Jueves, 11 de febrero de 2010


Parte 54 (última) del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

 

 

Jesús te necesita para la gran tarea de la salvación del mundo. Pero ¿serás capaz de dejarle manejar el carro de tu vida? ¿te dejarás amar por El hasta las últimas consecuencias y aceptar su voluntad en todo momento? ¿Puedes entregarte a El sin condiciones? ¿Has escuchado su llamado?.

 

Jesús está invitando a gente de la más diversa condición en todas partes del mundo y está reuniendo a su pueblo para la gran batalla de la conquista del mundo para Dios. ¿Has escuchado tú también este llamado de Jesús a seguirle a tiempo completo y sin condiciones? No es necesario que seas religioso o sacerdote; si te sientes llamado a ello, es que te ha escogido con una especial predilección. Pero quizás tu llamado sea simplemente a seguirle sin miedo ni reservas en el lugar donde vives y con los hermanos que te rodean. Quizás te está llamando hace tiempo y tú le estabas dando largas, por miedo al qué dirán o a tantas cosas que debes dejar. Pero si no eres capaz de arriesgarte, nunca llegarás a hacer nada que valga la pena en la vida. Cristo quiere ser el Rey de tu vida, el jefe de tu hogar, el dueño de tu corazón, el Señor de tu cuerpo y de tu alma y de todas tus cosas. ¿Podrías decir de verdad, con sinceridad, que Jesús es tu Señor?. Di ahora mismo: Jesús es mi Señor. Dilo sin miedo. No te avergüences, porque del que se avergüence de El y del Evangelio, también El se avergonzará delante de su Padre celestial. Di sin temor: Yo soy de Jesús, mi vida es de Jesús, mi familia es de Jesús, mi casa es de Jesús, mi trabajo es de Jesús... todo es de Jesús. “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos, morimos para el Señor y tanto en la vida como en la muerte somos del Señor” (Rom 14,7-8).

 

Yo te invito ahora, cualquiera que sea tu ideología y tus opiniones, a que mires de frente a Jesús y le digas de todo corazón: Señor, yo quisiera creer en Ti, yo quisiera predicar en tu Nombre tu Palabra y caminar por el mundo, proclamando tu amor. Yo quisiera ser feliz, pero no sé cómo. Ayúdame, sáname, perdóname, libérame de tanta oscuridad que hay en mi mente y en mi corazón. Ten compasión de mí, Señor, yo te necesito, porque soy un pecador. Ven a mi corazón en este mismo instante, yo deseo vivir contigo para siempre. Deseo creer en ti y vivir de ahora en adelante solamente para Ti. Confío en Ti, Señor. Quiero que tú seas el Señor y el Rey de mi vida, me rindo a tus pies, me postro ante Ti y te entrego todo lo que soy y tengo. Haz de mí lo que tu quieras, sea lo que sea te doy las gracias, porque te amo y confío en Ti, porque tu eres mi Dios y mi Señor. Aquí estoy para servirte.

 

CONCLUSION

 

Después de haber recorrido brevemente las principales verdades de nuestra fe, nos sentimos orgullosos de ser católicos. Jesús está vivo y presente en las iglesias católicas en la EUCARISTIA. Tenemos el amor de una Madre, linda y buena, la Madre de Jesús y Madre nuestra, cuyo amor e intercesión nos obtiene grandes bendiciones del Señor. Incluso, el amor e intercesión de nuestros hermanos santos es para nosotros una fuente inmensa de bendiciones.

 

Ellos han vivido en plenitud nuestra fe católica y han llegado a grandes alturas de santidad. Ellos han vivido el Evangelio completo y nos hablan con experiencia de todas las verdades que nos propone la Iglesia, que interpreta auténticamente la Escritura. Ser católico (de verdad) es cumplir el Evangelio en plenitud. Ser católico es ser misionero y preocupamos de la salvación de los demás y predicarles la Palabra de Dios. Ser católico es tener una guía segura para nuestra fe en la autoridad del Papa y no en nuestra propia interpretación personal de la Palabra de Dios. Ser católico significa ser universal y pertenecer a la Iglesia de Cristo, a la única Iglesia de Cristo que El fundó, columna y fundamento de la verdad. Esto lo decimos con humildad, pero con la firmeza de la verdad.

 

Demos siempre gracias a Dios por el regalo inmerecido e inestimable de nuestra fe católica. A aquéllos que han abandonado nuestra fe podríamos decirles con S. Pablo: “me maravillo de que tan pronto, abandonando al que os llamó en la gracia de Cristo os hayáis pasado a otro Evangelio. No es que haya otro, lo que hay es que algunos os turban y pretenden pervertir el Evangelio de Cristo, pero, aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciara otro Evangelio distinto del que os hemos anunciado ¡sea anatema! ¡Os lo he dicho antes y ahora de nuevo os lo digo: Si alguno os predica otro Evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema! (Gal 1,6-9).

 

La Iglesia es la roca firme de la verdad, fundada por Cristo sobre la autoridad del Papa: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, será atado en el cielo y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo”   (Mt 16, 18-19).

 

Que Jesús te bendiga por medio de María, Amén.

 

Tu hermano P. Angel Peña O.A.R.

 

 

 

 

 

Tu eres la esperanza de la Iglesia.

Cristo cuenta contigo y te necesita para la gran tarea de la salvación del mundo.

Sonríe, Dios te ama.


Tags: libro, católico, Jesús, salvador

Publicado por mario.web @ 19:50
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