En la pequeña capilla dedicada al perdón,
repasaba con el confesor los Mandamientos de la Ley de Dios. El
examen valoraba la medida de mis faltas. Recuerdo, que al llegar
al quinto Mandamiento, sin apenas darme cuenta, intenté pasar a
hurtadillas con la celeridad que motiva el convencimiento, de que
por mis manos, no corría esa sangre que pudiera generar mi
arrepentimiento. Intenté seguir adelante en mi examen. Sin
embargo, el confesor, frenando mi relato, me preguntó, si me había
parado a pensar las diversas formas con las que podíamos matar y de
esta manera incumplir este Mandamiento. Con toda humildad, reconocí
mi olvido por lo que convinimos repasar las Sagradas Escrituras,
para conocer lo que sobre este tema, nos decía, tanto el Antiguo
como el Nuevo Testamento. El libro del Génesis (9. 5,6) ya nos
advierte, que cualquiera que derrame sangre humana, su propia sangre
también será derramada. Por que Dios creó al hombre a imagen suya. Y
el libro del Éxodo no deja de repetirnos "no matarás porque el que
mata será llevado ante la justicia". Y es Mateo quien nos
recuerda, que este Mandamiento, también prohíbe el escándalo, cuando
por él, inducimos a otra persona a pecar por la autoridad de quien
le acusa o la debilidad de quien lo padece. Jesús los compara como
lobos disfrazados de corderos (7.15). Y en otro pasaje del Evangelio
de Mateo (5. 21) vuelve hacerse eco de las palabras de Jesús: "No
quites la vida del inocente y justo, porque yo no perdonaré al
culpable". De igual forma, incumplen este Mandamiento, continúa
hablando el confesor, aquellas personas que conceden la eutanasia,
aún habiendo sido solicitada voluntariamente. Poner fin a la vida de
personas disminuidas, enfermas o moribundas, aunque solo sea con la
intención de suprimirlas el dolor y aunque la muerte se considere
inminente, constituye un homicidio. Así como el suicidio, por ser
contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad. No
obstante, nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, que puede
disminuirse la responsabilidad del suicida, el padecer trastornos
psíquicos graves o la angustia y el temor, a una prueba de
sufrimiento por tortura. La Iglesia no desespera de la salvación de
estas personas, pues Dios por caminos que Él solo conoce, puede
haberles reconocido su arrepentimiento salvador. Igualmente el
aborto, tanto como fin o como medio, ya que toda vida humana es
sagrada. Un niño tiene derecho a la vida y a ser tratado como
persona, desde su concepción. Es por lo tanto necesario entender, que
también se engloban en el "no matarás", los que trafican con
personas, engañándoles con ofrecimientos falsos de mejorar sus vidas
o induciéndoles al consumo de drogas. Los que secuestran o toman
rehenes, torturándoles para arrancar confesiones, en un mundo
dominado por la guerra y el terrorismo que amenaza y mata. Así
mismo, faltan gravemente a este quinto Mandamiento, los fraticidas,
infanticidas y parricidas, por quitar la vida que Dios les ha dado, a
personas inocentes. Los que fomentan la violencia y la destrucción
humana, olvidando el pasaje evangélico de Mateo (5,9) que nos dice:
"Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán
llamados hijos de Dios". Y por supuesto, atentan contra este quinto
Mandamiento, los medios visuales de comunicación, que matan la
bondad, pureza e inocencia de los niños, con programas muy poco
pedagógicos, que emiten cuando éstos, terminan sus clases en los
colegios. ¿Dónde han enterrado aquellos programas infantiles,
divertidos y culturales, con los que los niños disfrutaban mientras
merendaban?. Quien no recuerda, los Chiripitifláuticos, las
marionetas de Marilín, los payasos de la tele, un globo dos globos
tres globos, barrio sésamo, la abeja Maya, Heide, Marco, cesta y
puntos y tantos y tantos otros. Ahora, a esa misma hora netamente
infantil, les ofrecen, novelas, programas de los llamados prensa
rosa con problemas familiares, de homosexualidad de travestis, o de
violencia doméstica. Recuerdo, que el confesor después de una
pequeña pausa, que a mí me pareció interminable, me invitó a
proseguir el repaso, al resto de los Mandamientos.