Martes, 23 de febrero de 2010

Hay un periodo cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos, es que los niños crecen independientemente de nosotros como árboles murmurantes y pájaros imprudentes, crecen. . . sin pedir permiso a la vida, crecen con una estridencia alegre y a veces con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días de igual manera, crecen de repente: un día se sientan cerca de ti en. La terraza, y te dicen una frase con tal naturalidad que sientes que ya no puedes mas ponerle panales a aquella criatura. ¿Donde fue que anduvo creciendo, aquella insignificancia que no percibiste?

¿Donde quedaron, la placita de jugar en la arena, las fiestecitas de cumpleaños con payasos, los juguetes preferidos?

 

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil. Ahora estas allí, en la puerta de la discoteca, esperando que el o ella, no solo crezca, sino aparezca, allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos. Allá están nuestros hijos; entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas, con el uniforme de su generación e incomodas mochilas de moda en los hombros. ¡Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos, esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes de los vientos, de las cosechas, de las noticias y de la dictadura de las horas! Ellos crecieron, medios amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos, principalmente con nuestros errores que esperamos que no repitan.

 

Hay un periodo en que los padres van quedando un poco huérfanos de los propios hijos. Ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y de las fiestas. Paso el tiempo del piano, el ballet, el ingles, la natación y el karate. Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas. Deberíamos haber ido mas junto a su cama al anochecer, para oír su alma respirando conversaciones y confidencias entre las sabanas de la infancia, y a los adolescentes sobrecamas de aquellas piezas, llenas de calcomanías, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

 

No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos, no les compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles. Ellos crecieron, sin que agotásemos con ello todo nuestro afecto. Al principio fueron al campo, o fueron a la playa entre discusiones, galletitas, congestionamiento, navidades, pascuas, piscinas y amigos. Si, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana, los pedidos de chicle y reclamos sin fin. Después llego el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros enamorados. Los padres quedaban exiliados de los hijos, tenían la soledad que siempre desearon pero de repente morían de nostalgia de aquellas pestes. Llega el momento en que solo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y rezando mucho. En ese tiempo, si nos habíamos olvidado, recordamos como rezar. Para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad y que la conquisten del modo mas completo posible. El secreto es esperar.

 

En cualquier momento nos pueden dar nietos, el nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos y que no puede morir con nosotros, por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño. Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.

 

Por eso es necesario hacer algunas cosas adicionales, antes de que ellos crezcan, así es, solo aprendemos a ser hijos después de que somos padres, solo aprendemos a ser padres, después de que somos abuelos, en fin, solo aprendemos a vivir, después de que ya no tenemos mas vida.

Tags: antes, crezcan

Publicado por mario.web @ 14:34
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