Domingo, 04 de abril de 2010

El miedo no viene de Dios, sino del pecado. Ya Adán y Eva se escondieron de Dios en el Jardín del Edén después de su pecado, porque tuvieron miedo de Dios. Y ahora también, después del pecado, tenemos miedo de Dios. Y Satanás colabora mucho para que tengamos miedo a Dios. Pero justamente es todo lo contrario de lo que debemos hacer si pecamos, pues después del pecado no tenemos que escondernos de Dios, ya que de esta forma nos acercamos más al demonio; sino que tenemos que ir corriendo y confiados a los pies del Señor y pedirle humildemente perdón, sabiendo que Él nos espera con los brazos abiertos y las manos llenas de dones para nosotros, como hizo el padre misericordioso de la parábola con su hijo pródigo.

Si fuimos valientes para pecar, seamos valientes para ir a los pies de Dios. No le hagamos caso al diablo que quiere poseernos para su Infierno, sino confiemos en Dios, en su Bondad infinita. Y si queremos valernos de un medio más eficaz todavía, para acercarnos al Corazón de Dios, vayamos a María, ya que Dios jamás rechaza a su Madre y le concede todo lo que le pide.

No debemos tener nunca miedo, ni siquiera por las cosas que pueden suceder en el mundo, puesto que Dios siempre estará allí, y la Virgen también estará a nuestro lado y nos dará fortaleza para superar cualquier prueba. Es Satanás y todos los demonios los que nos quieren infundir miedo para así acobardarnos y hacernos inofensivos y que no realicemos todo el bien que Dios y la Virgen quieren que realicemos. No les demos el gusto y seamos valientes. Y si tenemos miedo, ofrezcámoselo a Dios y a María y pidámosles que nos lo cambien en valor y fortaleza.

Jesús también tuvo miedo en el Huerto de los Olivos, y porque conoce esa experiencia nos puede entender y ayudar eficazmente.

¡Ave María purísima!

¡Sin pecado concebida!


Tags: miedo, Dios, pecado

Publicado por mario.web @ 18:08
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