Domingo, 14 de noviembre de 2010

1. La experiencia de los evangelizadores es fundamental para que los tales puedan predicar la Palabra de Dios eficientemente.

Hace muchos a?os conoc? a un sacerdote que reuni? a un grupo de adolescentes en torno suyo y comenz? a prepararlos convenientemente para confirmarlos. Aunque al principio al buen predicador las reuniones con dichos adolescentes le eran muy provechosas porque los tales le escuchaban con agrado, a partir del segundo mes de reuniones, los j?venes empezaron a tener dificultad para concentrarse en la escucha de las charlas de su sacerdote, porque el mismo no lograba penetrar en sus corazones el Evangelio. Por su parte, el buen predicador, en vez de rendirse, empez? a evangelizar a los adolescentes utilizando canciones religiosas que, aunque eran m?s lentas que la m?sica que ellos escuchaban, el p?rroco pens? que pod?an resultarles atractivas a sus j?venes oyentes, lo cual no fue cierto.
Cuando el sacerdote volvi? a fracasar en su segundo intento de evangelizar a los j?venes, se dijo: "Les he hablado a estos ni?os de Dios y de la Iglesia utilizando historias y s?miles f?ciles de aprender para que puedan retener mejor la Palabra de Dios, y les he buscado una m?sica m?s o menos acorde con su edad y sus gustos, y no se dejan evangelizar porque no les da la gana creer en Dios". El buen sacerdote vio impotente c?mo se disolvi? su grupo de adolescentes porque los mismos se dividieron en dos bandos y se pelearon unos con otros.
Muchos predicadores fracasan en sus intentos de evangelizar a sus oyentes o lectores porque se dirigen a los mismos como si ellos hubieran sido creyentes ejemplares durante toda su vida y como si los tales hubiesen de obedecerlos porque son los due?os absolutos de la verdad. Es importante que pensemos que el hecho de amenazar a nuestros oyentes con la idea de que van a ser excomulgados gracias a Dios que no funciona, porque ellos conocen perfectamente su libertad para decidir sobre lo que quieren hacer con su vida, y porque para nosotros mismos es m?s agradable buscar la forma de acercarnos a ellos, no para hacerlos sufrir y dominarlos por la fuerza, sino para establecer relaciones de amistad y/o de hermandad.
El abogado estadounidense Darrow Clarence afirm?: "La primera parte de nuestra vida es arruinada por nuestros padres, y la segunda por nuestros hijos". Igualmente, al predicar el Evangelio, podemos arruinarnos la vida pensando que somos grandes pecadores o ejemplos de fe insuperables, y les podemos amargar la vida a nuestros oyentes o lectores, haci?ndoles creer que son pecadores irremediables.
Jes?s, en el Evangelio de hoy (LC. 4, 21-30), explica en la Sinagoga de Nazaret c?mo Dios en el pasado se compadeci? de dos paganos en vez de favorecer a dos miembros del pueblo de los hebreos, lo cual enfureci? en gran manera a los jud?os que pensaban que, dado que sus antepasados fueron los primeros habitantes del mundo que conocieron a Yahveh, ellos eran los ?nicos merecedores de ser favorecidos por nuestro Padre com?n.
Otro gran ejemplo de soberbia lo vemos en la par?bola del hijo pr?digo (CF. LC. 15, 11-32). El hijo mayor del protagonista del citado relato obedec?a a su padre, pero no se somet?a a este por amor, sino ambicionando la posibilidad de adue?arse de todas las posesiones del mismo.
Por su parte, San Pablo, en la segunda lectura correspondiente a la Eucarist?a que estamos celebrando, nos recuerda que debemos vivir inspirados en el ejemplo que nos dio nuestro Se?or Jesucristo, para lo cu?l nos dice con respecto al amor algo que deber?amos recordar siempre:
"El amor es comprensivo y servicial: el amor nada sabe de envidias, de jactancias, ni de orgullos. No es grosero, no es ego?sta, no pierde los estribos, no es rencoroso. Lejos de alegrarse de la injusticia, encuentra su gozo en la verdad. Disculpa sin l?mites, conf?a sin l?mites, espera sin l?mites, soporta sin l?mites. El amor nunca muere" (1 COR. 13, 4-8a).
A quienes son exigentes con quienes les predican la Palabra de Dios, y a quienes pretenden que quienes les rodean se adapten a ellos en todos los aspectos de la vida, se les presentan en las lecturas de hoy tres ejemplos de humildad dignos de ser imitados, porque los tales se adaptan al cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre com?n.
-Jerem?as, en la primera lectura, a pesar de que se siente incapaz de cumplir la dif?cil misi?n que Dios le encomienda de ser un signo de contradicci?n para sus hermanos de raza, da el paso decisivo para cumplir la voluntad de nuestro Creador a pesar de sus muchas dudas y del miedo que lo caracteriza, pues, si el Todopoderoso le ha encomendado que lleve a cabo una determinada misi?n, tambi?n le procurar? la forma de cumplir la misma.
""Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos t?rminos: Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conoc?a, y antes que nacieses, te ten?a consagrado: yo profeta de las naciones te constitu?... Por tu parte, te apretar?s la cintura, te alzar?s y les dir?s todo lo que yo te mande. No desmayes ante ellos, y no te har? yo desmayar ante ellos; pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, as? se trate de los reyes de Jud? como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra. TE har?n la guerra, mas no podr?n contigo, pues contigo estoy yo -or?culo de Yahveh- para salvarte" (JER. 1, 4-5. 17-19).
-En la segunda lectura, San Pablo, un gran Santo que sobrevivi? a calamidades aterradoras con tal de no renunciar a la fe cristiana que profesaba, con su himno de la grandeza del amor, nos demuestra la clase de cristianos que debemos ser, pues el citado Ap?stol de nuestro Se?or, nos dice:
"DE toda suerte de pruebas puedo salir airoso, porque Cristo me da las fuerzas" (FLP. 4, 13).
-En el Evangelio, volvemos a recordar un conocido relato de lo que le sucedi? a nuestro Se?or cuando regres? a Nazaret despu?s de empezar su Ministerio p?blico, en el que constatamos, -una vez m?s-, c?mo el Mes?as hizo acopio de su fe y humildad, en el d?a en el que sus convecinos lo llevaron a la cima de un monte con el fin de asesinarlo.
A pesar del sufrimiento que caracteriz? la vida del Hijo de Mar?a, nuestro Se?or dijo en cierta ocasi?n:
?Venid a m? todos los que est?is fatigados y sobrecargados, y yo os dar? descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de m?, que soy manso y humilde de coraz?n; y hallar?is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera." (MT. 11, 28-30).
Si bien los predicadores tenemos que ser respetuosos con quienes no comparten nuestras creencias, debemos defender nuestros valores, as? pues, -a modo de ejemplo-, no debemos apoyar la pr?ctica del aborto con tal de ganarnos la confianza de nuestros oyentes, pues el derecho que los no nacidos tienen a vivir no les debe ser negado en ning?n momento ni siquiera de palabra.
Jes?s nos dice c?mo quiere que seamos sus seguidores:
""Mirad que yo os env?o como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas"" (MT. 10, 16).
-DE la misma manera que las serpientes se arrastran por el suelo, Jes?s quiere que los que creemos en ?l tengamos los pies firmemente apoyados sobre la tierra, lo cual se traduce en que evitemos el hecho de vivir ?nicamente mirando al cielo, para que as? no nos olvidemos de nuestros deberes terrenales.
-De la misma manera que las serpientes no se caen porque est?n apoyadas en la tierra, los cristianos debemos mantenernos firmemente unidos a la Iglesia y no debemos de dejar de ejercitar la fe que nos caracteriza, para evitar el hecho de sucumbir bajo los efectos del pecado.
-De la misma forma que las serpientes carecen de brazos, evitemos el hecho de utilizar los nuestros para apegarnos a las vanidades, la sensualidad y los respetos humanos cuya finalidad consiste en alejarnos de Dios, de la Iglesia y de nuestros hermanos los hombres.
-As? como las palomas pueden volar, nuestro coraz?n debe aspirar al hecho de alcanzar el cumplimiento de las promesas divinas que aguardamos.
-Ya que antiguamente las palomas eran utilizadas para enviar mensajes de un lugar a otro, dichas aves son s?mbolos de los cristianos que tenemos la vocaci?n de predicar la Palabra de Dios con nuestro ejemplo de fieles disc?pulos de Jes?s y con las palabras que nos inspire el Esp?ritu Santo.
"Conozcamos, corramos al conocimiento de Yahveh;
cierta como la aurora es su salida;
vendr? a nosotros como la lluvia temprana,
como la lluvia tard?a que riega la tierra" (OS. 6, 3).

2. ?Qu? era la justicia seg?n los autores de la Biblia, y c?mo quiere Dios que ejercitemos la misma?

Para los hebreos la justicia no consist?a en adjudicarle a cada miembro de la sociedad lo que le pertenec?a, pues la misma ?nicamente era sin?nimo de fe. Bajo esta ?ptica, no ha de extra?arnos el hecho de que los grandes personajes mencionados en las Sagradas Escrituras por su buen ejemplo sean considerados justos por causa de la fe que le profesaron a nuestro Padre com?n.
En nuestro tiempo, aunque no estamos en contra de la veracidad de la definici?n b?blica de la justicia, ampar?ndonos en muchos textos b?blicos, consideramos que, quienes tenemos fe en Dios, no podemos dejar de hacer el bien, no para salvarnos, sino para que la citada virtud no sea reducida en nuestros corazones a un mero acto teatral.
En la Biblia, leemos:
"As? dice Yahveh:
No se alabe el sabio por su sabidur?a,
ni se alabe el valiente por su valent?a,
ni se alabe el rico por su riqueza;
mas en esto se alabe quien se alabare:
en tener seso y conocerme,
porque yo soy Yahveh, que hago merced,
derecho y justicia sobre la tierra,
porque en eso me complazco
-or?culo de Yahveh-.
He aqu? que vienen d?as -or?culo de Yahveh- en que he de
visitar a todo circuncidado que s?lo lo sea en su carne" (JER. 9, 22-24).
De la misma manera que Dios visit? a todos los hebreos que circuncidaron su carne y no su coraz?n, tambi?n juzgar? a quienes se bautizaron y s?lo fueron cristianos de palabra, y no hicieron obras dignas de los hijos de nuestro Padre com?n.
El Creador les dice a los creyentes que aman excesivamente las riquezas y se olvidan de demostrar c?mo aman a Dios ayudando a los m?s pobres y d?biles del mundo a vencer sus dificultades:
"Yo detesto, desprecio vuestras fiestas,
no me gusta el olor de vuestras reuniones solemnes.
Si me ofrec?is holocaustos. ..
no me complazco en vuestras oblaciones,
ni miro a vuestros sacrificios de comuni?n de novillos cebados.
Aparta de mi lado la multitud de tus canciones,
?no quiero o?r la salmodia de tus arpas!
?Que fluya, s?, el juicio como agua
y la justicia como arroyo perenne!" (AM. 5, 22-24).
Concluyamos esta meditaci?n reflexionando en oraci?n el siguiente vers?culo del profeta Miqueas:
"-?Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno,
lo que Yahveh de ti reclama:
tan s?lo practicar la equidad,
amar la piedad
y caminar humildemente con tu Dios."" (MI. 6, 8).


Publicado por mario.web @ 0:10
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