Jueves, 29 de julio de 2010

?Cu?ntas veces en nuestra vida hemos visto separarse a dos personas que se aman! Y en la hora de la partida, un gesto, una fotograf?a, un objeto que pasa de una mano a otra para prolongar de alguna manera la presencia en la ausencia. Y nada m?s. El amor humano s?lo es capaz de esos s?mbolos. Pero como testimonio y ense?anza de amor, en el momento de la despedida, ?viendo Jes?s que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am? hasta el fin? (Jn 13,1).

As?, al despedirse, Nuestro Se?or Jesucristo no deja a sus amigos un s?mbolo, sino la realidad de S? mismo. Va junto al Padre, pero permanece entre nosotros. No deja un simple objeto para evocar su memoria. Bajo las especies de pan y vino est? ?l mismo realmente presente, con su cuerpo y su sangre, su alma y su divinidad.

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Juan Pablo II
Alocuci?n en Fortaleza (Brasil), 09.07.1980
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Publicado por mario.web @ 15:26
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