S?bado, 24 de julio de 2010

Hizo noticia, hace tiempo, la llamada de atenci?n de un buen p?rroco italiano a las j?venes de su parroquia, en una zona acomodada de la ciudad. Con sonriente iron?a, les dijo m?s o menos algo as?: "Dado que el Padre Eterno ya sabe c?mo est?n hechas, eviten entrar en la iglesia con el ombligo descubierto".

Indignadas, las madres fueron, con la espada en alto, a defender a sus fr?giles hijas. "?C?mo se permite, el moralista ?ste?" Pero no hace falta mucho seso para ver que, con una l?gica sutil, el buen cura pod?a imaginar el futuro y quer?a prevenir otro tipo de males. Pero, como demuestra hoy en d?a nuestra sociedad, rige m?s bien la l?gica del "mejor entrenadas a mostrar, que castigadas en el pudor". Despu?s de todo, muchos piensan que hablar de pudor es arriesgarse a terminar en los tiempos de las bisabuelas, aquel tiempo prehist?rico de las faldas hasta los tobillos. ?Acaso no ha sido el pudor el estandarte del moralismo, la carta virtuosa del que ve?a pecado y tentaci?n en todas partes? Mucho ha hecho mella este tipo de pensamiento.

Pero no todos piensan as?. Para muchos, el pudor sigue siendo la salvaguarda de la propia intimidad y no una existencia meramente p?blica. Seg?n esta visi?n, el pudor acompa?a siempre a la persona y su desaparici?n comporta una disminuci?n de la personalidad. Porque, ?qu? es lo que expresa el pudor? En las dos visiones arriba expuestas puede observarse un sentir com?n: el pudor es una manifestaci?n de algo ?ntimo, de lo propio de la persona; es, en definitiva, un modo de relacionarnos con los dem?s.

De hecho, creo que existe una relaci?n entre el pudor y la vanidad. Si lo que se quiere es llamar la atenci?n, se cae en el exhibicionismo. Entonces la persona se convierte en un mero objeto para llamar la atenci?n; se "cosifica". Y esto estropea toda relaci?n, porque tambi?n los que se sienten atra?dos por el exhibicionismo, se degradan. Recuerdo mucho lo que dijo una vez una modelo estadounidense en una conferencia a adolescentes sobre la castidad: "Cuando le? el pasaje evang?lico sobre el esc?ndalo a los dem?s, me di cuenta que nunca m?s deber?a vestirme de una manera en que pueda llegar a ser ocasi?n de pecado para los dem?s".

En efecto, el impudor hace que los seres humanos, evitando la "comuni?n de la piel", dejen fuera su inteligencia, su sentimiento y su responsabilidad, deteni?ndose ante el umbral de una banal superficialidad.

Creo que es obvio que esto es un riesgo real. Da testimonio de ello una sociedad que celebra cada d?a el nacimiento de nuevas familias que terminan, despu?s, en el espacio de s?lo un momento. Son relaciones que unen a las personas, deteni?ndolas s?lo en la b?squeda del reclamo exterior, de c?mo es externamente el otro, pero incapacit?ndolas a conocer la identidad verdadera de la pareja que uno ha escogido. Buscan amar, pero se equivocan en el camino. Sin un conocimiento real del otro, fuera del ?mbito meramente fisiol?gico, ser?a imposible poder llegar, posteriormente en el matrimonio, a una compenetraci?n de amor aut?ntico.

Para poder prevenir esto, es importante crear una cultura del pudor. En cierta manera, el pudor se muestra como una garant?a que defiende a los individuos de las "relaciones predatorias". Es evitar ofrecerse, para esperar a la donaci?n completa a quien ha aprendido a estimarte y a quererte verdaderamente.

Esto no coincide s?lo con los c?nones meramente est?ticos o de conveniencia, sino que se genera de la estima, crecida en el conocimiento y en el respeto rec?proco. Darse sin una gradualidad conduce a una l?gica mercenaria, en donde se nos pone en venta y, en cualquier momento, en reventa; y todo esto sin tener necesariamente la garant?a que la conquista est? motivada por el amor. Adem?s, la vida cuenta tambi?n con la realidad del sufrimiento: pobreza, enfermedad, envejecimiento, la muerte misma. S?lo aqu?l que ha aprendido el sentido del pudor podr? entender la dignidad de un cuerpo lacerado, poni?ndolo a salvo de miradas sin respeto o de pura curiosidad.

El pudor debe ser, pues, una vigilancia innata, que nos protege de miradas sin amor; de esta manera, tambi?n tutelamos nuestras ideas y convicciones morales y religiosas, para no dar pasto a quien no nos conoce o no nos respeta. Esto es un baluarte importante, no una intimidad vendida en el altar de la exhibici?n, como si manifestar la propia intimidad fuese autom?ticamente garant?a de ser amados. Uno de los mejores res?menes de lo dicho hasta ahora lo encuentro en la afirmaci?n que, en una pel?cula, le dice una supuesta actriz de pel?culas "para adultos" a su enamorado, cuando ?ste descubre su oficio "poco decoroso": ?No sabes el dolor que me da saber que sepas qui?n soy. Todo ha cambiado?.

Y sentencia con una de esas frases dignas de mostrarlas por todas las pasarelas del mundo: ?Me gustaba c?mo me mirabas antes?. De ser una persona, ha pasado a ser una cosa para el otro. De esto nos guarda el pudor. Es necesario, pues, presentarse como personas y no como cosas. Me estoy guardando para alguien que, de verdad, me va a amar. Porque en definitiva, quien bien me quiere, me mirar? bien.

Fuente: Virtudes y valores?
Autor: Juan Antonio Ruiz


Publicado por mario.web @ 19:25
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