Jueves, 18 de marzo de 2010

Limosna significa “tener compasión”, “compadecerse”, sentir con el otro, ser solidario. Es mucho más que dar alguna monedita o algún vestido en desuso. Se trata de ser responsable con los propios bienes para desprenderse de tanta cosa inútil en bien de quien lo puede necesitar. Se trata también de hacerse responsable en alguna medida del necesitado para responderle de acuerdo a su necesidad.

Se nos invita a DAR con generosidad, con amor. Dar dinero, dar ropa, dar comida, dar tiempo, dar consejo, dar sonrisas, dar buen trato, dar humor, dar dignidad, dar vida, dar amor. Al que da sin temor nunca le falta lo que necesita para vivir. Dando nos hacemos semejantes a Dios que únicamente da. No pide nada, porque no necesita de nada, sobreabunda en amor. Todo nos lo da para nuestro bien.

EL AYUNO:

No deberíamos reducir el ayuno a la privación de algunos alimentos, como puede ser comer menos o abstenerse de carne en determinados días. Eso sería vaciar el sentido de la “conversión”, que debe ser una vuelta de toda la personalidad a Dios y que ha de comenzar con el amor a uno mismo.
Amarnos a nosotros mismos significa aceptarnos gozosamente así como somos, sin criticarnos, ni juzgarnos, ni condenarnos. ¿Verdad que cuando amamos a alguien empezamos por aceptarlo tal como es, sin criticarlo, ni juzgarlo, ni condenarlo? Precisamente así nos ama Dios. Así debemos amarnos a nosotros mismos.
¿De qué vamos a ayunar entonces? De todo lo que nos daña: los pensamientos y sentimientos negativos, las comidas y bebidas que nos son perjudiciales, el cigarrillo y cualquier otra droga, el maltratarnos o aceptar que nos maltraten, el no confiar en nosotros mismos, etc., etc. Pero si esto lo practicamos solamente durante la Cuaresma no nos servirá de nada. La práctica de la Cuaresma no es más que la invitación y el primer entrenamiento que debe durar toda la vida. Solamente quien se ama a sí mismo es capaz de aceptar el amor de Dios y el amor de su prójimo. Solamente quien se ama a sí mismo es capaz de amar a Dios y a su prójimo.

CUARESMA:

 

La Cuaresma nos prepara a celebrar en forma más intensa cada año el Misterio Pascual del Señor, es decir, el acontecimiento grandioso de su muerte y resurrección con la efusión del Espíritu Santo. Aquí reconocemos la gran intervención salvadora del poder de Dios que nos salva de la muerte por la Muerte de su Hijo y nos introduce en la vida por la Vida nueva de su resurrección.

    Para entrar en esta dinámica de la vida nueva que Jesucristo nos comunica, haciéndonos participar en su Vida de resucitado, es necesaria la conversión. Conversión significa “cambio de dirección” o, como lo indica la palabra griega empleada por los evangelistas: “cambio de mentalidad”. Jesús nos invita a cambiar nuestro modo de pensar, las pautas que rigen nuestra conducta, nuestras opciones de vida, para que haya más luz, más transparencia, más generosidad, más sanidad en nuestras vidas.

    Dice San Pablo que hay que “morir con Cristo para resucitar con El”. Para vivir es preciso antes morir. Pero si ponemos el acento en el morir todo se nos hará más difícil y cuesta arriba. Si, por el contrario, elegimos ante todo vivir, entonces el morir vendrá solo, como una necesidad que acogemos con gusto. Así como cuando alguien inicia su vida de casado profundamente enamorado, deja y muere naturalmente y sin mayores dificultades a su vida anterior de soltero. Dios quiere que vivamos. El nos da la vida. Somos nosotros quienes tantas veces elegimos la muerte y nos hacemos daño. Por ejemplo cuando elegimos sentir odio y desprecio hacia algunas personas, o mantenernos en los rencores y resentimientos por cosas que nos sucedieron en el pasado, o con el hábito de quejarnos siempre de lo mismo, o tristes por no tener lo que deseamos, o con muchos miedos que nos atenazan, o cuando elegimos introducir en nuestro cuerpo sustancias perjudiciales ya sea por lo que comemos, bebemos o fumamos, o mantenernos rígidos en posturas mentales que no hacen más que dañarnos, o no dar de lo que poseemos porque tememos que nos falte.

    Cuando optamos por VIVIR hemos de morir necesariamente a esas cosas eligiendo el amor, el perdón, la aceptación gozosa de la vida, la alegría por lo que somos y tenemos; eligiendo sentirnos seguros y protegidos en este mundo; eligiendo la salud y dándole a nuestro cuerpo alimentos sanos y nutritivos, y a nuestros pulmones aire puro; eligiendo ser generosos con nuestros bienes desprendiéndonos de todo lo que no usamos ni necesitamos…

    Esta puede ser nuestra Pascua personal a la que nos entrena la Cuaresma ir pasando de todo lo que genera muerte en nosotros a lo que genera VIDA. Para esto se nos proponen tres caminos o prácticas que son ya tradicionales: el ayuno, la oración y la limosna. Que también los podríamos llamar así: amor a uno mismo, amor a Dios y amor al prójimo. En definitiva el amor es el resumen de toda la ley, la cualidad distintiva de los cristianos, el fruto del conocimiento de Dios, la medicina para todos los males y el único camino para ser feliz, que es lo que Dios quiere

 
 

 


Tags: limosna, ayuno, cuaresma

Publicado por mario.web @ 0:26  | religion
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