Jueves, 18 de febrero de 2010


El aspecto humano de Jesús es un ejemplo de que nosotros también podemos resistir a las tentaciones.
 
El demonio no puede hacernos nada conforme al pensamiento, por lo que tiende a atacarnos por medio de la seducción, el engaño, y de vez en cuando la tortura física. ¿Qué persigue con esto el demonio? simple y llanamente alejarnos de Dios, tratar de convencernos de que no somos hijos dé Dios, y así apartarnos para  seguir caminos ajenos a la voluntad divina. 
 
Y es que por cada persona que se aleja del Señor, existe un reclamo por parte de Satanas que deja entrever el sacrificio ínutil de Jesús (no se si recuerden la película de Mel Gibson, en el momento en que el demonio le muestra a Jesús lo vano de su muerte), y con esto le damos argumentos al diablo para hecharle en cara a Dios el porque de tanto amor hacia nosotros.
 
Y es la tentación uno de esos medios por los cuales Satanas busca alejarnos de Dios. Tentaciones que hasta Jesús tuvo que pasar. Tentaciones que trataron de desviar el camino de Jesús para separarlo del Padre y que buscaban exaltar en Cristo el egoísmo, la desconfianza y la vanidad.
 
Pero Jesús llega pobre al desierto y sabe muy bien que los bienes materiales son un medio, pero nunca un fin, no se trata de hartarse egoistamente. Sabe que ante todo es más importante el amor del Señor, y que si es cierto que el hambre que tiene es grande, también sabe que el amor que siente por su Padre es mucho más grande, "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor". Por eso cuando sintamos hambre de bienes materiales, probemos mirar a Dios para ver que podemos recibir de Él, de esta manera no nos alejaremos del Padre.
 
Jesús encontro el silencio en el desierto, buscando la palabra de Dios, buscando confiar totalmente en su Padre. Y satanas aprovecha este silencio para tentarlo, para probar que Dios no le habla, que el silencio de Dios es más fuerte que los gritos que damos. Pero fracasa, ya que en medio de aquel absoluto silencio se escucha la voz de Cristo que proclama: "No tentaras al Señor tu Dios", afianzando con esto toda la confianza que tiene en el Padre. Así que cuando el silencio irrumpa en nuestras vidas mostrandonos toda clase de peligros busquemos a Dios, escuchemos su palabra, ya que el siempre y en cualquier momento nos aconsejara, de esta manera no nos alejaremos del Padre.
 
Jesús en el desierto prueba la soledad, y el demonio le ofrece todo el mundo para ponerlo a sus pies. Que tentación tan grande, la mayor de todas a la que un ser humano pudiera aspirar, vencer la soledad en base al poder. Pero Jesús, sabe muy bien que quien se entrega a la vida mundana tarde o temprano terminara solo. Y es que solamente Dios es el eterno acompañante, y renunciar a Él sólo conlleva que algun día terminaremos sin su hermosa presencia, por lo que "Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él darás culto". Por eso cuando te sientas solo en un mundo donde el poder, el status, el gramour, la vanidad, te hagan pensar que es la solución a cualquier problema, recuerda que sólo Dios es la verdadera solución, porque es el que verdaderamente te acompañará en todo, así que en esos momentos sólo procura adorarlo.
 
La cuaresma lleva implicito todo esto: que en la pobreza, en el silencio, en la soledad Dios propicia el encuentro con nosotros; y lo más importante: pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, jamás pero jamás dejaremos de ser hijos de Dios, que nunca se nos olvide esto para que estando lejos de Él procuremos acercarnos y buscarlo. "Me buscarán y me encontrarán cuando me soliciten de todo corazón" Jeremías 29,13.


Tags: tentación, Jesús

Publicado por mario.web @ 8:35
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