Mi?rcoles, 28 de julio de 2010

Parece incre?ble que el Se?or, en el Evangelio, con tan pocas palabras y con tanta sencillez, nos revele misterios tan profundos y tan sublimes. En este domingo nos habla, con una bella imagen de la vida campestre, de una de las realidades m?s hondas de nuestra vida cristiana: el misterio de nuestra inserci?n a ?l por la gracia.
"Yo soy la Vid y vosotros los sarmientos". Nuestro Se?or expuso esta alegor?a a sus ap?stoles la noche de la Ultima Cena, y con ella nos introduce a todos los cristianos en el seno de su intimidad divina. Nos est? diciendo que estamos unidos a ?l con un v?nculo tan profundo y tan vital como los sarmientos est?n unidos a la vid. El sarmiento es una parte de la vid, una especie de `emanaci?n' de la misma. Y por ambos corre la misma savia. Los sarmientos y la vid no son la misma e id?ntica realidad ?como no lo son la ra?z y el tallo, aunque forman un ?nico ?rbol?; son, m?s bien, la prolongaci?n de la vid. De esta manera, nuestra uni?n con Cristo es un bello reflejo ?pero muy lejano? de la misma vida trinitaria. Dios nos ha amado tanto que quiso hacernos part?cipes de su naturaleza divina, como nos dice san Pedro en su segunda carta (II Pe 1,4) y nos cre? para gozar de la comuni?n de vida con ?l (Gaudium et Spes, 19).
?No pod?a ser m?s ?ntima nuestra inserci?n a la persona de Cristo! Dir?a yo que es todav?a m?s profunda y vital que la uni?n que existe entre la madre y el beb? que lleva en su seno. La criatura recibe todo de la madre: sangre, alimento, calor, respiraci?n, pero el ni?o tiene que separarse de la madre en un momento dado para seguir viviendo y poder crecer y desarrollarse. M?s a?n, morir?a si permaneciera en el vientre m?s tiempo del estrictamente necesario. En cambio con los sarmientos no sucede as?, sino al rev?s: tienen que estar siempre unidos a la vid para seguir viviendo y para poder dar fruto. ?As? de total y definitiva es nuestra uni?n y dependencia de Cristo!
Pero, por supuesto que no se trata de una uni?n f?sica, sino espiritual y m?stica ?que no significa por ello menos real, como si s?lo fuera real lo que se ve o se toca?. La uni?n del amor que nos une a nuestro Se?or Jesucristo es infinitamente m?s fuerte y poderosa que la cadena m?s gruesa e irrompible del universo. ?Tan fuertes son las cadenas del amor! Pero todo ha sido por m?rito y benevolencia de Cristo hacia nosotros. Ha sido su amor gratuito y misericordioso el que nos ha comprado y redimido, a trav?s de su sangre preciosa ?como nos recuerda tambi?n el ap?stol Pedro (I Pe 1, 18-20)? y nos ha unido indisolublemente a su persona y a su misma vida. ?Qu? regalo tan incomparable!
Pero esta uni?n se puede llegar a romper por culpa nuestra, por negligencia, por ingratitud, por soberbia o por los caprichos de nuestro ego?smo y sensualidad. S?. Y en esto consiste el pecado: en rechazar la amistad de Dios y la uni?n con Cristo a la que hemos sido llamados por amor, por vocaci?n, desde toda la eternidad, desde el d?a de nuestra creaci?n y del propio bautismo. Y es que nuestro Se?or no obliga a nadie a permanecer unido a ?l. Respeta nuestra libertad y capacidad de elecci?n, tambi?n porque nos ama. Un amor por coacci?n no es amor. Nadie, ni siquiera el mismo Dios, puede obligarnos a amar a alguien contra nuestra voluntad. Ni siquiera a ?l. Nos deja en libertad para optar por ?l o para darle la espalda e ir contra ?l, si queremos. ?Qu? misterio!
?Ah! Pero eso s?: si queremos tener vida en nosotros y llevar frutos de vida eterna, necesariamente tenemos que permanecer siempre unidos a Cristo: "Como el sarmiento no puede dar fruto por s?, si no permanece en la vid, as? tampoco vosotros, si no permanec?is en m?". Las palabras de Cristo son clar?simas. Y con la imagen agr?cola que emplea el Se?or adquieren a?n m?s fuerza pl?stica. Es imposible que un sarmiento apartado de la vid d? uvas, como tampoco puede dar manzanas una rama seca, separada del ?rbol. Un sarmiento as? no sirve ya para nada, m?s que para tirarlo fuera y para hacer una hoguera. Le pasa lo mismo que a la sal que pierde su sabor (Mt 5,13); y la higuera est?ril, sin frutos, es cortada y echada al fuego para que arda (Lc 13,7).
"Yo soy la Vid ?nos dice nuestro Se?or?. Vosotros los sarmientos. El que permanece en m? y yo en ?l, ?se da mucho fruto, porque sin m? no pod?is hacer nada". Nada. ?Cu?nta necesidad tenemos de ?l para poder vivir! Mucha m?s de la que el beb? tiene de su propia madre. S?lo si permanecemos unidos a Cristo, podemos hacer algo de provecho para los dem?s y para nosotros.
Y, ?c?mo podemos permanecer unidos a Cristo? Por el amor a ?l y por la vida de gracia santificante: evitando el pecado, frecuentando los sacramentos, intensificando nuestra vida de oraci?n, procurando cumplir la sant?sima voluntad de Dios en cada jornada y practicando el precepto de la caridad.


Publicado por mario.web @ 10:25
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