Jueves, 18 de febrero de 2010

Una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba derrota, entro a una tienda. La mujer se acerco al dueño de la tienda y, en la manera mas humilde, le pregunto si podía llevarse algunas cosas a crédito (lo que los puertorriquenos conocemos como fiao). Con voz suave le explico que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar; tenían siete niños y necesitaban comida. El dueño le grito y le pidió que abandonara su tienda.

Viendo la necesidad que estaba pasando su familia la mujer continuo: "¡Por favor señor! Se lo pagare tan pronto como pueda". El dueño le dijo que no podía darle crédito ya que no tenia una cuenta de crédito en su tienda.

De pie cerca del mostrador se encontraba un cliente que escucho la conversación entre el dueño de la tienda y la mujer. El cliente se acerco y le dijo al dueño de la tienda que el se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia.

El dueño, de una manera muy tosca, pregunto a la mujer: "Tiene usted una lista de compra?". La mujer dijo: "Si señor".

"Esta bien," dijo el dueño, "ponga su lista en la balanza y lo que pese su lista, le daré yo en comestibles”. La mujer titubeo por un momento y cabizbaja, busco en su cartera un pedazo de papel y escribió algo en el. Puso el pedazo de papel, cabizbaja aun, en la balanza.

Los ojos del dueño y el cliente se llenaron de asombro cuando la balanza se fue hasta lo mas bajo y se quedo así. El dueño entonces, sin dejar de mirar la balanza y de mala gana, dijo: "¡No lo puedo creer!".

El cliente sonrió y el dueño comenzó a poner comestibles al otro lado de la balanza. La balanza no se movió por lo que continuo poniendo mas y mas comestibles hasta que no aguanto mas.

El dueño se quedo allí parado con gran disgusto. Finalmente, agarro el pedazo de papel y lo miro con mucho mas asombro.... No era una lista de compra, era una oración que decía:

"Querido Señor, tu conoces mis necesidades y yo voy a dejar esto en tus manos".

El dueño de la tienda le dio los comestibles que había reunido y quedo allí en silencio. La mujer le agradeció y abandono su tienda. El cliente le entrego un billete de cincuenta dolares al dueño y le dijo:

"Valió cada centavo de este billete".

Solo Dios sabe cuanto pesa una Oración.


Tags: cuanto, pesa, oración

Publicado por mario.web @ 8:25
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