Lunes, 25 de octubre de 2010

6. Integraci?n social entre trabajadores iguales y culturas diferentes

?

Debido a la presencia entre nosotros de un n?mero muy significativo de inmigrantes de otras culturas diferentes a la nuestra, se ha hablado mucho de multiculturalidad. Lejos de ser un avance en la integraci?n, la multiculturalidad es una gran trampa que conduce a la ambig?edad y lleva a una devaluaci?n de la propia cultura, tanto de la propia del pa?s receptor como la del lugar del que llega hasta nosotros. Una cosa es la aceptaci?n de una cultura distinta y otra que se renuncie a la propia.

?

Aparte de los valores y contravalores de la globalizaci?n, lo que es evidente es el fen?meno de la movilidad, as? como el espectacular avance y desarrollo de las comunicaciones. Nuestra Iglesia es cat?lica, es decir, universal. Y no solamente en un sentido geogr?fico, sino de pertenencia participaci?n en la misma vida y misi?n de la Iglesia. Es decir, que cualquier persona cat?lica que llega hasta nosotros pertenece a nuestra comunidad con todo derecho. Los cristianos no pueden ser ajenos a la promoci?n de una cultura social y pol?tica inspirada en el Evangelio. "El compromiso social y pol?tico de los cat?licos, en efecto, nunca se ha limitado a la mera transformaci? n de las estructuras, porque est? impulsado en su base por una cultura que acoge y da raz?n de las instancias que derivan de la fe y de la moral, coloc?ndolas como fundamento y objetivo de proyectos concretos. Cuando esta conciencia falta, los mismos cat?licos se condenan a la dispersi?n cultural, empobreciendo y limitando sus propuestas. Presentar en t?rminos culturales actualizados el patrimonio de la Tradici?n cat?lica, sus valores, sus contenidos, toda la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo, es tambi?n hoy la urgencia prioritaria. La fe en Jesucristo, que se defini? a s? mismo el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6), impulsa a los cristianos a cimentarse con empe?o siempre renovado en la construcci?n de una cultura social y pol?tica inspirada" (Compendio.. ., 555).

?

7. Un di?logo imprescindible: el de trabajadores creyentes de distintas religiones

?

Ya no es una excepci?n el encontrarse, en cualquier espacio del trabajo, con creyentes de otras religiones, particularmente de musulmanes. Quiz? sea este encuentro laboral un espacio privilegiado para ese deseable di?logo de la vida entre creyentes de distinta religi?n.

?

En cuanto a la integraci?n de estos compa?eros de trabajo, no suele ser dif?cil la laboral, ya que pueden realizar ese mismo trabajo y con la misma destreza y cualificaci?n que otro trabajador. La integraci?n social resulta dif?cil, pues, con frecuencia, estos trabajadores tienden a habitar en ?mbitos propios, donde puedan seguir viviendo conforme a su propia cultura y no la del pa?s receptor. La integraci?n cultural, muy dif?cil.

?

En cuanto a la integraci?n religiosa es preferible hablar de di?logo interreligioso. En el que, aparte de superar prejuicios y aceptar al otro como quiere ?l mismo ser reconocido, hay dos puntos a considerar. Primero, que el creyente musulm?n quiere hablar de Dios con otro creyente. Segundo, no disimular la propia religi?n, pensando que as? el creyente musulm?n puede aceptarnos mejor. Se comete una falta de respeto al otro, pensando que no tiene capacidad de recibir al diferente, aparte de intentar un di?logo tan fraudulento como falso.

?

La doctrina social de la Iglesia es un buen campo para el di?logo y la comunicaci?n entre personas distintas culturas y religiones. Con el acercamiento ecum?nico y el di?logo interreligioso la Iglesia espa?ola ha tratado de buscar caminos de reconciliaci? n y de trabajo conjunto en favor de los valores m?s apreciados por el hombre. Todo ello ha exigido una generosa actitud de di?logo, de saber escuchar y ofrecer, de humildad para reconocer las lecciones que todav?a se necesitan aprender y de las cuales pueden ser nuestros maestros personas venidas de otra fe. Ni ireneismo, ni relativizaci? n, sino di?logo sincero, con la fidelidad a Jesucristo como aval y garant?a. Si en el di?logo se olvida el ofrecer sincera y humildemente la propia fe, se ofende al interlocutor, al que se le considera incapaz de admitirnos por ser diferentes, y se anula la posibilidad de la uni?n en lo distinto y propio.

?

8. Superaci?n de incompatibilidades entre trabajo y familia

?

Se ha insistido mucho en el cuidado de la familia como una de las prioridades de la pastoral de la Iglesia. No se han olvidado los cambios sociales a los que se ha visto sometida la familia, con todas las implicaciones morales, jur?dicas y educativas que ello conlleva.

?

En cualquier actividad humana, siempre es la persona el objeto de mayor inter?s. El individuo en todo su conjunto y unidad, con los distintos factores y ambientes en los que se desenvuelve. Pi?nsese, por ejemplo, en la relaci?n entre el trabajo y la familia, baj? los diversos aspectos de econom?a, estabilidad familiar, bienestar. Enemigos de esa armon?a de la persona, consigo mismo y con los dem?s, es todo cu?nto atenta a la misma dignidad del trabajo. Nunca podr? admitirse un trabajo que, en lugar de dignificar la persona, la humilla, es motivo de vejaci?n, pone en peligro la vida, la fama, la salud ps?quica, la conciencia moral. No se puede utilizar la persona del trabajador como si fuera una mercanc?a, ni someterla a la explotaci?n, ni a una eventualidad permanente.

?

El principal y casi ?nico patrimonio del trabajador es el trabajo. Es el centro de su existencia y de ?l depende la vida personal y familiar, y no solo en los aspectos econ?micos. El equilibrio personal, el bienestar familiar y social est? como supeditado a que el trabajador tenga la oportunidad de poder emplear adecuadamente sus cualidades y aptitudes, tanto intelectuales como corporales, y recibir el justo rendimiento en los bienes econ?micos que necesita para ?l y para su familia.

?

La relaci?n entre trabajo y familia es evidente y rec?proca. Un buen clima familiar favorece el estado personal del trabajador. Una situaci?n laboral justa, estable y adecuada a las capacidades del trabajador es una de las mejores ayudas que puede tener la familia.

?

El trabajo y la familia son inseparables. "Trabajo y laboriosidad condicionan a su vez todo el proceso de educaci?n dentro de la familia, precisamente por la raz?n de que cada uno "se hace hombre", entre otras cosas, mediante el trabajo, y ese hacerse hombre expresa precisamente el fin principal de todo el proceso educativo (...) La familia es, al mismo tiempo, una comunidad hecha posible gracias al trabajo y la primera escuela interior de trabajo para todo hombre" (Laborem exercens 10).

?

9. Reafirmaci?n de la justicia, de la solidaridad y de la caridad fraterna

?

Sin justicia y sin amor fraterno, la solidaridad ser?a insuficiente. El hombre no es solamente objeto de solidaridad, sino un hermano. La solidaridad es una exigencia en las relaciones sociales y una virtud moral. "No un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinaci?n firme y perseverante de empe?arse por el bien com?n; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos" (Sollicitido rei socialis 38).

?

La justicia social supera la simple visi?n legal de la justicia. El derecho de cada hombre a vivir con la dignidad que le corresponde no puede ser ni negociable, ni simple art?culo de una declaraci?n de derechos fundamentales. Ayudar al hombre a ser lo que debe ser y a vivir como tal, es obligaci?n compartida de todos.

?

"La caridad presupone y trasciende la justicia: esta ?ltima ha de complementarse con la caridad. Si la justicia es de por s? apta para servir de "?rbitro" entre los hombres en la rec?proca repartici?n de los bienes objetivos seg?n una medida adecuada, el amor en cambio, y solamente el amor (tambi?n ese amor benigno que llamamos "misericordia" ), es capaz de restituir el hombre a s? mismo" (Compendio.. ., 206).

?

10. La m?stica de la vida cristiana en el trabajo

?

En un sentido gen?rico, se entiende por m?stica todo cuanto se refiere a la relaci?n con Dios. Hay una tentaci?n particular para el hombre contempor?neo: la tentaci?n de rechazar a Dios en nombre de la propia dignidad del hombre. Como si Dios fuera un obst?culo para que el hombre pudiera alcanzar su propia y m?s aut?ntica realizaci?n humana. Esta es la gran tentaci?n y la m?s absurda coartada: pensar que olvidando a Dios se pueden resolver los problemas de la humanidad. Lo dec?a Pablo VI:

?

"Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre" (Populorum progressio 42). Ante la extensi?n del nihilismo, que rechaza cualquier motivaci?n religiosa y moral, ofrecer, no s?lo los valores del humanismo cristiano, sino en la verdadera y m?s aut?ntica iluminaci?n evang?lica. No s?lo se trata de ofrecer unos valores humanos apreciables, sino las virtudes que dimanan seg?n espiritualidad y el compromiso de las bienaventuranzas.

?

Dec?an los obispos espa?oles: "En el mundo occidental se est? produciendo una nueva oleada de ilustraci?n y de laicismo que arrastra a muchos a pensar que s?lo ser?a racionalmente v?lido lo experimentable y mensurable, o lo susceptible de ser construido por el ser humano, y que les induce a hacer de la libertad individual un valor absoluto, al que todos los dem?s tendr?an que someterse. La fe en Dios resulta as? m?s dif?cil, entre otras cosas, porque vivimos encerrados en un mundo que parece ser del todo obra humana y no nos ayuda a descubrir la presencia y la bondad de Dios Creador y Padre.

?

Una determinada cultura moderna, que pretend?a engrandecer al hombre, coloc?ndolo en el centro de todo, termina parad?jicamente por reducirlo a un mero fruto del azar, impersonal, ef?mero y, en definitiva, irracional: una nueva expresi?n del nihilismo. Sin referencias al verdadero Absoluto, la ?tica queda reducida a algo relativo y mudable, sin fundamento suficiente, ni consecuencias personales y sociales determinantes. Todo ello comporta una ruptura con las tradiciones religiosas y no responde a las grandes cuestiones que mueven al ser humano" (Orientaciones morales..., 12).

?

Me permito repetir aqu? lo que ya en otras ocasiones he propuesto como respuesta a esta situaci?n que nos preocupa:

?

Contra la tentaci?n de ineficacia: Aceptar el evangelio como levadura eficaz, con virtud m?s que suficiente, para transformar el mundo. No tenemos otra sabidur?a, ni otra fuerza. Anunciamos a Jesucristo. Con este convencimiento nos curaremos de esa extra?a vanidad de querer descubrir en las a?adiduras lo que se tiene, y olvida, en el reinado de Dios.

?

Ante la indiferencia: Aceptarse como cristiano y actuar en coherencia con la fe recibida. Asumiendo el gozo y la responsabilidad que ello supone. Tan lejos del orgullo y el desprecio a los que viven de otra manera, como de una actitud rayando en lo vergonzante y jugando al disimulo.

?

Ante la autosuficiencia: Tener en cuenta los intereses y derechos de Dios. Es la necesidad de salir de uno mismo y tener bien clara la fuente de criterios y los puntos de referencia. Dios tiene derecho a que le creamos. Dios quiere ayudar al hombre. En este convencimiento, el hombre se esfuerza por salir de si mismo y adquiere una libertad nueva: la de los hijos de Dios.

?

Ante el pragmatismo: No ahogar el Esp?ritu, sucumbiendo ante el alud de cavilaciones, dudas, ambig?edades, esperando el d?a perfecto de una sociedad imposible. Dejarse llevar por el Esp?ritu de Dios es gustar la libertad presente en el conocimiento de que, m?s all? de cualquier duda, est? la bondad de Dios como garant?a para encontrar la verdad.

?

?

* ?* ?* ?* ?*

?

?

?Qu? espera la Iglesia de pastoral obrera? ?Qu? espera pastoral obrera de la Iglesia? La pastoral obrera no es algo ajeno o colateral en la vida de la Iglesia. Es una forma de vivir en cristiano y de evangelizar en el mundo del trabajo.

?

En este momento, nos parece que la pastoral obrera ha de tener en cuenta algunas l?neas de acci?n prioritarias y que hemos se?alado en algunas propuestas:

?

1. Una pastoral de la Iglesia y desde la Iglesia para una sociedad laboral globalizada.

2. Una tarea imprescindible: la formaci?n adecuada para una pastoral cristiana en el mundo del trabajo.

3. La caridad pol?tica o la unidad de la fe entre lo p?blico y lo privado.

4. Asumir con actitud positiva los retos una sana laicidad como garant?a para la libertad religiosa.

5. La subsidiaridad y la corresponsabilidad como valores imprescindibles.

6. Integraci?n social entre trabajadores iguales y culturas diferentes.

7. Un di?logo imprescindible: el de trabajadores creyentes de distintas religiones.

8. Superaci?n de incompatibilidades entre trabajo y familia.

9. Reafirmaci?n de la justicia, de la solidaridad y de la caridad fraterna.

10. La m?stica de la vida cristiana en el trabajo.

?

?

M?laga, 27 de enero de 2007

?

?


Arzobispado de Sevilla
Pza. Virgen de los Reyes s/n.
41004 Sevilla


Publicado por mario.web @ 12:44
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios