Mi?rcoles, 31 de marzo de 2010

Es muy propio de los humanos comentar la realidad, tantas veces sangrante y desagradable, que nos rodea, sin pararse a indagar el origen de lo que acaece a nuestro lado... Se lamentan los efectos y no se buscan las causas. A diario, los medios nos presentan en toda su crudeza los devastadores efectos del mal, presente en los individuos, las familias, la sociedad y el mundo entero. Corremos el riesgo de insensibilizarnos poco a poco, ante la avalancha de sucesos tremendos y escalofriantes de los que tenemos inmediato conocimiento. Tal vez, por un momento, hieren nuestra sensibilidad, pero al rato, los olvidamos tras conocer otros nuevos, no menos impactantes.

 

Vivimos instalados en la vorágine de la información acelerada y apenas nos queda tiempo para la reflexión personal y colectiva. Sin apenas darnos cuenta, nos vamos convirtiendo en seres superficiales, a quienes resbalan los hechos más crueles y tremendos. Una tras otra, las noticias nos asaltan en cascada incontenible, sin dejar en nosotros la menor huella. Estamos ya curados de todos los espantos. Pocas cosas -¡si hay alguna! -nos llegan a conmover profundamente. Solo se busca en la realidad sangrante que acontece, la ración de morbo, sin pararse a reflexionar ni plantearse un por que.

 

De vez en cuando, la editorial de algún diario, la intervención de un sociólogo o el comentario de un intelectual, analizan la realidad y nos sitúan en la etiología (estudio de las causas) del acontecer diario.

 

Esta bien, pero no es suficiente. Se echa de menos, sobre todo, la reflexión de “hombres de Dios “(profetas, santos, sacerdotes etc.) que hagan despertar del letargo a los demás, e inciten a elevar la mirada de la gente por encima de sus cabezas hacia la trascendencia de sus actos y de sus vidas.


Tags: letargo, mental

Publicado por mario.web @ 19:59
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios