El
Vaticano a fondo: dictó Los Diez Mandamientos del Buen Automovilista
La
esfera más alta de la Iglesia Católica expresó ayer su preocupación por
los numerosos muertos en calles y rutas y denunció que el coche se ha
convertido en un objeto de ostentación y vanidad para suscitar envidia.
Solicita además a los conductores que hagan la señal de la cruz antes de
salir a la carretera y propone la instalación de capillas móviles en
autopistas. En la nota, las nuevas tablas motorizadas de Moisés.
Así
se destaca en el documento Orientaciones para la pastoral de la
carretera, presentado por el cardenal Renato Martino, presidente del
Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes, que ha preparado
el texto en el que la Iglesia reflexiona y ofrece su contribución ante
el fenómeno de la movilidad humana en la época actual, especialmente a
través de la carretera y el tren. El documento resalta que la carretera y
el ferrocarril deben estar al servicio del hombre, cuyos
comportamientos cambian -precisa- radicalmente si es conductor o peatón.
Recomienda
santiguarse y usar la cadencia del rosario para no distraerse al
manejar
El Vaticano emite los Diez Mandamientos del Camino
Cardenal
Martino explica que rebasar con imprudencia es literalmente
pecado.
Hace un tiempo, el Vaticano emitió un conjunto
de
“diez mandamientos” para conductores, pidiéndoles no matar, no beber y
manejar, y ayudar a sus compañeros viajeros en caso de accidentes.
En un documento inusual, el Consejo Pontificio para la Pastoral de
los Emigrantes e Itinerantes también advirtió que los automóviles pueden
ser “una ocasión para pecar”, en particular cuando se usan para rebasar
peligrosamente o para la prostitución.
Alertó sobre los efectos del enojo carretero, señalando que manejar
puede sacar a relucir comportamiento “primitivo” en los conductores,
entre lo que se incluye “falta de cortesía, gestos rudos, maldiciones,
blasfemias, pérdida del sentido de responsabilidad o violación
deliberada del código carretero”.
El texto urgió a los conductores a obedecer las regulaciones del
tráfico, a conducir con un sentido de lo moral y a rezar al estar tras
el volante.
“Obviamente, alguien que permite que su atención sea desviada
mientras maneja por un teléfono celular o una televisión no se está
comportando acorde con la prudencia”, dice el manual.
El cardenal Renato Raffaele Martino, jefe del Consejo, dijo en
rueda de prensa que el Vaticano consideró necesario tocar las
necesidades pastorales de los conductores porque manejar se ha vuelto
una parte esencial de la vida contemporánea.
Apuntó que la Biblia está llena de gente en movimiento, incluyendo a
María y José, los padres de Jesús, y que el Consejo a su cargo tiene
que ver con todas las personas emigrantes e itinerantes, incluyendo a
refugiados, prostitutas, camioneros y personas sin hogar.
“Sabemos que cada año mueren 1.2 millones de personas y que otras
50 millones resultan heridas en las carreteras del mundo como
consecuencia de la negligencia y las violaciones al código de
circulación”, dijo Martino. “Esa es una realidad triste, y a la vez un
gran reto para la sociedad y la Iglesia”.
Consultado acerca de cuándo un auto se convierte en ocasión de
pecado, el cardenal Martino respondió: “Cuando un auto es usado como
lugar para el pecado”.
Una parte del documento, en la sección “Vanidad y glorificación
personal”, no caerá bien entre los propietarios de Ferraris en la Italia
amante de los motores.
“Los autos se prestan particularmente para que sus propietarios los
usen como modo de ostentación y como medio para eclipsar a otras
personas y generar un sentimiento de envidia”, manifestó.
El documento, Orientaciones para el cuidado pastoral de la
carretera, encomia los beneficios de manejar: salir con la familia,
llevar los enfermos al hospital, permitir a la gente ver otras culturas.
Pero también lamenta el montón de negatividades asociadas a los
autos: los conductores usan sus vehículos para presumir; manejar “ofrece
una oportunidad fácil de dominar a otros” acelerando; los conductores
pueden matarse a sí mismos y a otros si no afinan sus autos
regularmente, si beben, usan drogas o se duermen al volante.
También apuntó el dedo a los problemas de tráfico particulares de
Roma: “El peligro también se deriva de los autos citadinos, manejados
por jóvenes y adultos que no tienen licencias de manejo, y por el uso
imprudente de motonetas y motocicletas”.
Pide a los conductores obedecer los límites de velocidad y ejercer
un montón de virtudes cristianas: caridad hacia los otros conductores,
prudencia en los caminos, la esperanza de llegar a salvo y justicia en
caso de choques.
Sugirió además que la oración podría ser útil: santiguarse antes de
arrancar y rezar el rosario en el camino. El rosario es particularmente
apto para ser recitado en el auto puesto que su “ritmo y suave
repetición no distraen la atención del conductor”.
El documento está dirigido a las conferencias episcopales de todo
el mundo, y como tal ofrece sugerencias para sus trabajadores
pastorales, incluyendo establecer capillas en las carreteras y realizar
“liturgias periódicas” en ejes carreteros, paradas camioneras y
restaurantes.
El Vaticano, el Estado soberano más pequeño del mundo, no tiene
muchos de los problemas enumerados en el documento. Tiene unos mil
automóviles, el límite de velocidad es de 30 km/h y el último accidente
dentro del Vaticano fue hace cerca de año y medio y provocó daños
menores.
El decálogo
No hubo rayos y truenos desde el monte Sinaí, pero el Vaticano
produjo ordenamientos sensatos.
1. No matarás.
2. El camino será para ti un medio de comunión entre personas y no
un medio de daño mortal.
3. Cortesía, honestidad y prudencia te ayudarán a encarar eventos
imprevistos.
4. Sé caritativo y ayuda a tu vecino en necesidad, especialmente a
las víctimas de accidentes.
5. Los vehículos no serán para ti una expresión de poder y dominio,
ni una ocasión para pecar.
6. Persuade caritativamente a los jóvenes y a los no tan jóvenes de
que no manejen cuando no estén en condiciones aptas para hacerlo.
7. Apoya a las familias de las víctimas de accidentes.
8. Reune a los conductores culpables y a sus víctimas, en el
momento apropiado, para que puedan pasar por la liberadora experiencia
del perdón.
9. En el camino, protege a la parte más vulnerable.
10. Siéntete responsable hacia los otros.
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