Mi?rcoles, 31 de marzo de 2010


Socorro Becerra, hmsp
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Los grandes líderes siempre han llevado al mundo adelante, sea en el bien, sea en el mal. Podríamos señalar una lista incontable de buenos líderes como la M. Teresa de Calcuta, el Papa Juan Pablo II, Gandhi... y, otra, menos larga, de malos, y hasta nefastos líderes, como Hitler. 
Hoy es urgente que surjan buenos y grandes líderes, y los jóvenes son un potencial tremendo para ello. Dios los ha puesto en el mundo para transformarlo, sólo hace falta que cada uno descubra las capacidades que ha recibido de lo alto y se ponga a trabajar. 
Los cristianos tenemos un ejemplo extraordinario de liderazgo: Jesucristo, nuestro modelo a seguir. Él también sabía de la necesidad de formar líderes, por eso tenía su «banda» de Doce, a los cuales instruyó y les encomendó liderar las primeras comunidades cristianas.

¿Qué se necesita para ser un buen líder?

Lo primero es querer, ya que los jóvenes, cuando quieren, se hacen líderes en las diferentes circunstancias que les toca vivir. La humildad es necesaria también porque es la virtud de los realmente grandes líderes.
Se requiere cultivar la sensibilidad a las necesidades de los que no tienen voz, de los que no saben defenderse, de los que no se les respetan sus derechos, y ser generoso con los más necesitados.
Para ser un buen líder, hay que tener la disposición de siempre decir «aquí estoy», «yo voy». Esto capacita, aún cuando no se tengan las capacidades que se requieran para tal empresa. También hay que ser una persona de oración. De la vida interior del buen líder va a depender la empresa que Dios le propone. 
Se necesita ser decidido ante las injusticias, sobre todo las que se cometen contra los más indefensos. Obviamente, el buen líder es alguien que sabe amar con todas sus entrañas y donar su propia vida.
No se puede ser un buen líder si no se sabe respetar a las personas como soberanas, porque a la gente no se le manipula. El líder es alguien que motiva y anima a los demás con su buen ánimo y una sonrisa. No se deja distraer por las cosas pasajeras, sino sabe mantener su atención en las altas metas. Es creativo, tiene las mejores estrategias y lleva adelante los planes a realizar. Es abierto a todos. Tiene gran valor en sus empresas; algunas le resultan excelentes, otras no tanto, pero no se cansa de emprender.
Para el buen líder, tener valor no es ausencia de temor, sino la decisión de realizar lo que se propone. El líder no se echa para atrás ante las dificultades. Tiene claras convicciones por las que está dispuesto a morir si es necesario. Es auténtico, honesto y de carácter firme, pues éste le va ayudar en todo tiempo; trabaja con inteligencia, y con perseverancia: es ecuánime. Para ser un buen líder se debe tener conciencia de que no se sabe todo, de que cada día es una lección nueva que Dios da. Se debe ser fuerte para afrontar este mundo seductor y destructor.
Con san Pablo decimos que el joven que desea ser buen líder debe ser ejemplo en el modo de hablar y portarse, en el amor, la fe y la pureza de vida (cf. 1 Tm 4,12). Porque el líder está llamado a influir en los demás con sus palabras, con su forma de afrontar la vida o con su sola presencia; es alguien a quien se le admira, alguien que atrae a muchos a su seguimiento. 
Un buen líder nunca dice: «hazlo porque yo te lo digo». Con su estilo propio invita a hacerlo. Él no obliga a nadie a hacer lo que él quiere, y cómo él quiere, antes inspira a los otros a realizar las cosas. Los verdaderos líderes presentan propuestas y soluciones a los problemas, no se quedan con los brazos cruzados, sino que siempre meten el hombro.
¿Cómo se hace para llegar a ser un líder que a su paso por la vida vaya sembrando el bien? Los buenos líderes oran; tienen un fuerte carácter porque Dios les concede su fortaleza y la perseverancia. Este es el secreto para no cansarse: «Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos» (Ga 6, 9).
 


Tags: jóvenes, grandes, buenos, líderes

Publicado por mario.web @ 10:01
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