Jueves, 28 de octubre de 2010

Esper? y esper?, y Morgan nunca regres?.

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Los ojos de Will se llenaron de l?grimas. Estas brotaron y rodaron por sus mejillas, mientras entre sollozos contaba la historia a su padre.

Ya el se sentia como un ?adulto? de cuatro a?os, no queria llorar, pero no pudo contenerse.

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-Esta bien que llores, Will -respondi? su padre-. Cu?ntame que ocurri?.

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Con un gran suspiro, Will continu?:

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- Se que no debo pasar al fondo del edificio.

Morgan jugaba conmigo.

El dijo que queria ir a la piscina y que regresaria.

Esper? y esper?, pero nunca regres? a jugar conmigo.

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Con un latigazo en su pecho, el padre de Will se arrodillo y le tomo en sus brazos. Mientras Will se desahogaba contra su pecho, el llanto aminoraba y su padre dijo:

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-Will, estoy orgulloso de ti.

Cuando estamos juntos me obedeces, eso me hace feliz; pero nada se compara al bienestar que experiment? si haces lo correcto incluso si estoy ausente.

Gracias. Te amo mucho, mi peque?o hombrecito.

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Las l?grimas pronto se enjugaron y Will continu? su juego.

Su herido coraz?n percibio un b?lsamo; las cosas estuvieron mejor por causa del amor y la seguridad que recibi? de su padre.

De hecho, el irradi? felicidad cuando su progenitor se enorgulleci? de ?l.

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Dios el Padre es comparable a eso.

El se conmueve por el dolor que sus hijos se causan entre si y su coraz?n rebosa de gozo cuando obedecemos simplemente porque es lo correcto.

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Mateo 3:17

Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.


Publicado por mario.web @ 9:17
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