Martes, 26 de enero de 2010


Autor: Padre Miguel Rivilla San Martin

 

 

El panorama que ofrece el mundo actual, en el aspecto de la fe cristiana, es bastante opaco y preocupante. Parece que todas las fuerzas del mal están desatadas para arrastrar a la perdición, a gran parte de esta pobre humanidad, que camina inconsciente y alienada lejos de Dios. No solo se ha perdido el sentido del pecado, en frase certera del Papa Pio XII, sino, lo que es mas lamentable, hoy proliferan en todos los ambientes, los que hacen el mal y luego lo justifican como bien y progreso. La ofuscación de las conciencias es algo tremendo. Vivimos en un mundo materializado, donde están en baja los valores cristianos y trascendentes y han ocupado su lugar la idolatría del dinero, el ansia del placer, y bienestar y la fiebre del consumismo.

 

Encontrar a Dios, fuente del bien, paz y felicidad para todo hombre, en este ambiente de corrupción generalizada, es tarea mas que difícil, por no decir casi imposible para el pobre pecador, perdido en la jungla del error y del confusionismo. Es verdad, que en todas las épocas de la historia, se han dado situaciones de pecado - alejamiento de Dios- ; pero nunca como ahora, el pueblo había llegado a tal grado de confusionismo en sus ideas y actitudes, merced a los sonados escándalos de inmoralidad y amoralidad, aireados a los cuatro vientos por los medios de comunicación social, tanto de los de arriba como los de abajo de nuestra sociedad.

 

Solo hay una solución y una luz de esperanza, en esta caótica situación en que viven inmersos tanta pobre gente. Es el recurso “oportune et importune” a la Palabra de Dios. La escucha atenta y reflexiva de la misma, junto con la oración al Padre Dios, bueno y misericordioso, por su Hijo Jesucristo, en unión del Espíritu Santo y bajo la intercesión de la Sma Virgen , sera la tabla de salvación para esta pobre humanidad.

 

El apóstol S. Pablo escribió en su carta a su discípulo Tito (cap 4.1-5):

 

“Te conjuro en nombre de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir a juzgar a vivos y muertos, por su Manifestación y por su Reino: Proclama la Palabra , insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina.. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportaran la sana doctrina, sino que arrastrados por sus pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades: apartaran sus oídos de la verdad y se volverán a las fabulas”


Tags: fuerza, mal

Publicado por mario.web @ 15:20
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