Primero esperé crecer, quería ser grande,
y no pude disfrutar de ser pequeño...
después espere el amor de mi vida,
que Él me había olvidado, y no supe esperar
las señales, y que Él estaba a mi lado
desperté y me di cuenta, que a pesar
de haber esperado sin saber qué esperaba,
sólo Dios supo darme la paz y la tranquilidad,
y sobre todo hoy mi fe es tan grande
que ya no espero, porque se que todo llega
a su debido momento, cuando Dios lo dispone,
y cuando lleguen aquellas cosas
que mi corazón desea, y sólo Dios sabe dar,
entonces sí voy a poder verlas y disfrutarlas,
y nuestros oídos a la dulce voz del Señor.
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