Domingo, 04 de abril de 2010

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un sultán sonó que había perdido todos los dientes.

 

Después de despertar, mando a llamar a un adivino para que interpretase su sueno.

 

- ¡que desgracia mi señor! - exclamo el adivino - cada diente caído representa la perdida de un pariente de vuestra majestad.

 

- ¡que insolencia! - grito el sultán enfurecido - ¿como te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡¡Fuera de aquí!!!

 

Llamo a su guardia y ordeno que le dieran cien latigazos.

 

Mas tarde ordeno que le trajesen a otro adivino y le contó lo que había sonado.

 

Este, después de escuchar al sultán con atención, le dijo:

 

¡Excelso señor! gran felicidad os ha sido reservada. El sueno significa que sobrevivieras a todos vuestros parientes.

 

Iluminase el semblante del sultán con una gran sonrisa y ordeno le dieran cien monedas de oro.

 

Cuando este salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

 

- ¡no es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer adivino.

 

No entiendo porque al primero le pago con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

 

Recuerda bien amigo mío - respondió el segundo adivino - que todo depende de la forma en el decir.... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.

 

Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma conque debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa.

 

Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.


Tags: anécdota

Publicado por mario.web @ 18:31
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