Lunes, 30 de agosto de 2010

Recibir la santa comuni?n se ha convertido desgraciadamente para muchos cat?licos en un acto casi mec?nico, de cuya trascendencia quiz?s no llegan a percatarse del todo. Los fieles se agolpan en filas que discurren de prisa porque la comuni?n ya no se distribuye en el modo pausado en el que se hac?a antes (y se sigue haciendo cuando se celebra en el rito romano antiguo). Reciben la sagrada forma r?pidamente y como de pasada (muchas veces en la mano), sin ning?n gesto de adoraci?n, y se vuelven a sus lugares en los bancos de la iglesia, donde apenas s? pueden dar gracias porque la misa finaliza en escasos instantes m?s. Pocos son los que se quedan para continuar unos momentos en coloquio con Jes?s Sacramentado a quien se acaba de recibir y a?n esos pocos no pueden detenerse mucho cuando el templo se cierra (lo que sucede con frecuencia). S?, muchos comulgan, pero cabe la pregunta: ?lo hacen bien?
Antiguamente la comuni?n era algo extraordinario en el sentido en que no se practicaba sino raramente. El mandamiento de la Santa Madre Iglesia obliga s?lo a la comuni?n pascual (que es anual), de modo que la mayor?a de gente se contentaba con el cumplimiento del precepto. Pero ni siquiera la gente piadosa se atrev?a a ir mucho m?s a recibir la Eucarist?a y hasta se ped?a la licencia al confesor o director espiritual para comulgar con una cierta frecuencia. En la mayor parte de las misas no se contemplaba la comuni?n de los fieles, hasta el punto que aquellas en las que ?stos efectivamente comulgaban ?normalmente las misas mayores- se conoc?an tambi?n como ?misas de comuni?n?. Algunos estimaban mejor tomar la hostia consagrada fuera de la misa. Tambi?n cabe recordar que los ni?os no eran admitidos a la primera comuni?n o comuni?n solemne sino en edad tard?a. Mucho se insist?a en que para comulgar hab?a que tomar todas las precauciones para no profanar el sacramento y cometer con ello un sacrilegio, por lo cual se recomendaba acercarse al sagrado banquete cuanto menos mejor. Subyac?a a esta manera de pensar un cierto jansenismo.
Hasta que todo esto empez? a cambiar radicalmente con san P?o X, a quien justamente se llam? ?el Papa de la Eucarist?a?. Este gran pont?fice recomend? la comuni?n frecuente y rebaj? la edad a la que se pod?a recibir a Jes?s Hostia. Bastaba que el ni?o supiera distinguir el pan natural del pan eucar?stico para poder comulgar y beneficiarse as? de las innumerables gracias de las que, de otro modo, se ver?a privado. Hasta entonces se hab?a estado alejando a las criaturas de Aquel que hab?a dicho:?Dejad que los ni?os vengan a M?. Y esto era tanto m?s grave cuanto que muchas veces, esperando ?el d?a m?s bello de la vida? se perd?a la inocencia por el camino. San P?o X quiso dejar bien claro que, si bien hab?a que tener suma reverencia a la Eucarist?a, ?sta no era un fin en s? mismo, sino un medio ?divino y sublime ciertamente, pero medio? para nuestra santificaci?n. Por lo tanto, hab?a que recurrir a ?l desde la edad m?s tierna y a menudo, porque siempre estamos necesitados de mantener y aumentar la gracia. Un nuevo paso lo dio P?o XII al acortar a tres horas el tiempo de ayuno eucar?stico, que tradicionalmente era desde la medianoche y que determinaba que muchas personas se abstuvieran de comulgar por no poder estar tantas horas sin comer algo. Pablo VI redujo a?n m?s el tiempo de ayuno: a una hora. M?s facilidades no pod?an darse para comulgar.
Desgraciadamente, como se va de extremo a extremo, se fue introduciendo una mentalidad desacralizante respecto de la Eucarist?a al socaire del desorden que sigui? a la reforma lit?rgica postconciliar y a pesar de que el papa Montini, que la promulg?, insisti? en la reverencia debida al Sant?simo Sacramento (l?ase su magn?fica enc?clica Mysterium fidei de 1965). Paso por paso, se fueron eliminando todos los elementos que indicaban el esp?ritu de adoraci?n, como el arrinconamiento del sagrario y la supresi?n de la barandilla de la comuni?n y de los reclinatorios. Paralelamente, fueron introducidas novedades como la comuni?n de pie y en la mano y la distribuci?n de la comuni?n por seglares o hasta el self service (el sacerdote dejaba el cop?n en el altar y cada quien tomaba la forma con sus propias manos). Ni qu? decir tiene la de profanaciones a que estos usos dieron lugar. Ello por no hablar de las misas en las que se consagraba con materia il?cita y hasta inv?lida (galletas, bizcochos y obleas hechas de harina que no era de trigo; chicha, Coca Cola u otros refrescos que no eran del zumo de la vid). Tambi?n se podr?a considerar un hecho apuntado por alg?n sacerdote: el que en la actualidad mucha gente comulga, pero pocos se confiesan, lo que lleva a la duda de si es que hoy se es m?s santo que antes o se est?n haciendo comuniones sacr?legas.
El Santo Padre Benedicto XVI, siguiendo por el camino trazado por sus predecesores en cuanto a la Eucarist?a, ha querido dar ejemplo y ha hecho establecer por su actual ceremoniario, monse?or Guido Marini, que en las capillas papales se distribuya la comuni?n a los fieles en la boca y de rodillas. Y no es el ?nico signo de la recuperaci?n del respeto a la Eucarist?a que pretende el Papa. La centralidad de la cruz en el altar, considerado como calvario donde se consuma el Santo Sacrificio, devuelve a la Eucarist?a este aspecto obnubilado u olvidado, que es, sin embargo, el que la hace posible bajo su otro aspecto como banquete. Si no hay sacrificio, no hay v?ctima; si no hay v?ctima sacrificial, no hay comida eucar?stica. S?lo el sacrificio incruento de la misa hace que Cristo inmolado se haga realmente presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, para ser adorado y consumido en la comuni?n. As? de sencillo.
La Iglesia siempre ha recomendado unas determinadas disposiciones para acercarse a la sagrada mesa: en cuanto al cuerpo y en cuanto al alma.
En cuanto al cuerpo se requiere:
a) observar el ayuno eucar?stico (una hora como m?nimo, aunque se recomienda mantener cuando se pueda la tradici?n antigua del ayuno desde medianoche),
b) modestia en los vestidos (hombres sobrios y con la cabeza descubierta y mujeres recatadas y, a ser posible, con la cabeza cubierta) y las actitudes (no ir como quien va de juerga, sino procediendo en silencio y sin atolondramientos, con las manos juntas contra el pecho) y
c) reverencia a la hostia consagrada (arrodill?ndose o, cuando no se pueda por enfermedad, debilidad u otro impedimento, haciendo un gesto de adoraci?n).
En cuanto al alma se precisa:
a) estado de gracia (a ser posible, con confesi?n reciente),
b) pureza de intenci?n (no comulgar por pura apariencia, por mera costumbre, por no desentonar o por cualquier motivo mundano) y
c) preparaci?n conveniente (actos de fe, esperanza, caridad, contrici?n y deseo).
Despu?s de comulgar se deber?a uno detener en dar gracias (si se puede c?modamente unos diez a quince minutos). Estos momentos de intimidad con Jes?s Sacramentado son como vivir el cielo en la tierra y no se explica que se desperdicien tan a menudo mediante prisas o distracciones. Si se ha de comulgar para hacer despu?s un desaire al Divino Hu?sped del alma, m?s vale abstenerse. Y esto vale especialmente para las comuniones de los Primeros Viernes de mes en honor del Sagrado Coraz?n de Jes?s y de los Primeros S?bados de mes en honor del Inmaculado Coraz?n de Mar?a, a las que est?n ligadas tantas promesas de orden sobrenatural. Tambi?n para las comuniones reparadoras. Al dar gracias, no olvidemos tampoco lucrar todas las indulgencias que podamos a favor de nuestros difuntos. Ellos esperan mucho de nuestra caridad y es en la comuni?n eucar?stica cuando podemos ejercerla de modo especial en su favor. Tambi?n es el momento ideal para presentar a Nuestro Se?or nuestras peticiones y aspiraciones, tanto a favor de nuestros seres queridos como para nuestro propio provecho. Pidamos y se nos dar?, llamemos y se nos abrir?, busquemos y hallaremos. Jes?s no nos falla nunca.



Acto de fe
Creo, Jes?s m?o, en Vos y que est?is real y verdaderamente presente en el Sant?simo Sacramento del Altar con vuestro Cuerpo, vuestra Sangre, vuestra Alma y vuestra Divinidad. Aumentad, Se?or, mi fe y que os confiese delante de los hombres como a mi Dios y Se?or.
Acto de esperanza
Espero, Jes?s m?o, en vuestra misericordia y que al recibiros en la Santa Eucarist?a me dar?is vuestra gracia para perseverar como buen cristiano y as? alcanzar la vida eterna. Haced, Se?or, que no sea confundido.
Acto de caridad
Os amo, Jes?s m?o, que sois todo mi Bien y os dign?is venir a mi alma en la Hostia consagrada para colmarla con vuestras mercedes. Quitad, Se?or, de m? todo afecto que no se dirija hacia Vos y purificad mi intenci?n al recibiros.

Acto de contrici?n
Me arrepiento sinceramente, Jes?s m?o, de mis culpas, con las cuales os he ofendido y me he manchado miserablemente. Limpiad, Se?or, el santuario de mi alma de toda reliquia de pecado para poder recibiros dignamente.

Acto de deseo
Os deseo, Jes?s m?o, y voy a vuestro encuentro sediento de Vos, que sois la fuente que mana el agua viva que sacia el alma. Venid, Se?or, y no tard?is m?s.

A la corte celestial
Sant?sima Virgen Mar?a, Glorioso Patriarca San Jos?, San Miguel Arc?ngel, ?ngel de mi guarda, Santos Patronos y Protectores m?os y todos los bienaventurados esp?ritus celestiales y santos de Dios, interceded por m? y acompa?adme para hacer una santa y fructuosa comuni?n.


Publicado por mario.web @ 10:52
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