Lunes, 25 de octubre de 2010

3. La caridad pol?tica o la unidad de la fe entre lo p?blico y lo privado

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Cuidar de aquello que ata?e al bien de la comunidad, es noble oficio de pol?ticos y gobernantes, y compromiso ineludible de todo hombre de bien, que busca hacer que la sociedad, que son todos y cada uno de los que componen el pueblo, puedan disfrutar de algo tan necesario y fundamental como es el reconocimiento y garant?a de sus m?s leg?timos derechos como ciudadanos. "Caridad pol?tica" se llam? a todo esto. Es decir: noble servicio a los dem?s (Cf. Pablo VI. A la FAO, 16-11-1970).

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La fe comporta una responsabilidad, muchos compromisos y grandes lealtades. Y una incuestionable coherencia entre el pensamiento y la vida. No se pueden hacer equ?vocas distinciones entre lo p?blico y lo privado, lo religioso y lo profano, las ideas y el comportamiento. Que se ha de estar abierto a un permanente y positivo di?logo, ello no solo no supone la claudicaci?n de los propios convencimientos, sino una firme confianza en el valor de la fe que hace al hombre libre. Esta apertura llevar? al di?logo con personas diversas y concretas, a la aceptaci?n rec?proca de las diferencias, al amor e inter?s por la verdad. En ese di?logo habr? que colocarse tan lejos del sincretismo, como de la absolutizaci? n y de la condicionante rigidez de las ideolog?as.

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Tampoco se puede caer en una especie de pensamiento neutro, sin criterios ni opciones, que m?s parece repliegue ante la falta de convencimientos, o de libertad para la afirmaci?n de la verdad, que actitud receptiva para el di?logo. Nunca puede olvidar el cristiano su uni?n con Cristo y que el evangelio es siempre el punto de referencia para el pensamiento y para la conducta. La fe cristiana no es un simple humanismo, que en el hombre comienza y en el hombre termina, ni tampoco una cultura personal, m?s pendiente de la propia perfecci?n que del servicio a los dem?s. Es favor de Dios para quienes buscan sinceramente el honor de su nombre.

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En el origen de este servicio "pol?tico", de inter?s por el bien de la comunidad, est?, como es natural, el evangelio y se ha expresado, de una forma ordenada, en la doctrina social de la Iglesia, con la que se ha contribuido, y de forma admirable, entre otras cosas a la reconciliaci? n social y a la consolidaci?n de la democracia Una opini?n muy extendida y como consecuencia de un esp?ritu laicista, es la de que todo cuanto se refiere a las creencias queda dentro del ?mbito de lo estrictamente privado y que, por tanto, ni se pueden exigir a nadie una declaraci?n p?blica, ni tener que aceptar la presencia p?blica de lo religioso.

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En la Instrucci?n pastoral Orientaciones morales ante la situaci?n actual de Espa?a, la Conferencia Episcopal nos dice que "Deseamos favorecer la comuni?n eclesial en estos momentos de tanta complejidad y animar a los cat?licos a participar activamente en la vida social y p?blica manteniendo la integridad de la fe y la coherencia de la vida cristianos" (4). "En no pocos ambientes resulta dif?cil manifestarse como cristiano: parece que lo ?nico correcto y a la altura de los tiempos es hacerlo como agn?stico y partidario de un laicismo radical y excluyente. Algunos sectores pretenden excluir a los cat?licos de la vida p?blica y acelerar la implantaci?n del laicismo y del relativismo moral como ?nica mentalidad compatible con la democracia"(18).

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"Estimular a los cat?licos para que se hagan presentes en la vida p?blica y traten de influir en ella, no quiere decir que pretendamos imponer la fe ni la moral cristiana a nadie, ni que queramos inmiscuirnos en lo que no es competencia nuestra. En este asunto hay que tener en cuenta una distinci?n b?sica. La Iglesia en su conjunto, como comunidad, no tiene competencias ni atribuciones pol?ticas. Su fin es esencialmente religioso y moral. Con Jes?s y como Jes?s, anunciamos el Reino de Dios, la necesidad de la conversi?n, el perd?n de los pecados y las promesas de la vida eterna. Con su predicaci?n y el testimonio de vida de sus mejores hijos, la Iglesia ayuda tambi?n, a quien la mira con benevolencia, a discernir lo que es justo y a trabajar en favor del bien com?n.

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?ste es el magisterio reciente del Papa: "La Iglesia no es y no quiere ser un agente pol?tico. Al mismo tiempo tiene un profundo inter?s por el bien de la comunidad pol?tica, cuya alma es la justicia, y le ofrece en dos niveles su contribuci?n espec?fica. En efecto, la fe cristiana purifica la raz?n y la ayuda a ser lo que debe ser. Por consiguiente, con su doctrina social, argumentada a partir de lo que est? de acuerdo con la naturaleza de todo ser humano, la Iglesia contribuye a que se pueda reconocer eficazmente lo que es justo y, luego, tambi?n, a realizarlo" (Ib 47).

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Como nos dijo Juan Pablo II: "Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido se?alado de servir a la persona y a la sociedad- los fieles laicos de ning?n modo pueden abdicar de la participaci?n en la "pol?tica"; es decir, de la multiforme y variada acci?n econ?mica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover org?nica e institucionalmente el bien com?n" (Christifideles laici 42).

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La Iglesia debe entrar en el debate social, aportando su tradici?n moral, su sabidur?a secular y su concepci?n de hombre. As? la Iglesia se ha de comprometer con todos para descubrir lo que realmente est? en juego y los riesgos que entra?an las situaciones propuestas.

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Pastoral obrera tiene que estar con la Iglesia y hablar desde su doctrina. Sin pretender dictar la ?nica soluci?n social posible, participa en el juego del pluralismo; incitando a otras concepciones ideol?gicas y filos?ficas a intervenir en el debate y a pronunciarse en lo que para estas tiene sentido.

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Pastoral obrera ha de saber vivir en comunidades fraternas vigorosas, que comprendan su fe, en la oraci?n y en la celebraci?n, y activas en los sectores sociales m?s variados. No puede haber una comunidad cat?lica que no d? muestras, principalmente para s? misma, de ser una comunidad viva. Sin testimonio de Jesucristo, en obras y en palabras, la acci?n evangelizadora queda truncada y el apostolado fallido. La presencia de los cristianos en la sociedad, en la vida p?blica, no es una estrategia, ni una t?ctica de captaci?n de pros?litos, sino una imperiosa necesidad de la propia fe y de esa dimensi?n tan imprescindible como es la diacon?a, que en este caso podr?amos llamar compromiso social, caridad pol?tica, responsabilidad activa y cristiana en las realidades de este mundo. Solamente as? la Iglesia puede ser en el futuro fuente cre?ble de esperanza.

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La pastoral obrera tendr? que empe?arse en la promoci?n y defensa de los derechos esenciales del hombre y su fundamento cristiano; en denunciar las violaciones de esos derechos; en la participaci?n en el trabajo por el bien com?n. Siempre teniendo en cuanta que la persona y su dignidad es el primero de todos los valores humanos. Ante una tendencia a la incoherencia y un solapado farise?smo, hay que ser testigos cre?bles antes que pretender ser maestros. Es el antiguo principio de la ejemplaridad como valor pedag?gico. El testimonio adelantado, ser? como la motivaci?n m?s eficaz en el momento de la docencia. Pues, antes de hablar con las palabras, ha gritado con fuerza el comportamiento.


Publicado por mario.web @ 12:42
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