Domingo, 24 de enero de 2010

El amor o es para siempre o simplemente cae por su propio peso. O tiene sabor de eternidad o es desabrido, agrio y tristemente amargo, se pierde con el tiempo, se transforma en recuerdo color ceniza. Así lo dice un gran escritor:

«El amor no es una aventura. Posee el sabor de toda la persona. No puede durar solo un instante. La eternidad del hombre lo compenetra».

 

En este sentido, ¿como no hablar del matrimonio?

¿Como no hablar de la belleza siempre antigua y siempre nueva de amarse para siempre?

Cuando una mujer y un hombre se aman, con entrega, con sacrificio, con fidelidad duradera -y nótese que digo hombre y mujer- el amor se convierte en gemelo de la eternidad.

El matrimonio es la entrega plena del amor humano y el verdadero amor solo existe en la continuidad necesaria. La pasión, el instinto quema los resortes rápidamente; los reduce a escorias y no deja sino cenizas en las manos.

No se que piensan ustedes. Yo me sorprendo que muchos de los jóvenes que se preparan para dar ese paso decisivo en sus vidas, confíen poco en el amor.

Se quieren casar, pero no se dan cuenta que lo que fundamenta su relación es precisamente la duración sin limites del amor. Se casan, pero dejando una puerta abierta, como para salir corriendo si no resulta. ¿Acaso se duda de la capacidad del hombre de amar para siempre? La historia de Carlos y Ana, al menos, demuestra que sí existe.

Así es el amor verdadero: ETERNO... Capaz de amar mas allá de la muerte.....Capaz de vencer todos los obstáculos, incluso el tiempo.... Capaz de mandar.....

!!¡Rosas desde la Eternidad!


Tags: amor, verdadero

Publicado por mario.web @ 10:40
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