Mi?rcoles, 20 de octubre de 2010

Evangelio:?Lc 7,36-50
En aquel tiempo, un fariseo invit? a Jes?s a comer con ?l. Jes?s fue a la casa del fariseo y se sent? a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jes?s iba a comer ese d?a en casa del fariseo, tom? consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detr?s de Jes?s, y comenz? a llorar, y con sus l?grimas ba?aba sus pies; los enjug? con su cabellera, los bes? y los ungi? con el perfume. Viendo esto, el fariseo que lo hab?a invitado comenz? a pensar: ?Si este hombre fuera profeta, sabr?a qu? clase de mujer es la que lo est? tocando; sabr?a que es una pecadora?. Entonces Jes?s le dijo: ?Sim?n, tengo algo que decirte?. El fariseo contest?: ?D?melo, Maestro?. ?l le dijo: ?Dos hombres le deb?an dinero a un prestamista. Uno le deb?a quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no ten?an con qu? pagarle, les perdon? la deuda a los dos. ?Cu?l de ellos lo amar? m?s?? Sim?n le respondi?: ?Supongo que aquel a quien le perdon? m?s?. Entonces Jes?s le dijo: ?Has juzgado bien?. Luego, se?alando a la mujer, dijo a Sim?n: ??Ves a esta mujer? Entr? en tu casa y t? no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha ba?ado con sus l?grimas y me los ha enjugado con sus cabellos. T? no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entr?, no ha deja do de besar mis pies. T? no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, Yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama?. Luego le dijo a la mujer: ?Tus pecados te han quedado perdonados?. Los invitados empezaron a preguntarse a s? mismos: ??Qui?n es es?ste que hasta los pecados perdona?? Jes?s le dijo a la mujer: ?Tu fe te ha salvado; vete en paz?.

Oraci?n introductoria:
Dios m?o, antes de comenzar esta oraci?n, quiero pedirte perd?n por mis pecados e infidelidades. He pecado mucho, Se?or, pero tambi?n, quiero amarte mucho. Toma esta oraci?n en reparaci?n por mis ca?das. Am?n.

Petici?n:
Jesucristo, ay?dame. Jesucristo dame fuerzas. Jesucristo, ?en ti conf?o!

Meditaci?n:
?La Eucarist?a es, tambi?n, un modelo de vida cristiana, que debe conformar toda nuestra existencia. Cristo nos convoca para reunirnos, para constituir la Iglesia, su Cuerpo en el mundo. Para acceder a las dos mesas, la de la Palabra y la del Pan, tenemos que acoger antes el perd?n de Dios, don que nos vuelve a poner de pie en nuestro camino cotidiano, que restablece en nosotros la imagen divina y que nos muestra hasta qu? punto somos amados. Despu?s, como en el caso del fariseo Sim?n, en el Evangelio de Lucas, Jes?s nos dirige sin cesar la palabra a trav?s de la Escritura: ?tengo algo que decirte? (7, 40). En efecto, toda palabra de la Escritura es para nosotros una palabra de vida, que debemos escuchar con suma atenci?n. En particular, el Evangelio constituye el coraz?n del mensaje cristiano, la revelaci?n total de los misterios divinos. En su Hijo, la Palabra hecha carne, Dios nos lo ha dicho todo. En su Hijo, Dios nos ha revelado su rostro de Padre, un rostro de amor, de esperanza. Nos ha mostrado el camino de la felicidad y de la alegr?a? (Benedicto XVI, video mensaje a los j?venes reunidos en Quebec con motivo del Congreso Eucar?stico Internacional, junio 2008).

Reflexi?n apost?lica:
El miembro del Regnum Christi alimenta su vida cristiana y apost?lica por medio de la recepci?n de los sacramentos, particularmente de la Eucarist?a y de la Confesi?n. Acudamos a ellos con la frecuencia necesaria para acrecentar la amistad con Cristo.

Prop?sito:
Leer todos los d?as el evangelio y sacar un prop?sito para mi vida.

Di?logo con Cristo:
Se?or, la Confesi?n sacramental me ofrece tantas gracias como el perd?n de mis pecados, me da la paz y la serenidad de conciencia, incrementa mis fuerzas espirituales para el combate cristiano, me ayuda a formar mi conciencia y a luchar contra los enemigos de mi alma? quiero dejarme curar por Ti y progresar en el amor a ti. Te prometo renovar el fervor en cada una de mis confesiones y acudir a este sacramento con asiduidad.

?La riqueza de nuestra fe, que la esperanza nos permite saborear, es un mensaje que rezuma la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia y que Jesucristo resucitado nos asegura? (Cristo al centro, n. 736).

http://meditaciones.regnumchristi.org/


Publicado por mario.web @ 11:04
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