S?bado, 24 de julio de 2010

Javier est? sentado ?en realidad es un eufemismo, pues se encuentra tirado, que resulta mucho m?s c?modo- ante el televisor, vi?ndolo todo y a la vez nada: los canales se suceden uno a otro a?n m?s r?pido que las im?genes en su mente. A su lado, un imponente tarro de ricas golosinas acompa?a su actividad sedentaria. Chocolate y crema de man? forman una combinaci?n excelente, justo lo que su est?mago le est? reclamando. La cantidad asombrosa de envolturas crea ya una peque?a alfombra. Si por cada papelito Javier recibiera diez mil d?lares figurar?a sin duda en la revista Forbes.?

-?Qu? te pasa, Javi? ?entra en escena Jessica, la hermana menor del muchacho, a quien no le preocupan tanto las cuestiones de ?tica como las de est?tica.?

Las razones de la joven educadora para apartar a su hermano de esa incontrolada ingesta pueden ser muy variadas: tal acumulaci?n de calor?as no es buena ni conveniente para su figura, adem?s le provocar? un exceso de grasa que lo cubrir? de barros y espinillas? de esa manera se encontrar?a impresentable para que lo vieran sus amigas. Y a ella le dar?a una verg?enza enorme decir que ?se bodoque es su hermano? Pero el motivo de fondo, la verdadera raz?n ?la de la ?tica- probablemente no figurar?a entre los argumentos de la sol?cita hermana. Aunque sea v?lida una dieta saludable y una alimentaci?n baja en grasas que nos libre del molesto y horrible acn? el meollo del asunto est? en algo m?s profundo. El hombre para ser feliz y ser plenamente hombre debe respetar unos l?mites. La virtud humana que modera y regula esta inclinaci?n a los excesos se llama templanza.?

Por m?s que las campa?as publicitarias nos ofrezcan con sus esl?ganes continuas invitaciones a traspasar los l?mites y a superar las barreras de lo permitido ?"Sigue tus instintos. Obedece a tu sed", por poner un ejemplo-, no est? dicho que tal postura sea la m?s conforme con la dignidad del hombre. As? como en el campo de la ciencia podemos afirmar que "lo t?cnicamente posible no es de suyo moralmente admisible" tambi?n es l?cito asegurar que no existe un nexo vinculante entre la cautivadora oferta que induce al exceso y lo ?ticamente correcto. "El hombre es libre", cierto. Pero no es m?s libre ?y por tanto tampoco es m?s hombre- cuando sus elecciones le llevan a ser esclavo de sus pasiones y de sus sentidos.?

?Esclavos en el siglo XXI? Si eso ya se acab? hace mucho? No todas las cadenas son de acero, ni se necesita estar atado para estar cautivo. Se es esclavo cuando las cosas sensibles ?ll?mense ?stas comida, diversiones, placeres- nos dominan hasta el punto de inhibir la fuerza de nuestra voluntad. Se erigen en se?ores que nos obligan a seguir nuestros impulsos sin permitirnos detenernos a pensar si aquello es necesario o si m?s bien ya nos estamos pasando??

La templanza, al igual que las otras tres virtudes morales ?prudencia, justicia y fortaleza- tienden a guardar el justo medio entre los extremos opuestos. In medio est virtus, en el medio est? la virtud. Por tanto, no es que tengamos que volvernos unos ascetas de cuidado, especie de fakires que viven en los huesos por una declarada guerra a la alimentaci?n. No. Simplemente se trata de poner voluntariamente un freno, convertirnos nosotros mismos en los gu?as de nuestra vida. Eso es humano. La templanza es una virtud humana y su ejercicio nos humaniza. Nos hace mantenernos en el plano de dignidad que nos corresponde como hombres y no permite que la seducci?n del placer nos arrastre por los suelos.?

Esta virtud tiene como objeto moderar la inclinaci?n al placer sensible ?tan natural como bueno-. El beneficio es estar por encima de las cosas, no rebajarnos a un estado inferior del que hemos sido creados por Dios. La manera de ejercitarse en ella es simple, aunque se presente costosa a nuestra naturaleza. Consiste en ir haciendo actos de desprendimiento, mortificar nuestros gustos a?n en las cosas l?citas para fortalecer la fuerza de nuestra voluntad. En ocasiones ser? comer menos de aquello que m?s nos agrada, en otras servirse m?s de lo que nos gusta menos, o tomar la sopa que qued? salada o el arroz quemado sin rechistar. Estos actos, aunque peque?os en s? nos exigen un gran dominio personal y al mismo tiempo dan vigor a nuestra alma.?

Dec?a un viejo adagio que "en la mesa y en el juego se conoce al caballero". Y aunque ya haya llovido desde su formulaci?n y hayan pasado muchas lunas, la sentencia conserva su perenne validez. La forma como nos conducimos en la mesa, as? como la mesura en nuestros gustos habla sin palabras sobre nuestro dominio y revela tambi?n la riqueza de nuestro interior. "Ninguna mesa est? bien adornada si la templanza est? ausente de ella".?

La templanza, virtud poco predicada y quiz? a?n menos practicada ?por la l?gica contradicci?n que presenta a las vigentes t?cnicas que regulan el mercado-. La soluci?n no estriba en a?adir una leyenda a letras blancas ?tan poco legible como camuflada- que nos recuerde la archiconocida frase de "Nada con exceso, todo con medida" ni aquella otra de "El abuso en el consumo de este producto puede ser nocivo para la salud", sino en cambiar la actitud con la que nos conducimos. Seamos m?s moderados y en esa misma medida seremos m?s libres, mejores hombres, m?s due?os de nosotros mismos.?


Publicado por mario.web @ 19:58
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