Mi?rcoles, 24 de marzo de 2010


Jaume Boada i Rafi O.P.


 

Dice el Profeta Óseas: "La llevare al desierto, le hablare al corazón... recordaremos nuestro amor primero".

 

Es bueno recordar la "voz" del Señor que nos movió a iniciar este camino.

 

Era una llamada invitándome a tener una historia especial con El. A buscarlo, consagrando todo mi ser al Señor, al Evangelio y al Reino.

 

Era la invitación a seguir de cerca de Jesús, de una forma radical; era la invitación a vivir el evangelio hasta las últimas consecuencias.

 

Y por esto me pregunto: "¿porque, Señor, por que me llamaste a mi, precisamente a mi? ¿Que viste en mi, Señor, que te movió a llamarme, a escogerme? ¿Que plan de amor pensaste para mi vida? Y hoy, ¿te hace feliz mi respuesta?".

 

Son preguntas necesarias para revivir el don de Dios que es la vocación.

 

Nuestra oración consistirá fundamentalmente en dialogar con el Señor sobre la llamada para recordar "nuestro amor primero".

 

La historia de cada una de nuestras vidas, la historia de nuestra vocación es, desde la fe, una historia de amor, del amor gratuito y generoso del Padre.

 

Son diversos los caminos que el Señor ha empleado para hacernos oír su voz: "En cuanto descubrí que existía Dios, comprendí que solo podía vivir buscándolo".

 

Entre nosotros, en nuestras comunidades, habrá quienes se han sentido atraídos por lo absoluto de Dios y por la necesidad irresistible de vivir la plena y total comunión con El, de consagrar todas las energías de la vida a buscarlo y a anunciarlo.

 

Otros han encontrado de modo concreto la persona de Jesús en su vida. Literalmente Jesús se ha apoderado de su corazón después de cruzarse en su vida....

 

Empiezan a percibir el presentimiento de que un día deberán abandonarlo todo para seguirle sin reservas. Y así lo hicieron, o así lo he hecho.

 

Otros han descubierto la necesidad, la miseria, la enfermedad, la soledad, la marginación, la incultura o la pobreza en los hombres, en los niños... y a partir de este descubrimiento Dios hace nacer en su corazón el deseo de dedicar la vida a remediar, desde una consagración, estas carencias de los hombres, mujeres, hermanos.

 

Hay también quienes ya caminaban con Cristo pero de forma mas bien solitaria o, quizás, marginada, desconocida, de incógnito. Y han sentido la necesidad de apoyarse en unos hermanos concretos y entrar en una "escuela espiritual" que alimente, apoye, proteja y favorezca este camino.

 

Otros, finalmente, han descubierto al Señor y al evangelio y han visto en ellos el único sentido de su vida. Y con una gran disponibilidad de corazón se han entregado al Señor para vivir con El, hablar con El, gozar de El y ser testigos y profetas vivos del Señor que vive...

 

Cada una de nuestras vocaciones tiene una historia concreta: Dios se ha servido de personas, de acontecimientos, de circunstancias intranscendentes, aparentemente.

 

Todo ello constituye el hilo conductor con el que el Señor va tejiendo nuestra pobre y pequeña historia.

 

Mirando hacia atrás, es hermoso ver la mano de Dios, el Amor de Dios guiando con amor los pasos de nuestra vida.

 

Por esto, ahora, en este tiempo de Dios, en el dialogo orante con el Señor, yo te invito a preguntarte ante El y en dialogo con El: "Señor, ¿que fue lo que me movió a decirte que sí?".

 

Pregúntale también, pregúntate a ti mismo, "¿Que fuerza tiene hoy en mi "si" del primer día?".

 

Es necesario dedicar un largo rato a recordar ante el Señor nuestro "amor primero" que siempre es nuevo cuando es un amor fiel. Como el olivo, que podrá tener un tronco centenario mientras que sus hojas siempre son nuevas.

 

No es una vuelta narcisista al pasado. Es importante recordar el comienzo como un punto de referencia ineludible. Y mas aun cuando, con frecuencia, se da en nosotros una desviación del objetivo central de nuestra vida. Por esto, encierra una gran sabiduría el apotegma de San Antonio: "Cada día me digo: hoy comienzo".
 


Tags: oído, voz

Publicado por mario.web @ 21:18
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