Padre eterno, Fuente de todo amor y
misericordia, por amor a nosotros enviaste a tu Hijo, y quisiste
que la sangre y el agua que brotaron de su lado lavara nuestro pecado y
restaurara la inocencia perdida. Escucha el grito de cada mujer que
llora la pérdida de un hijo abortado. Perdona su pecado,
restáurala en tu gracia, y calma el terror de su corazón con la
paz que sobrepasa todo entendimiento. Mediante la intercesión de
la Bienaventurada Virgen María, Madre de ternura y nuestra Madre, fortalece
su fe en ti. Dale el consuelo de creer que su hijo está ahora con
el Señor. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, que conquistó
el pecado y la muerte, y que vive y reina contigo, en la unidad el
Espíritu Santo, un Dios, por los siglos de los siglos. Amén.