S?bado, 06 de marzo de 2010

Invoquemos al Espíritu Santo:

“Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María Santísima, tu amadísima Esposa”.

 

La Santísima Trinidad

 

Hasta ahora vimos lo que es Dios y cómo es Dios. ¿Pero quién es Dios? Cuando nos hacemos la Señal de la Cruz sobre el pecho estamos expresando quién es Dios. Este es el misterio central de nuestra fe. Cuando hacemos la Señal de la Cruz, decimos: “En el nombre”, en singular, no decimos “En los nombres” en plural. ¿Por qué? Porque hay un solo Dios vivo y verdadero; y sin embargo, luego de decir “En el nombre” mencionamos a tres: “Del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. ¿Por qué? Porque en el Único Dios vivo y verdadero hay Tres Personas distintas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Dios es uno en naturaleza y trino en personas.

La fe católica acerca de la Santísima Trinidad nos hace adorar a “Tres Personas distintas”, de naturaleza única e iguales en su dignidad.

Por lo tanto confesamos:

a) La propiedad o distinción de las personas:

El Padre es Padre, no es ni Hijo ni Espíritu Santo;

El Hijo es Hijo, no es ni Padre ni Espíritu Santo;

El Espíritu Santo es Espíritu Santo, no es ni Padre ni Hijo.

b) La unidad de naturaleza:

Pero todos tienen la misma y única naturaleza de Dios porque el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios y sin embargo no son tres dioses, sino un solo Dios verdadero.

c) La igualdad en la dignidad:

Tan Dios es el Padre como el Hijo y como el Espíritu Santo; tan Dios es el Hijo como el Padre y como el Espíritu Santo; y tan Dios es el Espíritu Santo como el Padre y el Hijo; tan grande el Padre, como el Hijo y como el Espíritu Santo; tan eterno el Padre, como el Hijo y como el Espíritu Santo; tan poderoso el Padre como el Hijo y como el Espíritu Santo.

Dios Padre piensa, desde toda la eternidad, un pensamiento que es igual a Él en todo y por ser pensamiento de Dios es infinito como Él. El Pensamiento, o Verbo, o Palabra, por ser infinito, constituye una Persona, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad: el Hijo. Ahora bien, el Padre y el Hijo, que mutuamente se conocen, no pueden menos que amarse. Ese amor, por proceder de Dios, es infinito, y constituye, por lo tanto, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad: el Espíritu Santo.

Siempre que nos hagamos la Señal de la Cruz, pensemos en este Dios todopoderoso y eterno, inmenso y bueno, justo y sabio, Padre, Hijo, Espíritu Santo, infinitamente feliz, hermoso, libre, trascendente, espíritu puro y providente, el cual, no por necesidad, sino por pura bondad, porque quiso participar a otros seres su vida, su verdad, su amor y su felicidad, nos creó para que fuésemos capaces de conocerlo, amarlo y servirlo y así ser muy felices en esta vida y muchísimo más en la otra.

No tratemos de esforzarnos en entender el misterio de la Santísima Trinidad, porque como todo misterio de nuestra fe católica, es superior infinitamente a la razón humana, aunque no la contradice. Debemos creerlo firmemente con fe humilde.

Vaya esta anécdota a modo de ejemplo:

San Agustín, paseándose a orillas del mar, se esforzaba por penetrar el misterio de la Santísima Trinidad. Mientras iba ocupado en estos pensamientos, vio a un niño ocupado en echar, con un pequeño recipiente, el agua del mar en un hoyo cavado en la playa.

– ¿Qué haces, niño?

– Quiero echar toda el agua del mar en este hoyo.

– Niño, ¿no ves que es imposible, porque el agua es muchísima y el pozo muy pequeño?

El niño, que era un ángel, respondió:

– Más fácil me será a mí echar toda el agua del mar en este hoyo, que a vos comprender el misterio de la Santísima Trinidad.


Tags: Santísima, Trinidad

Publicado por mario.web @ 23:02  | religion
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