Autor: Padre Miguel Rivilla San Martin
La vida es un libro abierto para quien lo sabe leer.
Me ha sucedido hoy. Es una simple anécdota con trasfondo aleccionador. Me
encuentro en la calle a un viejo amigo con el que hacía tiempo había hablado de
celebrar sus bodas de oro matrimoniales. Me cuenta compungido, que a su esposa
le ha dado una trombosis cerebral y se encuentra con toda la parte lateral de
su cuerpo paralizado y sin poder hablar. Se le ha venido el mundo encima y se
desahoga contándome al detalle su hospitalización, las pruebas médicas, y la búsqueda
de residencia para su mujer. Tendrá que vender la casita del pueblo para poder
pagar los gastos de una residencia adecuada y afrontar el futuro de su mujer...
Le escucho con sumo interés, le animo con mis mejores palabras, dándole esperanzas de recuperación y le prometo mi oración para superar la dura prueba.
Me estaba despidiendo de el, cuando, he aquí, se cruza con los dos, un conocido de mi amigo, que le saluda de esta manera: “Hombre, fulano, que bien vives, pero que bien te veo y que buena vida la tuya”.(¡?) Sin comentarios. Así es la comedia de la vida.
Se impone una sencilla reflexión en voz alta, que pueda servir a quien lo lea. ¡Que atropellados y dolorosos pueden resultar los juicios que hacemos, a primera vista, del prójimo, del cual apenas conocemos nada más que las apariencias! Y estas, tantas veces como en este caso, nos suelen engañar.
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