Mi?rcoles, 31 de marzo de 2010

(Jn 12,20-33):   En aquel tiempo, había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron aFelipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús».Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Élles respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. Enverdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedaél solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el queodia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno mesirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si algunome sirve, el Padre le honrará.

»Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir?¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre,glorifica tu Nombre». Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y denuevo le glorificaré». La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sidoun trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel». Jesús respondió: «No havenido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo;ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levando dela tierra, atraeré a todos hacia mí». Decía esto para significar de qué muerteiba a morir».

Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a los discípulos con una petición admirable: «Queremos ver a Jesús». Cuando se lo comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido profundo de su vida. Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán cuenta de que Dios es amor y sólo amor para todo ser humano. Se sentirán atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del Misterio de Dios.

Para ello se necesita, desde luego, algo más que haber oído hablar de la doctrina de la redención. Algo más que asistir a algún acto religioso de la semana santa. Hemos de centrar nuestra mirada interior en Jesús y dejarnos conmover, al descubrir en esa crucifixión el gesto final de una vida entregada día a día por un mundo más humano para todos. Un mundo que encuentre su salvación en Dios.

Pero, probablemente a Jesús empezamos a conocerlo de verdad cuando, atraídos por su entrega total al Padre y su pasión por una vida más feliz para todos sus hijos, escuchamos aunque sea débilmente su llamada: «El que quiera servirme que me siga, y dónde esté yo, allí estará también mi servidor».
Todo arranca de un deseo de «servir» a Jesús, de colaborar en su tarea, de vivir sólo para su proyecto, de seguir sus pasos para manifestar, de múltiples maneras y con gestos casi siempre pobres, cómo nos ama Dios a todos. Entonces empezamos a convertirnos en sus seguidores.

Esto significa compartir su vida y su destino: «donde esté yo, allí estará mi servidor». Esto es ser cristiano: estar donde estaba Jesús, ocuparnos de lo que se ocupaba él, tener las metas que él tenía, estar en la cruz como estuvo él, estar un día a la derecha del Padre donde está él.
¿Cómo sería una Iglesia «atraída» por el Crucificado, impulsada por el deseo de «servirle» sólo a él y ocupada en las cosas en que se ocupaba él? ¿Cómo sería una Iglesia que atrajera a la gente hacia Jesús?


Tags: queremos, ver, Jesús

Publicado por mario.web @ 8:51
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