Lunes, 15 de marzo de 2010
Te vi ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin
siquiera saludar a tu Dios. En todo el día no hiciste [2] ni un
momento de oración; no te dirigiste a Él para nada. Ni siquiera te
acordaste de bendecirle por los alimentos que estaban en tu mesa. Eres
muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti.

También me agradaba la enorme flojera que demuestras siempre
en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano. Rara vez lees la Biblia
y cuando lo haces estás cansado. Oras muy poco y muchas veces sólo
recitas mecánicamente palabras que no meditas. Por cualquier pretexto
te disculpas de las reuniones de tu grupo de reflexión-formació n.

¿Y qué decir de tu tacañería en comprometerte
con el Evangelio o en aportar algo en las campañas solidarias? Todo
eso es muy útil para mí. No puedes hacerte una idea de lo que me
alegra que en todo este tiempo en que llevas de cristiano, no hayas
cambiado tu manera de comportarte. Después de todos esos años
sigues como al principio: crees que no tienes nada que cambiar de ti, de
tu vida... ¡me encantas!

Recuerda que Dios y yo convivimos juntos mucho tiempo. Aún
le detesto, como también te detesto a ti por ser hijo suyo, y me
sirvo de ti para molestarle. Él me echó del cielo y yo voy a
emprenderla contigo utilizarte mientras pueda para vengarme de Él.

Mira, ignorante: Dios te ama y tiene grandes planes preparados
para ti, pero tú eres tan inconsciente que te has ido poniendo poco a
poco a mi servicio, y yo voy consiguiendo que te alejes más y más
de él cada día. Así conseguiré que estés conmigo
eternamente, y esto sí va a dolerle a tu Dios. Con tu (inconsciente)
cooperación voy a mostrar quién es realmente el que gobierna tu
vida. ¡Con la de momentos que vamos pasando juntos...!

Hemos disfrutado juntos mucho de tu tiempo libre, cuando te
dejas llevar por lo que hace todo el mundo y dejas de «ser tú». Y
esas veces en que has sido débil e infiel a ti mismo con aquella
personita que se puso a tiro y que tomaste tan poco en serio. ¡Qué
bien nos lo pasamos! Y me encanta ver que no le das importancia, que no
te arrepientes, que te justificas diciendo que eres joven y tienes
derecho a disfrutar de la vida. No hay duda: eres de los míos.

[2] Disfruto mucho con tus horarios locos, con tu falta de previsión
y organización, con tu precipitación, con tu falta de reflexión
para tomar las decisiones, para ser coherente, para aprender de lo que
ocurre a tu alrededor. Lo poco que te gusta escuchar tu voz interior y
lo bien que se te da huir del silencio... Y lo que me río cuando se
te presentan ocasiones de mostrar que eres cristiano -según dices-:
qué bien se te da salirte por la tangente, o callarte o decirte que
no merece la pena discutir, que no lo entenderían.. .

Tengo que agradecerte que con cierta frecuencia eres un gran
colaborador mío y me prestas servicios increíbles: cuando das
malos ejemplos a la gente que vive a tu alrededor, cuando les ríes
las gracias que hacen dejándose llevar de lo que yo mismo les susurro
al oído, cuando no te metes a corregirles a pesar de que no te guste
lo que están haciendo, cuando renuncias a exigirles sus
obligaciones. .. ¡eres fantástico! Cada vez te pareces más a
mí.

Pero lo que más me agrada es que rara vez tengo que
tentarte: casi siempre caes por ti mismo. Tú buscas los momentos
apropiados, tú te expones a situaciones inconvenientes, tú buscas
los ambientes en los que yo me siento cómodo, e incluso compañías
que yo no sabría elegirte mejor... Y como tienes olvidados los
Sacramentos y casi todo lo que podría mantenerte en contacto con tu
Dios... cada vez te miro con más ternura y te voy sintiendo de los
míos... ¡Y sin que te des cuenta! Porque, malo, malo, no eres.
Incluso haces de vez en cuando algunas cosillas para sentirte bien. 
Simplemente eres tibio, mediocre, como la mayoría... Y ya dijo Dios
que la gente así le da asco y la echa de su presencia.

No acostumbro enviar este tipo de mensajes, pero estás tan a
gusto en tu pellejo y en tu estilo de vida, que no creo que vayas a
cambiar. Ni con este mensaje ni con mil consejos que te den. No me
malinterpretes: no pretendo ayudarte lo más mínimo. Si estoy
pendiente de ti es porque me agrada cómo tu manera de comportarte
hacer quedar en ridículo a Jesucristo y a todo lo que dice haber
hecho para salvaros. Ánimo: no te canses. Sigue así.

Tu enemigo mortal
Satanás

PISTAS DE TRABAJO PERSONAL O PARA EL GRUPO
1. Enumerar todos los temas que se tocan en la carta.
2. ¿Cuáles de ellos «me valen»/afectan directamente?
¿Cómo vivo cada uno de ellos realmente?
3. ¿Cuáles son las dudas e inquietudes que tengo en cada uno de
ellos? Ponerlos por orden de importancia
4. ¿Cuáles crees que son las razones de las crisis de fe más
habituales entre los jóvenes de tu generación?
5. ¿Te consideras creyente? ¿Por qué? ¿Qué hace falta
para considerar a alguien «creyente»?: Hacer una definición de
persona cristiana creyente con los elementos indispensables.
6. ¿Es lo mismo ser buena persona y ser creyente-cristiano?¿ Merece
la pena ser cristiano hoy?
7. El cristiano no «nace» ni lo es definitivamente: Hay que
cuidar, podar, hacer crecer... ¡trabajarlo! Y es normal que haya
crisis, bajones... ¿Estás dispuesto a poner algo de tu parte para
buscar/cuidar/ madurar tu fe? En todo esto de la fe no es suficiente con
«hablar, opinar, discutir»... hace falta un trabajo personal y
contrastar con otros que hayan hecho un recorrido más maduro que el
mío, dejarse cuestionar.. . (sea cual sea la opción que uno haya
tomado).

Tags: carta, Satanás

Publicado por mario.web @ 20:50  | religion
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