Lunes, 30 de agosto de 2010

Hay un programa de televisi?n que conduce la Madre Ang?lica en Estados Unidos (EWTN), en donde se relat? un episodio poco conocido de la vida Juan Pablo II.?
Es un episodio muy interesante y conmovedor. Sucede que un sacerdote norteamericano de la di?cesis de Nueva York viaj? a Roma y se dispon?a a rezar en una de las parroquias de esta ciudad. Al entrar, se encontr? con un mendigo. Despu?s de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conoc?a a aquel hombre. Grande fue su sorpresa cuando reconoci? en ese mendigo a un compa?ero del seminario, ordenado sacerdote el mismo d?a que ?l.?
Ahora, sin embargo, apenas lo reconoc?a por su descuidada apariencia y en un estado deplorable al mendigar por las calles.?
El sacerdote, tras identificarse y saludarle, escuch? de labios del mendigo c?mo hab?a perdido su fe y su vocaci?n. Ante ello qued? profundamente estremecido. Sin embargo trato de darle unas palabras de consuelo. Al d?a siguiente el sacerdote llegado de Nueva York ten?a la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podr?a saludar al final de la celebraci?n, como suele ser la costumbre.?
Al llegar su turno sinti? el impulso de arrodillarse ante el Santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compa?ero de seminario, y describi? brevemente la situaci?n al Papa.?
Un d?a despu?s, el sacerdote venido de Nueva York recibi? la invitaci?n del Vaticano para cenar con el Papa, en la que se le solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvi? a la parroquia y le coment? a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llev? a su lugar de hospedaje, le ofreci? ropa y la oportunidad de asearse. El Pont?fice, despu?s de la cena, indic? al sacerdote que lo dejara solo con el mendigo.?
Ya a solas, y le pidi? al mendigo que escuchara su confesi?n, que quer?a confesarse con ?l. El hombre, impresionado, le respondi? que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contest?: "Una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero estoy fuera de mis facultades de presb?tero", insisti? el mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el Papa.?
El hombre, rendido ante la insistencia del Papa, escuch? la confesi?n del Santo Padre y le pidi? a su vez que escuchara su propia confesi?n. Despu?s de ella llor? amargamente. Al final Juan Pablo II le pregunt? en qu? parroquia hab?a estado mendigando, y le design? asistente del p?rroco de la misma, y encargado de la atenci?n a los mendigos.?
Casi sobran comentarios de este relato que hizo p?blico el mismo sacerdote, en donde podemos aprender por lo menos dos cosas: Por un lado, el af?n insaciable del Papa por salvar a todas las almas. Al o?r hablar de un sacerdote que se hab?a alejado de Dios, quiso hacer lo posible por regresarlo.?
Y, por otro, tambi?n podemos aprender a tener esperanza en el hombre que siempre puede reconciliarse con Dios en esta vida no importando su condici?n, ni lo alejado que se halle. Imitemos ese af?n del Papa por acercar almas a Dios y, nosotros mismos, no perdamos nunca la esperanza de reconciliarnos con Dios.



Publicado por mario.web @ 10:05
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