Viernes, 22 de enero de 2010

EL ROSARIO: SUS BENEFICIOS

Para animarte aún más a abrazar esta devoción de las grandes almas, añado que el rosario, recitado con la meditación de los misterios: 1.º, nos eleva insensiblemente al perfecto conocimiento de Jesucristo; 2.º, nos purifica del pecado; 3.º, nos da la victoria sobre todos nuestros enemigos; 4.º, nos facilita la práctica de las virtudes; 5.º, nos inflama en el amor a Jesucristo; 6.º, nos enriquece con gracias y méritos; 7.º, nos proporciona los medios para cancelar a Dios y a los hombres todas nuestras deudas y, finalmente, nos obtiene toda clase de gracias.

El conocimiento de Jesucristo es la ciencia de los cristianos y de la salvación. Supera – dice San Pablo – a todas las ciencias humanas en precio y excelencia: 1.º, gracias a la dignidad de su objeto, que es un Hombre–Dios, en cuya presencia todo el universo no es más que una gota de rocío o un grano de arena; 2.º, por su utilidad ya que las ciencias humanas sólo nos llenan de vanidad y humo de orgullo; 3.º, por su necesidad, pues no es posible salvarnos si no conocemos a Jesucristo. El que ignore todas las ciencias, se salvará, con tal que esté iluminado por la ciencia de Jesucristo. ¡Dichoso rosario, que nos da la ciencia

y conocimiento de Jesucristo al permitirnos meditar su vida, muerte, pasión y gloria!

La reina de Saba, admirada ante la sabiduría de Salomón, exclamó: "¡Dichosas tus gentes, dichosos tus servidores, que están siempre ante ti y oyen tu sabiduría!" Pero más dichosos son los fieles que meditan atentamente la vida, virtudes, sufrimientos y gloria del Salvador, porque –gracias a este medio– adquieren la ciencia perfecta, en la que consiste la vida eterna.

La Santísima Virgen reveló al Beato Alano que tan pronto como Santo Domingo empezó a predicar el rosario, los pecadores empedernidos se convirtieron y lloraron amargamente sus crímenes. Hasta los niños hicieron penitencias increíbles. Dondequiera predicaba el rosario fue tal el fervor, que los pecadores cambiaron de vida y edificaron a todo el mundo con sus penitencias y enmienda de vida.

Si sientes la conciencia cargada de pecados, toma el rosario y medita una parte del mismo en honor de algunos misterios de la vida, pasión o gloria de Jesucristo. Y convéncete de que, mientras meditas y honras estos misterios, Él en el cielo mostrará al Padre sus llagas sacrosantas, intercederá por ti y te alcanzará la contrición y el perdón de tus pecados.

El Señor dijo cierto día al Beato Alano: "Si esos miserables pecadores rezaran frecuentemente mi rosario, participarían de los misterios de mi pasión, y yo, como abogado suyo, aplacaría la justicia divina.

Nuestra vida es de guerra y tentación continuas. Tenemos que luchar no contra enemigos de carne y sangre, sino contra las mismas potestades infernales. ¿Qué mejores armas podemos empuñar para combatirlos que la oración enseñada por nuestro gran Capitán y la salutación angélica, que ahuyentó a los demonios, destruyó el pecado y renovó el mundo? ¿Las habrá mejores que la meditación de la vida y pasión de Jesucristo – pensamientos que debemos tener habitualmente presentes, como lo ordena San Pedro – para defendernos de los mismos enemigos, que Él ha vencido y que nos atacan todos los días?

"Desde que el demonio – dice el cardenal Hugo – fue vencido por la humildad y pasión de Jesucristo, apenas si se atreve a atacar a una persona que medita estos misterios, o, si la ataca, es vencido por ella ignominiosamente: Vestíos de toda la armadura de Dios".

¡Empuña el arma de Dios que es el santo rosario! Con ella destrozarás la cabeza del demonio y podrás resistir todas las tentaciones. De aquí proviene que aun el rosario material sea tan terrible al diablo y que los santos se hayan servido de él para encadenarlo y arrojarlo del cuerpo de los posesos, como atestiguan tantas historias.

Cierto hombre – refiere el Beato Alano – había ensayado inútilmente toda suerte de devociones para liberarse del espíritu maligno, que había tomado posesión de él. Resolvió ponerse al cuello la camándula. Y con esto se alivió. Pero, cuando se la quitaba, el demonio volvía a atormentarlo cruelmente. Decidió entonces llevarla al cuello noche y día, y así logró arrojar para siempre al demonio, que no podía soportar tan terrible cadena. El Beato Alano atestigua que libró a muchos posesos poniéndoles al cuello el rosario.

El R. P. Juan Amât, de la Orden de Santo Domingo, predicaba la cuaresma en una comarca del reino de Aragón. Presentáronle cierto día una muchacha posesa. Intentó él varias veces exorcizarla, pero inútilmente. Al ponerle al cuello el rosario, ella empezó a gritar y aullar espantosamente, diciendo: "¡Quitadme! ¡Quitadme esos granos que me atormentan!" El sacerdote, por compasión por la pobre joven, le quitó el rosario.

La noche siguiente, mientras el Padre descansaba en su lecho, los mismos demonios que poseían a la muchacha se arrojaron rabiosamente contra él para apoderarse de su persona. Pero con la camándula, que tenía en la mano –no obstante los esfuerzos que hicieron para quitársela–, azotó y echó fuera a los demonios, diciendo: "¡Santa María, Virgen del Rosario, socórreme!"

Cuando a la mañana siguiente se dirigía el sacerdote a la iglesia, encontró a la pobre joven aún posesa. Uno de los demonios empezó a gritar, burlándose de él: "¡Hermano, si no hubieras tenido tu rosario, ya hubiéramos dado cuenta de ti!" Entonces el Padre arrojó de nuevo el rosario al cuello de la joven, diciendo: "¡Por los nombres sacratísimos de Jesús y de María, su Madre santísima, y por la virtud del santísimo rosario, os conjuro, espíritus malignos, a que salgáis inmediatamente de este cuerpo!" Los diablos tuvieron que obedecer y la joven quedó libre.

Estos relatos ponen de manifiesto cuál es la fuerza del santo rosario para vencer toda clase de tentaciones diabólicas y toda suerte de pecados, porque las cuentas benditas del rosario los ponen en fuga.

Mensajes de la Santísima Virgen al P. Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

El Rosario entero que recitáis en los Cenáculos secundando la urgente petición de vuestra Madre, es como una inmensa cadena de amor y de salvación con la que podéis rodear personas y situaciones, y hasta influir en todos los acontecimientos de vuestro tiempo.

Continuad recitándolo, multiplicad vuestros Cenáculos de Oración, respondiendo así a la invitación que con tanta frecuencia e intensidad os ha dirigido mi primer hijo predilecto, el Vicario de Jesús.

Ahora puedo usar la fuerza que me viene de vuestra oración y quiero intervenir como Madre para abreviar el tiempo de la prueba y para aliviaros de los sufrimientos que os esperan.

Todo puede cambiarse todavía si vosotros, mis pequeños, escucháis mi Voz, y os unís con la oración, a la incesante intercesión de vuestra Madre Celeste.

Por esto aquí, donde me aparecí como la Inmaculada, os repito que continuéis con más generosidad y perseverancia el rezo del santo Rosario.

El Rosario es la oración que desde el Cielo Yo misma vine a pediros.

Con ella lográis descubrir las insidias de mi Adversario; os sustraéis a muchos de sus engaños; os defendéis de muchos peligros que os tiende; os preserva del mal y os acerca cada vez más a Mí para que pueda ser verdaderamente vuestra guía y protección.

Como ya sucedió en otras ocasiones decisivas, también hoy la Iglesia será defendida y salvada por su Madre victoriosa, a través de la fuerza que me viene de vosotros, mis pequeños hijos, con el rezo frecuente de la oración del Santo Rosario. (7 de octubre de 1979)


Tags: Rosario, beneficios, Santa, María

Publicado por mario.web @ 14:35
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