Martes, 09 de marzo de 2010

Muchos se preguntan: ¿Por qué la mujer maltratada física, psicológica y sexualmente tolera esa situación durante años? Esta pregunta se parece a otra que se oye mucho: ¿Por qué las esposas de alcohólicos no se separan o lo hacen sólo después de muchos años de sufrimientos? Hay varias razones. La mujer del alcohólico, la persona abusada se vuelve codependiente de su marido (el agresor), aún después de ser golpeada. Yo he escuchado esta frase: "Es que yo lo quiero tanto". Personas que llevan años soportando golpes dicen: "Yo no me separo porque lo quiero". Es imposible querer a una persona que te está tratando como si fueras un animal; o es que estás muy mal de la mente. Eso no es querer, eso es depender de esa persona.

Recuerdo que alguna vez dijeron durante una terapia: "Es que yo me siento culpable de lo que está pasando". A los 4 días de que por poco la mata, ella se sentía culpable. Era una mujer de Dios, que había luchado y se creía culpable, como si se mereciera el maltrato. ¿Por qué se lo cree? Porque él se lo ha dicho tantas veces que cuando la golpea cree merecerlo. Muchas mujeres quisieran que se acabara la violencia pues quieren recibir amor. "Si mi esposo cambiara", dicen.

Todo ser humano puede cambiar con la ayuda de Dios. Pero, si él no reconoce que tiene esos problemas, jamás en la vida va a cambiar. El típico abusador, el que maltrata, cree no tener problemas, igual que el alcohólico. ¿Cómo va a cambiar?

Otro motivo por el cual algunas mujeres no se separan de este problema de codependencia completa, es que las anima la familia y lamentablemente la Iglesia, a permanecer con el abusador. Sobre todo la familia les aconseja que mantengan esa relación por "el bien de tus hijos". "¿Cómo vas a dejar a tus hijos sin padre?", les dicen.

¿Qué es mejor, tener un padre que golpea a su madre y que luego golpeará a sus hijos, o no tener padre? Se les hace mucho más daño a los hijos cuando ven que su padre golpea a su madre. Para los niños pequeños la madre es la base de toda su vida, la base de su afectividad, la base de su seguridad. Si una madre es golpeada, sus hijos se derrumban afectivamente. Es mucho mejor separase. Yo no estoy a favor del divorcio, pero la separación es, a veces, menos dañina.

A veces las mujeres no se separan y sufren en silencio por miedo a perder su seguridad económica y la de sus hijos. Esto sucede sobre todo en la mujer que no tiene educación. Por eso yo le digo a toda mujer: "Estudie, prepárese, Ud. no sabe lo que le va a pasar el día de mañana". Ojalá que la mujer no tenga nunca necesidad de salir a trabajar y pueda cuidar a sus hijos. Yo pienso así, y mi señora mientras mis hijos fueron pequeños, nunca fue a trabajar. Pero muchas mujeres que están siendo maltratadas piensan: "¿Ahora qué voy a hacer?".

Otras veces no se separan debido a las amenazas de más violencia o de muerte, si intentan separarse. "Si le dices algo a la policía te mato". Ese suceso está a la orden del día.

También le impiden a la mujer a veces darse cuenta de que está siendo maltratada, sus creencias religiosas. Que quede bien entendido esto: hay que luchar por mantener el matrimonio, pero en una situación de estas no es deber de una mujer mantenerse casada a toda costa. Dios no quiere eso. Yo he oído decir a estas mujeres muchas veces: "Esta es la voluntad de Dios". No metamos a Dios en la violencia; él no quiere que se maltrate a la mujer ni a los hijos. Dios no quiere eso.

Es cierto que hoy las mujeres maltratadas buscan más ayuda que en el pasado; se va dejando a un lado esa absurda actitud pasiva respecto a los esposos abusivos. Pero algunos estudios señalan que todavía entre dos y cuatro millones de mujeres son agredidas severamente por el mal llamado sexo fuerte.

Cuando se pregunta a algunas mujeres por qué aguantaron maltrato durante años, la respuesta más común es ésta: "Por mis hijos; no quería que se criaran sin un padre". Parece una respuesta válida, pero si la analizamos profundamente descubrimos su inconsistencia. Sucede que en una situación de violencia los hijos también salen perdiendo. El crecimiento en una atmósfera de miedo, tensión y terror influirá negativamente en su desarrollo emocional y más tarde se manifestará en el abandono escolar, en el uso de drogas, en desórdenes psicológicos y en violencia y delincuencia.

¿Es justo mantener a los hijos en ese ambiente infernal? Aunque sea triste que unos hijos se queden sin padre, peor es que crezcan viendo cómo su padre maltrata a su madre.

Hay víctimas que también dan esta otra respuesta: "Es mi deber seguir casada...ésa es la voluntad de Dios." Ignoran que el matrimonio es una alianza de amor, instituida por Dios Amor. Aunque la Iglesia no admite el divorcio de matrimonios válidamente celebrados, sí admite la separación cuando hay signos inequívocos de desamor, como es el maltrato sistemático.

En muchos casos influye el factor económico. Soportan cuanta vejación venga con tal de no perder la seguridad económica para sí y sus hijos. Se trata generalmente de mujeres con poca preparación académica, conscientes de que sin el marido no podrían vivir cómodamente.

Lo peor es que la mujer repetidamente abusada se destruye psicológicamente. Su yo, su identidad individual, se erosiona. Eso la incapacita para tomar las decisiones correctas. Cae en la ambivalencia efectiva ("¡Qué bueno es él cuando no me golpea!"); su autoestima queda por los suelos hasta creer ella misma que merece tales insultos y golpes.

Cuando una persona cae a ese nivel, su capacidad de decisión queda prácticamente anulada, porque el principio vital está herido de muerte. Si a una persona así aplastada se le amenaza con un "Si me denuncias, te mato", se sentirá paralizada. Quizás en un último intento de supervivencia reaccione, pero usando las mismas armas que a ella la han destruido.

No dejen que las aguas se conviertan en torrentes destructores. Ayuden a las víctimas de la violencia y anímenlas a romper esa dependencia nociva.

Nota: Estos párrafos fueron adaptados de la charla del Dr. Jesús Arina en la Iglesia de Santa Águeda y de su libro "Apuntes de vida y fe". El Dr. Arina, es psicólogo en la práctica privada en Miami, Florida. Dicho libro se puede obtener de la Asociación Internacional de María Reina de la Paz en Miami, Florida (teléfono: 305-662-9655) o directamente del Dr. Arina: P.O.Box 55-8821, Miami, Florida, 33255.


Tags: violencia, familiar, mujer, relación

Publicado por mario.web @ 18:17
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