Domingo, 04 de abril de 2010

Mientras una joven maestra de escuela, hospedada por una familia, hacia un reemplazo en una pequeña aldea aislada, tuvo la oportunidad de oír el mensaje del Evangelio. Mas tarde, al enterarse del fallecimiento de la madre de ese hogar, escribió a sus antiguos amigos: «Por medio de su mama conocí el amor de Jesús, el Salvador, y luego aprendí a amarlo».

 

 

Después, al pasar por la prueba de una grave enfermedad, esa maestra aun daba testimonio de una viva fe: -Siempre siento la presencia de Dios cerca de mí, y a menudo le hablo. Leo mi Biblia. Ella me trae fuerza, consuelo, esperanza y paz del espíritu…».

 

 

Si como esta persona hemos sido puestos en contacto con la divina semilla de la Palabra de Dios, ¿recibimos también el mensaje del Evangelio? ¿Confesamos nuestra culpabilidad nuestros pecados, nuestros malos pensamientos y por la fe comprendimos el valor del sacrificio de Cristo?

 

Solo podremos llevar verdadero fruto para Dios con esta condición. "Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores". El que "persevera en ella… este será bienaventurado en lo que hace" (Santiago 1:22, 25).

 

 

Pero si hasta hoy hemos descuidado los llamados de la gracia de Dios, prestemos atención a estas solemnes palabras de la Escritura: "Dios… ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgara al mundo con justicia" (Hechos 17:30-31).


Tags: siembra, Palabra, Dios

Publicado por mario.web @ 18:21
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