Domingo, 24 de octubre de 2010

Caminaba por el sendero de la vida, sobre una enorme monta?a cubierta de hermosos bosques y de una magn?fica diversidad de especies nativas.

Eran los tiempos de Jes?s; tiempos en que el imperio romano somet?a a gran parte de la tierra.

El entorno era precioso, aves revoloteando en su vuelo, disfrutando de la libertad que el hombre a?n no pod?a arrebatarles. Eran bosques v?rgenes, cubiertos de un delicioso aroma y de un magn?fico aire purificado. En otras palabras, era todo un para?so con el cual so?amos comunmente.

Me llam? la atenci?n la monta?a m?s alta. Hab?a all? en la cima, dos hermosos ?rboles de una enorme altura. Parec?a que sus ramas se perd?an en el cielo, sobrepasando la nubosidad del lugar. En medio de ellos hab?a un viejo ?rbol, con ramas poco frondosas y de mal aspecto. La escasa luminosidad que obten?a durante el d?a y la competencia por los nutrientes que ten?a con sus dos pares, no le permitieron alcanzar una altura digna.

Me acerqu? cautelosamente hacia ellos y pude percatarme que los dos m?s grandes discut?an.

Uno dec?a: quisiera ser tan alto para ser la envidia de todo el bosque, para que todos me rindan tributo y para observar desde aqu? las cordilleras y los mares, los desiertos y praderas, en fin, cada rinc?n del mundo. S?lo necesito un poco m?s de altura y ser? rey entre todas las especies.

El otro por su parte replicaba: yo, en unos a?os m?s cruzar? los designios de Dios, tocar? el cielo con mis propias ramas y no dejar? que ni siquiera las aves del cielo se aposenten sobre m?, pues yo soy lo m?s hermoso de la creaci?n y hasta las estrellas se postrar?n ante mi presencia.

Sin embargo, en medio de la discusi?n brot? una dulce voz que dijo: yo siempre he pensado que existe un Dios, el cual me dio la vida y que espero alg?n d?a llegar a conocer. Mi sue?o es ser algo ?til en esta vida y en la otra. Quisiera que los ni?os del mundo llegasen hasta aqu? y jugasen en mis ramas, que las aves busquen refugio, alimento y sustento entre mis copas y que cuando muera, no quede aqu? abandonado, sino que mi madera sea utilizada para una buena obra. S?lo as? podr?a darle un sentido a mi vida y ser?a tan feliz como lo he so?ado siempre.

El peque?o ?rbol que acababa de expresar sus sentimientos, se vio inmediatamente invadido por las risas y burlas de los dos enormes ?rboles que estaban a su lado. Eres un tonto le dec?an, incr?dulo y de mal aspecto. El hombre jam?s podr? llegar a este lugar y si lo hiciese, ?qui?n podr?a fijarse en ti? ?Acaso crees que existe un Dios que es m?s grande y m?s hermoso que yo? Y segu?an burl?ndose de ?l.

Pasaron unos a?os y las discusiones eran siempre las mismas. Lo ?nico diferente era que los dos grandes ?rboles estaban m?s hermosos y m?s altos, y el peque?o segu?a como siempre.

Sin embargo, en menos tiempo del que ellos esperaban, el hombre lleg? hasta la monta?a y comenz? a destrozarlo todo. Muchos de ellos se acercaron hasta los grandes ?rboles y admiraban su enorme altura y su belleza, y sin pensarlo mucho tiempo sacaron sus hachas y comenzaron a cortarlos. Sus gritos y clamores eran lamentables. Cada hachazo les provocaba enormes heridas, y aunque rogaban por sus vidas, nadie pod?a entender lo que dec?an. S?lo yo pod?a escucharlos. Pasadas unas horas ya no quedaba nada, s?lo un viejo ?rbol que a nadie le caus? inter?s.

Cierto d?a, cuando el peque?o ?rbol estaba m?s solo y m?s triste que nunca, unos ni?os se acercaron hasta ?l y comenzaron a jugar entre sus ramas. Su felicidad era enorme, y lo fue m?s a?n cuando al cabo de unos d?as vio que entre sus copas se anidaban unas hermosas aves y que sobre sus ramas secas brotaban cientos de verdes hojas. Los ni?os segu?an viniendo con frecuencia y las aves entonaban dulces cantos sobre ?l. Muy emocionado dijo: gracias mi Dios por darme tanta felicidad, ahora puedo morir tranquilo, sabiendo que he sido de utilidad para alguien, gracias nuevamente. Mientras dec?a esto y elevaba su oraci?n al Padre Bueno y Bondadoso, se percat? que un hombre lo observaba y que llevaba un hacha sobre sus hombros.

El hombre se dijo para si mismo: ?para qu? continuar hasta la otra monta?a si aqu? tengo un ?rbol que cubre las dimensiones que yo necesito? Y sin pensarlo m?s, comenz? a cortarlo.

Era el a?o 33 d.C. Mientras Jes?s sufr?a los azotes de los romanos y ped?a a Dios Padre que se haga su voluntad; cerca de all?, el viejo ?rbol daba gracias a Dios por cada hachazo que le aplicaba el le?ador. Su agon?a era de lo m?s dulce. Su fin hab?a llegado.

En cuanto a los dos grandes ?rboles, fueron destinados para madera de construcci?n, la cual fue arrumada en suelo descubierto y desprotegido por las aguas. Al cabo de unos a?os, la humedad los destruy? por completo y no sirvieron para nada. El peque?o ?rbol que crey? haber cumplido su misi?n aquel d?a de su muerte, no sab?a que el Buen Dios le hab?a destinado para un hermoso futuro. Su madera se hab?a transformado en la cruz de Jes?s.


Publicado por mario.web @ 7:45
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios