S?bado, 18 de septiembre de 2010


El camino mas corto
El camino mas corto
As? lo dijo San Luis Grignon de Monfort, que el camino m?s corto para llegar a Jes?s es a trav?s de la Virgen. Yo quiero darles mi propio testimonio al respecto, porque lo he vivido en forma literal, en carne propia.

Si bien hab?a tenido una educaci?n en la fe en mi infancia, sal? de la adolescencia habiendo olvidado totalmente mi religiosidad, mi espiritualidad. La enterr? bajo toneladas de vanidades mundanas, anhelos de cosas vac?as, una vida sin sentido espiritual. En este olvido de Dios transit? m?s de dos d?cadas de mi vida, hasta que llegada la barrera de los cuarenta a?os me encontr? enfrentado a una secuencia de calamidades personales, siendo la m?s conmocionarte una enfermedad que puso a riesgo o bien mi vida misma, o bien mi capacidad de una sobrevida normal.

Esta sacudida de mis cimientos me hizo circular un a?o en b?squeda de una nueva forma de vivir, de corregir lo que estaba mal en mi vida, sin advertir que era Dios quien me estaba llamando con Su sutil Palabra, a trav?s del dolor.?

Primero fue la Virgen la que hizo un ingreso fulgurante en mi realidad, sin saber siquiera yo quien era Ella. Pero en poco tiempo me enamor? perdidamente. ?Qui?n es esta mujer, esta Ni?a-Madre que me llama de este modo? No pod?a comprender como en tan poco tiempo se hab?a instalado en m? ese deseo de conocerla, de saber m?s sobre Ella. No hab?a d?a en que no se presentara ante mi alguna referencia a su existencia. Joven, buena y llena de sabidur?a, me llamaba.

De inmediato quise conocerla, empec? a buscar y leer escritos sobre Ella, a aprender de sus manifestaciones a trav?s de los siglos, a su silenciosa pero fundamental presencia en los Evangelios. Alguien me dijo, tienes que rezar y meditar. ?Pero si yo no s? hacerlo! De un d?a para el otro me encontr? rezando el Santo Rosario a diario, mientras lloraba inexplicablemente cada vez que lo hac?a. Era como liberar a?os de olvido, de desconocimiento, mientras una emoci?n interior incontenible me dec?a que si, que era eso lo que Ella quer?a.?

En estos momentos me sent?a absorbido por el amor que nac?a en m?, pero algo me dec?a que hab?a alguien m?s. Era Jes?s, un Jes?s totalmente desconocido para m?. ?Quien es aquel que quiere robarme este amor por mi Madrecita del Cielo? Un Jes?s distante, lejano, se dibujaba en el horizonte. Yo segu?a mirando a Mar?a, pero Ella segu?a hablando en cada texto, en cada oraci?n, de Jes?s.?

Entonces, como empujado por la mano de la Ni?a de Galilea, empec? a querer saber de El. Poco a poco fui viendo el Rostro del Se?or en cada rezo, en cada palabra que la Virgen pon?a en mi camino. Jes?s fue creciendo, acerc?ndose, hasta que un d?a me encontr? frente a El, a Su Estatura Divina.

Mar?a, entonces, se hizo a un lado y me dej? a solas con el Se?or. Cada oraci?n, cada lectura hizo centro en las Palabras de Jes?s, mi Jes?s. De a poco se present? a mi alma como un Hermano, luego como un Amigo, para finalmente hacerme comprender que es infinita Su Divinidad. El abrazo de Jes?s se hizo oraci?n, se hizo meditaci?n, pensamiento, deseo de conocerlo m?s y m?s. Nada quedaba de ese amor inicial por Mar?a, hab?a sido superado por el amor a Jes?s, un amor grande, redondo, completo, insuperable. Mar?a parec?a estar a cierta distancia, sonriendo feliz de haberme llevado a El. Aprend? a orar dialogando con el Se?or, compartiendo con El mis miedos y angustias, mis alegr?as y sue?os.

Pronto pude dimensionar mi amor por Jes?s, y mi amor por Mar?a, unidos indisolublemente. Ella no puede ser pensada si no es junto a El. Mi amor inicial por la Virgen encontr? su sentido, un sentido Cristoc?ntrico, perfecto. Pero estos giros de mi alma alrededor de Jes?s y Mar?a me empezaron a mostrar que hab?a algo m?s, algo que ellos compart?an, como un tesoro que Ambos abrazaban y proteg?an. Curioso por saber de que se trataba, me encontr? con la Eucarist?a, y con la Iglesia toda. Llegu? a la comprensi?n de lo que es la Iglesia por un camino espiritual, desde las suaves y firmes Palabras de Jes?s y Mar?a. Las Escrituras adquirieron sentido, cerrando este c?rculo perfecto. La Iglesia se me present? como el m?s maravilloso puente entre el Cielo y la tierra, entre esp?ritu y humanidad.

Mi amor por la Iglesia, de este modo, naci? del amor inicial por Mar?a, que me llev? a Jes?s, Quien me llev? a los Sacramentos, fundamento de la Iglesia toda. C?rculos de amor, conc?ntricos, que se fueron acercando a un maravilloso conocimiento del tesoro que albergamos, la Santa Iglesia. Iglesia que es espiritual, pero construida en la tierra. Iglesia que es hombres, pero alimentada por el Esp?ritu Santo en sus venas vigorosas. Las caras humanas de la Iglesia, que somos nosotros mismos, me parecieron entonces nada, comparadas con la realidad espiritual que la sostiene. Con s?lo pensar en Quien habita en el Sagrario, mi concepci?n de la Iglesia se torna luminosa, eterna, indestructible por m?s que el hombre se empecine,
equivocado, en da?arla.

Hoy, varios a?os por delante de aquellos momentos en que Mar?a golpe? a mi puerta, puedo ver a las claras el Plan de Dios en mi vida. Mar?a fue el puente, porque Ella se pod?a presentar a m? de modo cercano, para enamorarme. Pero la Reina de los corazones, la Estrella de la ma?ana, no se iba a detener all?. R?pida y fulgurante fue su mirada al se?alarme a Dios como mi destino, Dios que es el Padre Bueno que la Cre?, Dios que es el Esp?ritu que la alimenta, y Dios que es Su Hijo, nuestro Hermano y Salvador.

La misi?n de Mar?a se fue desenrollando ante mi como un tapiz que rueda frente a mi vista, mostr?ndome ante cada giro un poco m?s del dise?o que esconde. S?lo cuando el tapiz estuvo totalmente extendido frente a m? fue que pude ver lo que Ella vino a traerme: La Jerusal?n Celestial, que alberga a Dios Uno y Trino, junto a Santos y ?ngeles, Jerusal?n que es la Iglesia luminosa que nos llama, promesa de Reino.

La Eucarist?a, con el Rostro de Cristo en su centro, domina a esta Ciudad Maravillosa a la que somos llamados. All? hay una habitaci?n preparada para cada uno de nosotros, un espacio para vivir una eternidad de felicidad y adoraci?n. Mar?a, de este modo, se nos presenta como el camino m?s corto y simple para encontrar esa habitaci?n, pese a las innumerables dificultades que nos esperan en esta vida.

?Gloria a Dios por haber concebido un Plan tan maravilloso!


Publicado por mario.web @ 19:23
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