Domingo, 14 de febrero de 2010
Querido hijo: 

Mientras vivas en ésta casa tendrás que seguir las reglas. Cuando tengas tu propia casa podrás hacer tus propias reglas. En ésta, no tenemos una democracia. Yo no hice campaña para ser tu padre. Tú no votaste por mí. Somos padre e hijo por la gracia de Dios y yo acepto ese privilegio y asumo la responsabilidad. Al aceptarlo tengo la obligación de realizar el rol de padre. No soy tu compañero. Nuestras edades son muy diferentes. Podemos compartir muchas cosas, pero no somos compañeros. 

Yo soy tu padre. 

Esto es cien veces más que un compañero. Soy también tu amigo, pero estamos en niveles diferentes. Tú harás en ésta casa lo que yo diga y no podrás cuestionarme porque lo que yo te pida que hagas está motivado por el amor. Esto te será difícil de entender hasta que tengas tus propios hijos. Mientras tanto confía en mí. 

Te quiero mucho 
Tu padre 

Así como le hablamos a nuestros hijos en ésta carta pidiendo su confianza en nosotros dando por hecho que su entendimiento es limitado por ahora, y que deben confiar en nosotros porque los amamos, de la misma forma Dios nos habla a cada uno de nosotros. Él nos pide hacer su voluntad y nos pide también que tengamos fe en Él quien nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Nuestro entendimiento de la voluntad de Dios es limitado, y es por eso que Dios nos pide que confiemos ciegamente en Él.

Tags: carta, hijo, pensamiento, reflexión

Publicado por mario.web @ 16:03
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