Mi?rcoles, 22 de septiembre de 2010

Pablo, el Pablo que admiramos y queremos tanto, avanzaba en la vida y no acababa de digerir un grave remordimiento, como lo expresa de muchas maneras en sus cartas:?
?Yo no soy digno de ser llamado ap?stol, pues persegu? a la Iglesia de Dios?(1Co 15,9)?

?Con poderes recibidos de los sumos sacerdotes, yo mismo encerr? a muchos santos en las c?rceles; y cuando se les condenaba a muerte, yo contribu?a con mi voto. Frecuentemente yo recorr?a todas las sinagogas, y, a fuerza de castigos, les obligaba a blasfemar; rebosando furor contra ellos, los persegu?a hasta las ciudades extranjeras??(Hch 26,10-11)?
?Fui un blasfemo, un perseguidor, un insolente??
(1Tm. 1,13)?

A pesar del perd?n total que le hab?a otorgado Jes?s, no olvidaba Pablo la tragedia que ?l desat? -o al menos foment?- en la Iglesia naciente, como lo vamos a ver ahora.?

Al principio, la Iglesia de Jerusal?n viv?a en una gran paz, aunque los ap?stoles fueran llevados alguna vez a la asamblea de los jud?os, el Sanedr?n, encarcelados y azotados? Pero la cosa no pasaba de ah?.?

Lucas nos describe id?licamente la vida de la primitiva Iglesia de Jerusal?n.??La multitud de los creyentes ten?a un solo coraz?n y un sola alma?. ?Todos se reun?an con un mismo esp?ritu en el Templo dentro del p?rtico de Salom?n, y el pueblo hablaba de ellos con elogio, aunque ninguno se met?a entre ellos?. ?Tambi?n una buena cantidad de sacerdotes iba aceptando la fe??(Hch 4, 5 y 6)?

Estos sacerdotes no pertenec?an a los sumos sacerdotes del Sanedr?n ni ten?an altos cargos en el Templo, sino que eran levitas sencillos, los sacerdotes de menor categor?a, los ?Pobres de Yahv? que esperaban el Reino de Dios. Y no era raro que entre los creyentes hubiera muchos fariseos de buena voluntad.?

Hasta que un d?a salt? la chispa de la iscordia entre los creyentes y no creyentes griegos venidos de la di?spora. Porque la Iglesia de Jerusal?n no estaba formada solamente por jud?os palestinos, sino por otros muchos venidos de fuera. Estos jud?os griegos o helenistas ten?an sus sinagogas propias, como los Libertos, los Alejandrinos, los Cirenenses, los de Cilicia y dem?s??

Los helenistas que hab?an abrazado la fe eran los mayores contribuyentes del crecimiento de la Iglesia, que iba ganando cada vez m?s adeptos, muy fieles a Dios, pero tambi?n muy libres respecto de las costumbres jud?as mantenidas por los escribas y fariseos.?

Uno de estos fieles helenistas era el di?cono?Esteban, gran conocedor de la Biblia, predicador elocuente, dotado por el Esp?ritu Santo con el don de milagros.

Pablo pertenec?a a la sinagoga de los jud?os griegos de Cilicia. Con sus propios ojos ve?a c?mo crec?a tan peligrosamente aquella secta de los disc?pulos de Jes?s el Nazareno, crucificado, y, por lo mismo, un maldito de Dios seg?n la Biblia (Dt 21,23), y del que dec?an que hab?a resucitado.?

Era cuesti?n de tomar cartas en el asunto, y los ojos de todos se dirigieron antes que a nadie a ese Esteban que realizaba tantos prodigios (Hch 6,8-15; 7,1-60; 8,1-3) Lo citan a discusi?n jud?os de aquellas sinagogas griegas, entre ellas la de Cilicia, la de Pablo, ?y se pusieron a discutir con Esteban; pero no eran capaces de enfrentarse a la sabidur?a y al Esp?ritu con que hablaba?.?

Los jud?os de esas sinagogas griegas, se dicen:?

- ?Qu? hacemos? Con ?ste no vamos a poder, aunque tenemos que acabar con ?l, el m?s peligroso de todos. ?Por qu? no lo llevamos al Sanedr?n?...?

- S?, ser?a lo m?s acertado. Pero hay que acudir con una acusaci?n concreta. ?Por qu? no escogemos a dos, que vayan y depongan en el proceso? Podr?an decir, por ejemplo: ?Hemos o?do a ?ste pronunciar palabras blasfemas contra Mois?s y contra Dios???

Efectivamente, as? se hizo. Amotinan primero al pueblo, el cual arrastra a Esteban hasta el Templo donde se hab?a reunido el Sanedr?n.?

?Y declararon los falsos testigos igual, igual que en aquel proceso de Jes?s ante Caif?s, el mismo sumo sacerdote que preside hoy!:?

?Este hombre no para de hablar contra el lugar santo y contra la Ley, pues le hemos o?do decir que Jes?s, ese Nazareno, destruir? este Lugar, este Templo, y cambiar? las costumbres que Mois?s nos transmiti?.?

La acusaci?n era grav?sima. Los del Sanedr?n y todos ?clavaron los ojos en Esteban y vieron su rostro como el rostro de un ?ngel?.?

El acusado improvis? el discurso de su defensa, trayendo toda la historia de Israel, pues, igual que Pablo, se sab?a la Biblia de memoria.?

Todos callaban, aunque se recom?an por dentro, pues adivinaban hacia d?nde se dirig?a.?

Y no se equivocaban. Al llegar a Jes?s, se descolg? Esteban con una terrible acusaci?n:?

??Duros de cerviz, incircuncisos de coraz?n y de o?dos! Igual que sus padres, as? son ustedes. Ellos mataron a los profetas que anunciaron la venida del Justo, de aquel que ahora ustedes han maldecido y asesinado?.?

No pod?a el Sanedr?n con su rabia al verse acusado de la muerte de Jes?s. Arman todos un barullo enorme, y llega al colmo su furor cuando Esteban, ?lleno del Esp?ritu Santo y clavando sus ojos en el cielo, declar?: ?Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios?.?

Esteban hab?a firmado su sentencia de muerte.?

Tap?ndose todos los o?dos al o?r tan horrenda blasfemia, se abalanzaron sobre el acusado, sin votar tan siquiera la condena a muerte, lo arrastraron a las afueras de la ciudad, y lo lanzaron a una peque?a hondonada.?

Era el lugar m?s apropiado para la ejecuci?n. Arrojado Esteban violentamente, y mientras a?n se manten?a en pie, or? al estilo jud?o, con los brazos en alto:?
??Se?or Jes?s, recibe mi esp?ritu!?.?

Los dos testigos principales se quitaron los mantos para obrar con m?s libertad, y los entregaron al joven que se llamaba Saulo, el cual contar? despu?s entre l?grimas:?

?Cuando se derram? la sangre del m?rtir Esteban, yo tambi?n me hallaba presente, y lo aprobaba, y guardaba los vestidos de los que le mataban??(Hch 22,20)?

El primer testigo tira la primera piedra, el otro la segunda, y a continuaci?n ca?a toda una lluvia de piedras sobre la v?ctima, que a?n dej? o?r su voz:?
??Se?or, no les tengas en cuenta este pecado!?.?

Con esta plegaria en los labios, se dorm?a aquel testigo de Jes?s, el primer m?rtir de la Iglesia.?

?Se durmi?. ?Qu? expresi?n tan bella de los fieles, recogida en los Hechos de los Ap?stoles! Nada de morir. El cristiano no muere, se duerme para despertarse otra vez??

Saulo, Pablo, no pudo medir las consecuencias de aquella muerte. Con la persecuci?n sistem?tica emprendida aquel d?a contra la Iglesia, ?sta romp?a el cors? que la encerraba en Jerusal?n, se esparci? por las regiones lim?trofes, crec?a cada d?a m?s, y la plegaria ?ltima de Esteban la recog?a Dios precisamente para convertir al perseguidor??


Publicado por mario.web @ 12:06
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