a la Iglesia Católica". Marija preguntó, " Nuestra Señora, qué deseas decirles a los sacerdotes?" Nuestra Señora contestó, "Que todos los sacerdotes recen el Rosario. Dad tiempo para el Rosario. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"


Tags: avemaría, intercambio, santo, rosario, María

Publicado por mario.web @ 9:04
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