Jueves, 18 de febrero de 2010

 

Como rezar el rosario
El fervor de nuestra plegaria y no precisamente su longitud agrada a Dios y le gana el corazón. Una sola Avemaría bien dicha es más meritoria que ciento cincuenta mal dichas. Casi todos los católicos rezan el Rosario o al menos una tercera parte del mismo o algunas decenas de Avemarías. ¿Por qué, entonces, hay tan pocas personas que se corrigen de sus pecados y adelantan de veras en la virtud? ¡Porque no rezan como se debe!
Quien reza el Rosario debe hallarse en estado de gracia o estar al menos resuelto a salir del pecado.
Para rezar bien no basta expresar nuestra súplica con la más hermosa de las oraciones, que es el Rosario.
Es preciso también hacerlo con gran atención. Porque Dios oye más la oración del corazón que la de los labios. Orar a Dios con distracciones voluntarias sería una irreverencia capaz de hacer infructuosos nuestros Rosarios
Es verdad que no podrás rezar el Rosario sin padecer algunas distracciones involuntarias. Te será aún más difícil recitar un Avemaría sin que la imaginación, siempre inquieta, te robe parte de la atención. Pero, sí, te es posible rezar sin distracciones voluntarias.
Aunque durante el Rosario tu imaginación haya estado llena de distracciones e ideas extravagantes, siempre que hayas procurado desecharlas lo mejor posible tan pronto como te diste cuenta de ellas, tu Rosario será mucho mejor. Porque es más meritorio. Y será más meritorio, cuanto más difícil. Y es tanto más difícil, cuanto menos agradable te resulte  el verte acosado por infinidad de fastidiosos “mosquitos y hormigas” (llamando así a todos los pensamientos que se nos viene a la mente), que corriendo por una y otra parte en la imaginación, pero a pesar tuyo, no permiten al espíritu saborear lo que dices ni descansar tranquilamente.
Para recitar bien el Rosario, después de invocar al Espíritu Santo, ponte un momento en presencia de Dios y ofrece las decenas.
Antes de empezar cada decena, detente un momento, más o menos largo según el tiempo de que dispongas, a considerar el misterio que vas a contemplar en dicha decena. Y pide por ese misterio y por intercesión de la Santísima Virgen, una de las virtudes que más sobresalgan en él o que más necesites.
Pon atención particular en evitar los dos defectos más comunes que cometen quienes rezan el Rosario:
• el primero es el no formular ninguna intención antes de comenzarlo. De modo que si les preguntas por qué lo rezan, no saben qué responder. Ten, pues, siempre ante la vista una gracia por pedir, una virtud que imitar o un pecado por evitar;
• el segundo defecto, en que se cae al rezar el Rosario, es no tener otra intención que la de acabarlo pronto. Procede este defecto de considerar el Rosario como algo oneroso y tremendamente pesado hasta haberlo terminado, sobre todo si te has obligado a rezarlo en conciencia o te lo han impuesto como penitencia y como a pesar tuyo.
El fervor de nuestra plegaria y no precisamente su longitud agrada a Dios y le gana el corazón. Una sola Avemaría bien dicha es más meritoria que ciento cincuenta mal dichas. Casi todos los católicos rezan el Rosario o al menos una tercera parte del mismo o algunas decenas de Avemarías. ¿Por qué, entonces, hay tan pocas personas que se corrigen de sus pecados y adelantan de veras en la virtud? ¡Porque no rezan como se debe!
Quien reza el Rosario debe hallarse en estado de gracia o estar al menos resuelto a salir del pecado.
Para rezar bien no basta expresar nuestra súplica con la más hermosa de las oraciones, que es el Rosario.
Es preciso también hacerlo con gran atención. Porque Dios oye más la oración del corazón que la de los labios. Orar a Dios con distracciones voluntarias sería una irreverencia capaz de hacer infructuosos nuestros Rosarios
Es verdad que no podrás rezar el Rosario sin padecer algunas distracciones involuntarias. Te será aún más difícil recitar un Avemaría sin que la imaginación, siempre inquieta, te robe parte de la atención. Pero, sí, te es posible rezar sin distracciones voluntarias.
Aunque durante el Rosario tu imaginación haya estado llena de distracciones e ideas extravagantes, siempre que hayas procurado desecharlas lo mejor posible tan pronto como te diste cuenta de ellas, tu Rosario será mucho mejor. Porque es más meritorio. Y será más meritorio, cuanto más difícil. Y es tanto más difícil, cuanto menos agradable te resulte  el verte acosado por infinidad de fastidiosos “mosquitos y hormigas” (llamando así a todos los pensamientos que se nos viene a la mente), que corriendo por una y otra parte en la imaginación, pero a pesar tuyo, no permiten al espíritu saborear lo que dices ni descansar tranquilamente.
Para recitar bien el Rosario, después de invocar al Espíritu Santo, ponte un momento en presencia de Dios y ofrece las decenas.
Antes de empezar cada decena, detente un momento, más o menos largo según el tiempo de que dispongas, a considerar el misterio que vas a contemplar en dicha decena. Y pide por ese misterio y por intercesión de la Santísima Virgen, una de las virtudes que más sobresalgan en él o que más necesites.
Pon atención particular en evitar los dos defectos más comunes que cometen quienes rezan el Rosario:
• el primero es el no formular ninguna intención antes de comenzarlo. De modo que si les preguntas por qué lo rezan, no saben qué responder. Ten, pues, siempre ante la vista una gracia por pedir, una virtud que imitar o un pecado por evitar;
• el segundo defecto, en que se cae al rezar el Rosario, es no tener otra intención que la de acabarlo pronto. Procede este defecto de considerar el Rosario como algo oneroso y tremendamente pesado hasta haberlo terminado, sobre todo si te has obligado a rezarlo en conciencia o te lo han impuesto como penitencia y como a pesar tuyo.

 


Publicado por mario.web @ 8:52
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