Mi?rcoles, 20 de octubre de 2010

Evangelio:?Lc 8,1-3
En aquel tiempo, Jes?s comenz? a recorrer ciudades y poblados predicando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompa?aban los Doce y algunas mujeres que hab?an sido libradas de esp?ritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban Mar?a, llamada Magdalena, de la que hab?an salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.

Oraci?n introductoria:
Jes?s, el evangelio me habla de algunas mujeres que se dejaron tocar por tu gracia y por tu amor redentor y por eso se transformaron en aut?nticas ap?stoles y en tus seguidoras valientes. Quiero, como ellas, permanecer siempre fiel a tu gracia, aun cuando se presente la sombra de la cruz.

Petici?n:
Jesucristo, conc?deme llenarme tanto de ti que pueda llevarte a todas las personas con las que me encuentre.

Meditaci?n:
?El Se?or quiere que estos testigos del Evangelio, estas figuras que dieron su contribuci?n para que creciera la fe en ?l, sean conocidas y su recuerdo siga vivo en la Iglesia. Hist?ricamente podemos distinguir el papel de las mujeres en el cristianismo primitivo, durante la vida terrena de Jes?s y durante las vicisitudes de la primera generaci?n cristiana. Ciertamente, como sabemos, Jes?s escogi? entre sus disc?pulos a doce hombres como padres del nuevo Israel, ?para que estuvieran con ?l, y para enviarlos a predicar? (Mc 3, 14-l5). Este hecho es evidente, pero, adem?s de los Doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo pueblo de Dios, fueron escogidas tambi?n muchas mujeres en el grupo de los disc?pulos (?). La historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera contado con la aportaci?n generosa de muchas mujeres (?). Tambi?n nosotros nos unimos a este aprecio, dando gracias al Se?or porque ?l gu?a a su Iglesia, de generaci?n en generaci?n, sirvi?ndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fructificar su fe? y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial, para mayor gloria de Dios? (Benedicto XVI, 14 de febrero de 2007).

Reflexi?n apost?lica:
Toda la santidad, toda la felicidad profunda y definitiva de nuestra vida como cristianos y miembros del Regnum Christi, no es m?s que el fruto sazonado de nuestra correspondencia diaria, sencilla, callada, al amor de Jesucristo.

Prop?sito:
Preguntarme el d?a de hoy qu? m?s puedo hacer para hacer fructificar mi fe y mi bautismo para el bien de la Iglesia.

Di?logo con Cristo:
Los hombres y mujeres de hoy tenemos una gran necesidad de ti. No nos abandones por nuestra incredulidad. M?ndanos muchos ap?stoles que propaguen tu mensaje de verdad y de caridad. Aqu? estoy Jes?s, m?ndame a m? tambi?n a trabajar por ti.

?La santidad a la que Dios llama por el bautismo no es otra cosa que el reproducir la fisonom?a espiritual y moral de Cristo, camino, verdad y vida? (Cristo al centro, n. 1967).

http://meditaciones.regnumchristi.org/


Publicado por mario.web @ 11:05
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