S?bado, 24 de julio de 2010

Cuando ya ha entrado la primavera me agrada ir a la sierra, huyendo del paisaje urbano, para adentrarme en el campo, disfrutar del aire libre y de la naturaleza, y percibir al pisar la hierba fresca y natural, ese agradable aroma que suena a vida nueva. Es un tiempo tibio y hermoso que nos reconforta al contemplar la belleza de las flores. Es una ?poca en la que uno se siente feliz.
Y feliz me encontraba yo aquella ma?ana, cuando acompa?ado por Raquel, me dirig?a hacia el convento de las monjas de clausura de Santa Clara, situado en Alcal? de Henares, en la provincia de Madrid.
Raquel, era una Licenciada en Farmacia, hija de un m?dico que yo visitaba habitualmente, por motivos profesionales y que ayudaba a su padre en su consulta hospitalaria. Tendr?a por entonces unos veinte a?os. Era una persona amable, noble y sincera. Pose?a unas fuertes convicciones religiosas, que nos llevaban a mantener largas conversaciones sobre nuestro forma de ver y sentir la vida cristiana. Entre nosotros naci? una bonita amistad, carente de cualquier otra especulaci?n. Tom?bamos caf? o com?amos juntos, cuando yo viajaba hasta Alcal? de Henares, para desarrollar mi trabajo. Pasados unos a?os, contrajo matrimonio en la Iglesia de los Santos Ni?os de la ciudad Alcala?na con un m?dico del servicio hospitalario de su padre, ceremonia a la que asist?, en compa??a de Ana mi mujer. Por motivos profesionales de su marido, se traslad? a vivir a Lua Coru?a. Al principio ten?amos contacto telef?nico, pero desgraciadamente haciendo gala de la c?lebre canci?n "dicen que la distancia, es el olvido?", nuestras conversaciones, apenas exist?an.
Por su padre, el m?dico que yo visitaba, me enter? que fruto de su matrimonio, hab?an nacido dos hijos, de lo cual me alegr?.?
Han pasado casi 35 a?os cuando un d?a recib? una llamada inesperada. Se trataba de Raquel. Me dio mucha alegr?a o?r de nuevo su voz, despu?s de tanto tiempo. Quer?a verme para hablar conmigo y recordar aquellas intensas conversaciones sobre vida cristiana. Me coment? que no hab?a tenido suerte en su matrimonio y termin? separ?ndose. Su hijo mayor viv?a su mundo en California y ella con su hija Rosal?a que hab?a decidido ingresar en un convento, volvieron a casa de su padre, viudo y jubilado, para vivir con ?l.
Recorr?amos el camino que separa la casa de su padre del convento de Santa Clara, y me preguntaba como Rosal?a, una chica joven, alegre y bella, hab?a sentido la llamada de Dios para entregar su vida a la frialdad de la clausura. Que fuerza le impulsaba a comprender que le necesitaba en el interior de un convento, rompiendo con todo lo vivido hasta ese momento, cuando a El, se le puede servir en cualquier lugar.
Recuerdo que era el primer jueves de mes, d?a en que seg?n Raquel, ten?a asignado la familia para poder visitar personalmente a Rosal?a. La encontramos esper?ndonos en una peque?a sala. Madre e hija se fundieron en un fuerte abrazo, mientras yo esperaba. Le ofrec? mi mano al saludarla y ella bes? mi mejilla con dulzura. Creo recordar que sin saber porqu?, se me escaparon algunas t?midas l?grimas, al ver su cara angelical que denotaba una felicidad muy especial. Raquel apretaba fuertemente la mano de su hija mientras conversaban. Sabes mam?, que para m?, esto no es un refugio, no es una huida del mundo, sino para amar al mundo y a Dios. Estoy feliz, contenta e ilusionada. Aqu? me encuentro m?s cerca de Dios y noto su presencia a diario en cualquier lugar o circunstancia. Rezamos por todos los que est?n fuera. Por los que llevan en el coraz?n al demonio y no se dan cuenta. Por los que mueren en las carreteras, en atentados, en cat?strofes, en abortos provocados. Pedimos por los matrimonios separados. Por los hijos abandonados. En fin mam?, rezamos por todos los que no conocen o no se acuerdan de Dios.
Son? una campanilla indic?ndonos que el tiempo de visita se hab?a consumado. Antes de nuestra despedida Rosal?a nos dej? una ?ltima reflexi?n: Las tristezas y el sufrimiento forman parte de la vida. Unas vienen por nosotros y otras por los dem?s. Procurar no perder la esperanza y la alegr?a. A veces la vida os presentar? su cara amarga, que deb?is aceptar No olvid?is que navegamos entre rosas y espinas, entre dolores y alegr?as. Tener presencia de Dios y os ayudar?.
La puerta se cerr? tras de nosotros. En el camino de regreso a casa de Raquel, apenas pudimos articular palabra. Solo nos quedaba la imagen de un alma conquistada por Dios.


Publicado por mario.web @ 9:47
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